Entrevista

"La estadística que vale no es la del SAS, sino la del paciente en la consulta"

Cree que la Atención primaria es la mayor víctima de los recortes en sanidad, y opina que la demora cero y la falta de sustituciones son un cóctel explosivo que puede generar muchos problemas

28.09.2015 | 05:00
Fermín Parrondo ha defendido durante tres décadas a los médicos de la provincia, a los que, asegura, deja "en muy buenas manos".

Fermín Parrondo, expresidente del Sindicato Médico de Málaga Su especialidad es la anestesología, una rama que le ha permitido visitar los quirófanos privados de toda Málaga, aunque los que mejor conoce son los de Carlos Haya, donde tiene su plaza. Este sindicalista convencido llegó a hacer una huelga de hambre por pelear por sus trabajadores, aunque afirma que la experiencia le ha enseñado que se consiguen más derechos con diálogos que con pancartas. Critica las listas de espera de Andalucía y sigue sorprendiéndole que la Junta maquille los números «en democracia.

Tras treinta y dos años al frente del Sindicato Médico de Málaga abandona el cargo para dedicarse a su familia y a su jubilación, que espera para el próximo verano. Cree que el sindicalismo sanitario ha cambiado mucho en tres décadas, tanto como la sanidad, que observa ahora desde la barrera como una perjudicada más de la crisis y de medidas politizadas. Lamenta irse de la presidencia sin ver la apertura del Chare del Guadalhorce, del nuevo Hospital de Ronda o de la ampliación del Costa del Sol. Pero, por encima de todo, lamenta que la Administración se haya cebado con los sanitarios, profesionales que salvan al sistema de los envites de su más o menos acertada gestión.

Tras más de treinta años al frente del Sindicato Médico deja la presidencia. ¿Cansancio o renovación?
Bueno, dejo la presidencia desde el punto de vista biológico. La edad me obligaba y la jubilación, que será en junio, también. Si hubiera seguido después lo médicos no me habrían visto como parte integrante de quiénes sufren los problemas, así que he dejado un tiempo de transición y de solapamiento para hacer una transmisión tranquila de poderes y quedarme de asesor. Voy a seguir como colaborador.

¿Qué ha cambiado desde los años 80 hasta ahora en la sanidad pública?
Ha habido un cambio de tecnología increíble. También ha habido un retraso respecto a la primera reforma de la atención primaria, estamos volviendo a ver a enfermos como churros perdiendo programas educacionales y de residencia, viendo números cada cinco minutos y perdiendo la calidad con la que la reforma le dio al sistema un gran impulso. A nivel general ha habido tres grandes hitos del sindicalismo: el decreto 3/87 de retribuciones que unificó la retribuciones médicas, en el 95 el decreto de la carrera profesional y de exenciones de guardias para mayores y embarazadas y en 2006 las implantaciones del estatuto marco y la adaptación a Europa. El acuerdo de 2006-2008 ha ido retrocediendo por los recortes y las situaciones de temporalidad y ahora estamos en fase de adaptación, de volver a recuperar lo perdido en estabilidad, retribuciones y carreras profesionales. Esta es la tarea que queda a las generaciones futuras.

Ha convocado huelgas, concentraciones y, hace doce años, hizo una huelga de hambre. ¿Cómo ve a los sindicatos de la rama sanitaria ahora?
En la actualidad los veo más proclives a las negociaciones que a las movilizaciones, o al menos yo lo siento así. Fruto de los años y de la experiencia de que las movilizaciones y los enfrentamientos con la Administración he visto que esto difícilmente te ayuda a conseguir derechos. El apoyo y el seguimiento no era suficiente para hacer presión, si se lograba que negociara luego no transmitía en los BOJA o BOE el espíritu de la negociación y cambiaba los condicionantes y daba lugar a interpretaciones dudosas. Lugo ya iban modificando todo y a los 4 años se volvía a la situación inicial y había que convocarlo todo otra vez. Tenía una temporalidad de que cada cinco o 7 años había una nueva movilización. Uno de los momentos más duros que viví fue la huelga de hambre porque entendíamos injusto que si el sindicato no firmaba una propuesta de acuerdo y le excluía de la mesa de seguimiento no tenía sentido. Ese fue el motivo, era un motivo de derecho fundamental, fue una huelga no seguida por nadie, y a los 23 días ante la escasez de resultados hubo que dejarla. Me pilló mayor y cansado, salí desmotivado y desde entonces me venía replanteando esto y buscaba un equipo que fuera capaz de superarnos ampliamente. Por eso hemos buscado a gente nueva con ganas de empuje, que estuvieran en eso de las nuevas tecnologías y que supieran a dónde dirigirse. Ya en las últimas elecciones vimos un aumento de la afiliación, de demandas y de hechos que me estaban demostrando que yo ya era un hombre cansado. Estoy contentísimo, en poco tiempo han demostrado superarnos en capacidad de trabajo, en técnica y en juventud.

¿Cuáles cree que han sido, a su juicio, las medidas más desacertadas del SAS en los últimos años?
Las que menos me han gustado han sido la falta de estabilidad en el empleo a consecuencia del exceso de la oferta y del número de médicos desempleados, que ha hecho que la Administración haga contratos basura. Creo que es poco sensible a las necesidades de los médicos y de la población, teniendo a médicos en precario y sin cubrir plazas, además de que la Atención Primaria no funciona.

Fue especialmente beligerante con aplicación de las 37,5 horas impuestas por el Gobierno, y Salud no ha reculado. ¿Cree que podría haberse hecho mejor?
Claro, podía haberlo hecho mejor porque la aplicación para la administración sanitaria sólo ha tenido un objetivo: el ahorro económico. No ha querido un aumento de la productividad, solo ha querido ahorrar dinero, de manera que la primera respuesta fue que, quien no la quisiera, se redujera un 6% el sueldo.

Pero no puede ser que una ley estatal no se aplique según la normativa de media hora más diaria, es que no les interesaba, sólo producir un ahorro. La aplicación para el SAS sólo ha tenido un objetivo: ahorrar dinero, no aumentar la productividad como quiso la administración central.

Siempre ha defendido que el sistema se sostenía gracias a la profesionalidad de los sanitarios. ¿Cómo los ve?
Es obvio que los sistemas funcionan por sus sanitarios, pero porque al tratarse de salud por fuerza hay que llevarlo bien. Se ha producido una desmotivación enorme de los profesionales y están a no complicarse la vida con demandas o mala praxis, están desmotivados, no tienen espíritu positivo y a los dos o tres años están quemados. Les piden que trabajen rápido, que receten genéricos, que den altas prematuras en cirugía mayor ambulatoria, además de los problemas en la consulta. El profesional está altamente desmotivado y es malo entrar en este círculo vicioso.

La mayoría de los profesionales denuncian sobrecarga y estrés. ¿Qué peligros cree que puede entrañar este tipo de sensaciones?
La sensación subjetiva que recae sobre el profesional es de inquietud, incomodidad... Saber que la sobrecarga puede llevarles a cometer errores, que las pruebas llegan tarde y que, por tanto, el diagnóstico sea peor de lo esperado por ser seis meses más tarde... Todo esto genera disconformidad, todos queremos hacer las cosas bien pero esa sobrecarga hace que haya cosas que se escapan. En funciones administrativos un error se puede arreglar al día siguiente pero en sanidad no. No es lo mismo diagnosticar un cáncer en un estadio precoz que en uno avanzado.

Málaga es la última provincia en camas públicas. ¿Cree que esta provincia está olvidada?
Es cierto que es la última, quizás se debe a que Málaga tiene más conciertos con la medicina privada. Se ha planificado mal la infraestructura sanitaria porque está todo concentrado en los dos grandes hospitales de la capital. Las causas pueden ser que se haya tirado de la medicina privada o de muchos conciertos con privados, pero prescindir de la medicina privada también sería a priori un desacierto porque aligera determinadas patologías... Que falten camas públicas no quiere decir que no se hagan servicios.

Las listas de espera también colocan a la provincia en el último lugar y, a pesar de eso, ustedes denuncian maquillaje en las cifras...
El tema de las listas de espera es algo que a nosotros en democracia nos clama al cielo. No puede decir la Administración que hay 90 días de máximo en la lista cuando hay asociaciones de pacientes que dicen que esperan un año y medio. Cuando uno pide datos y no se dan, o se ve que hay formas de maquillar y luego los pacientes dicen otra cosa se evidencia que algo hay. La estadística que me vale es la que cuenta el paciente en consulta o antes de dormirlo.

El Hospital de Ronda, el Costa del Sol o el Chare. ¿Es la falta de presupuesto el único motivo para que estos centros no abran?
El de Ronda es que no sé qué pasa con el, el antiguo esta casi tercermundista y hace cuatro años se podía haber abierto, no se cuál es la razón y lo del chare del Guadalhorce... Pensar que unas urgencias y unas consultas que atenderán a un comarca entera no estén abiertas porque no se ponen de acuerdo en quién paga la luz me hace pensar en falta de voluntad o incapacidad. Quizás es que la Administración no se esfuerza porque cree que todo está bien, pero requiere un esfuerzo en gestión para que los tres hospitales vayan para adelante.

¿Y el Tercer Hospital?
Creo que ni el Tercer Hospital necesario para la zona Este ni el Macrohospital serán una realidad. Aunque hubiera voluntad política antes de diez años no lo veríamos. El Macrohospital lo apoyaron los sindicatos de clase, no sé a cambio de qué contrapartida.

Una de las medidas que criticaron fue la fusión interhospitalaria.
Ya parece decidido que no tiene sentido, en muchos hospitales ya están desfusionando lo fusionado, es difícil trabajar con distintas jefaturas de servicio.. La fusión no puede ser, otra cosa son las coordinaciones de patologías, la fusión con un sólo jefe y la estructura administrativa , para ello habría que cambiar la filosofía sanitaria, la experiencia ha demostrado que no funciona.

¿Están los recortes en sanidad perjudicando a los pacientes?
Yo creo que sí, se está perjudicando a los pacientes en tanto en cuanto las listas de espera están disparadas. En Primaria no hay programas de salud, y vemos que todo eso repercute a nivel hospitalario, hay presión para dar altas cuanto antes, se esta intentando hacer para ocupar pocas camas. Una vez que al paciente se le atiende, se le atiende bien, otra cosa es el retraso. Pero en sanidad llegar tarde a un diagnóstico es un drama.

Han alentado a una segunda reforma de atención primaria, junto al Colegio de Médicos. ¿Qué es peor, la demora cero o que no se sustituya a profesionales?
Es una mezcla muy mala. La demora cero es no saber de qué tiempo dispone el profesional. No puedes ponerte con otras programas ni dedicarle tiempo a la atención domiciliaria. La no sustitución de los profesionales es un desastre porque los pacientes no se atienden bien, hoy por un médico, mañana por otro... No conoce a los pacientes, no hay una relación médico-enfermo fluida, estamos desconcertados, y eso en medicina primaria es fundamental. Diría que es un cóctel explosivo que puede generar muchos problemas.

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