Análisis

Buenos tiempos, malos tiempos en Podemos

Hoy arranca un debate que determina el porvenir del partido en Málaga y al que se llega con una militancia dinamitada

04.10.2015 | 12:28

La figura de José Vargas ha sufrido la perdida de confianza de la mayoría de los círculos - La lucha por cargos está generando conflictos

­Primero la buena noticia: desde que Podemos hizo su irrupción, la política en este país es evidentemente más emocionante y turbadora de lo que lo fue antes de que Pablo Iglesias, su carismático líder, levantara la voz para asegurar que el actual equipo de Gobierno estaba integrado por un buen puñado de «inútiles» y que «había que echarlos a todos». Desde entonces, ha pasado ya más de un año y los acontecimientos en torno a Podemos se han ido produciendo de manera vertiginosa. Desde la base de operaciones inicial, la Universidad Complutense de Madrid, y con un discurso dirigido directamente al corazón de todos los indignados, que no son pocos en un país que ha asistido en los últimos años de crisis a un desmantelamiento continúo y trágico del estado del bienestar, se consiguió resucitar el germen de la indignación y levantar básicamente un círculo de Podemos en cada esquina.

La política no se puede hacer al margen del ciudadano y éste debe de ser la piedra angular en torno al que iba a girar el proyecto político de Podemos. Una predisposición, sin duda, revolucionaria con la que partía Podemos hacia la conquista del tablero político si se compara con el status quo de los partidos tradicionales. Tan acostumbrados a apostar su deriva al margen de la militancia o, en defecto, optar por procesos de primarias vacíos de verdaderos contendientes. El duelo de Pedro Sánchez contra un profesor de filosofía, José Antonio Pérez Tapias, sólo es uno de los infinitos ejemplos de un supuesto acto democrático que no pasa de simple gesto de cara a la galería.

Horizontal en vez de vertical. De abajo hacia arriba en vez de desde arriba hacia abajo. Ese era el juramento aprendido de memoria y repetido a golpe de mensajes en el prime time por los líderes de Podemos. Acabó comprimido en las cabezas de muchos, al mismo tiempo que las encuestas convertían a la formación morada en la primera fuerza política del país en intención de voto.

Ahora, la noticia mala: todo lo que vino después porque la política no era esto. Al menos, no tan participativa como querían hacer ver los de morado en cada tertulia y en cada entrevista que daban a lo largo del país.

Tampoco lo está siendo en Podemos Málaga. Para querer ser tan diferentes, hay quienes se parecen a lo peor del PSOE y del PP. «Cuando hay dinero de por medio, se acaban todas las buenas ideas en Málaga», afirman varios militantes que han dado un paso atrás. Cansados de una lucha por cargos que, según ellos, está dejando desiertos a los círculos. A la última reunión del consejo ciudadano asistieron cuatro consejeros. En realidad está integrado por unos 25 y ya se han producido tres dimisiones.

La formación liderada en la capital por su secretario general, un joven José Vargas, considerado por la dirección nacional como una astilla en el ojo, se está viendo superada por un hálito de incoherencia política. Eso es lo que se deduce de las últimas declaraciones del propio Vargas. Describe en su radiografía particular de la situación a un partido afectado por todos los males que, precisamente, venía denunciando. Así, habla de como se han prescindido de todos los procesos que eran considerados como imprescindibles para el funcionamiento y la cohesión necesaria en una formación que, aunque ya parece vieja, con las luces largas echadas, apenas cuenta con unas pocas horas de historia. A lo largo de su trayectoria, Vargas siempre ha mostrado una simpatía por los movimientos surgidos desde dentro de la formación. Esos que han partido con el objetivo de formar una candidatura alternativa a la vía oficial. Ya lo hizo con Andalucía desde Abajo, cuando se gestó para plantarle cara a uno de los mayores baluartes del partido, la entonces todavía eurodiputada, Teresa Rodríguez, y ha vuelto a hacerlo ahora al convocar sin el apoyo mayoritario de los círculos una asamblea destinada a debatir la incógnita de hacia dónde va el partido a pocos meses del 20 de diciembre.

Una asamblea con polémica

El futuro de Podemos en Málaga, y también del propio Vargas, dependen en última instancia del procedimiento que arranca hoy en La Térmica, y en el que se verá reflejado el sentir de una militancia que ya ha manifestado la perdida de confianza en el actual secretario general. No en vano, siete círculos planearon el pasado jueves, en una reunión conjunta, pedir la dimisión de Vargas y acordaron no acudir a la asamblea de hoy. Lo culpan de querer desestabilizar al partido desde dentro. Una asamblea, por lo tanto, que ha servido para que se cristalicen las facciones en las que está dividida la formación y que pugnan, desde sus inicios, por hacerse con el control de Podemos en la capital. Por medio, una larga lista de círculos encontrados, denuncias por agresiones y cambios de chaqueta que han estado a la orden del día. De los más sonados, el del ahora parlamentario andaluz, Juan Antonio Gil, que pasó de apoyar a Fran Mostazo a integrarse bajo los órdenes del propio José Vargas. El círculo de Málaga-Oeste, uno de los más numerosos en la capital, también ha sufrido una metamorfosis. En sintonía con la dirección nacional en sus inicios, con críticas severas hacia el propio Vargas por no considerarlo la persona adecuada para liderar a la formación en Málaga, ahora sus miembros han pasado a una defensa a ultranza.

Con el eco de la controversia retumbando, otros puntos de evidente interés se están difuminando entre tanto ruido. ¿Por qué aún no se ha creado la comisión de trabajo que exigen los estatutos de Podemos al tener dos concejales en el Ayuntamiento (Ysabel Torralbo, Juanjo Espinosa)?. ¿Estos concejales están pasando parte de sus nóminas al partido como estaba acordado? ¿El apoyo de Málaga Ahora para que José del Río siga como gerente ha sido un intercambio de favores para hacerse con La Invisible?
Buenos tiempos y malos tiempos en Podemos Málaga. Todo depende de para quién.

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