Visita guiada

Mayoral, el éxito de una idea malagueña

La ministra de Empleo, Fátima Báñez, comprobó la sucesión de procesos que componen el engranaje del gigante textil

29.10.2015 | 08:41
Mayoral, el éxito de una idea malagueña
De izquierda a derecha: Miguel Briones, Elías Bendodo, Fátima Báñez, Rafael Domínguez de Gor y Francisco de la Torre.

A veces, las cifras hablan por sí solas. Una facturación de 270 millones de euros, un 70 por ciento de ventas en el extranjero, representación en 75 países. En sus orígenes, dedicada a la producción de calcetines, a pesar de que ya sea una multinacional en toda regla, el centro de operaciones sigue anclado en Málaga.

­Una idea rompedora es clave para el éxito empresarial. Su desarrollo lo es, incluso, más. Cuando uno repasa la historia de Mayoral, seguramente, estará inducido a resucitar un cuento de hadas. En este caso, de una empresa que, sin abandonar en ningún momento sus raíces, ha logrado convertirse en uno de los grandes buques insignia del mapa empresarial malagueño. Hablar de vanguardia industrial en Andalucía, región tradicionalmente huérfana de esas grandes cadenas productivas que sirven para generar empleo de calidad, es abrirse camino entre los infinitos pasillos que componen el centro de operaciones de Mayoral en la calle Orotava, ubicado en el polígono industrial de San Luis.

Relatar el desarrollo de una idea es, a su vez, hablar de una ocurrencia. Tan simple como genial. ¿Qué sucedería, si de la producción y comercialización de calcetines y medias, se pudiera ampliar el negocio con el diseño y la fabricación de moda infantil? El resultado de ese proceso evolutivo es Mayoral en el año 2015. Un gigante dentro del mundo textil, que empezó como tantas otras historias de éxito. Casi en una cochera, ahí, en la esquina de abajo. Con origen y sede en la provincia de Málaga, pero con un alcance internacional que va más allá de los 75 países en los que vende sus prendas, Mayoral ha conseguido algo, infinitamente más difícil que colocar sus prendas a lo largo de las numerosas estanterías en medio globo: hacer marca. Millones de padres quieren que sus pequeños vistan de Mayoral. En Madrid y en Nueva York. En París y en Berlín. Hasta la propia ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, confesó ayer que sus hijos, en algún momento de la tierna infancia, vistieron de Mayoral. Lo que en los catálogos de purpurina luce tan bonito, es el resultado de un sólido engranaje, que va desde el diseño, hasta la distribución. Como el I+D+i se refirió el director comercial de la empresa, Rafael Domínguez, a una planta plagada de ordenadores y llena de numerosos trabajadores trazando las líneas de esas prendas que compondrán las colecciones de mañana.

La sonrisa de Fátima Báñez. Domínguez, prescisamente, fue quien hizo ayer de anfitrión para una ministra de Empleo, ligeramente asombrada, ante semejante complejo de vanguardia. De ahí, a que cada saludo que dispensaba a los trabajadores iba acompañado de un complaciente «enhorabuena». Para alguien que, aún en los momentos más zafios y retorcidos de la crisis, fue capaz de mantener la fe en la eternidad de una Virgen para sacar del atolladero al país, tanta capacidad productiva de golpe sirvió para dibujarle una sonrisa en su rostro, que ya no la iba a abandonar en lo que duró la visita guiada. Que hablar de una Virgen, al menos en su faceta de creadora de puestos de trabajo, es hacerlo de un objeto de ficción, quedó claro ayer. Domínguez explicó, que a cada trabajador que pasa los procesos selectivos para incorporarse a Mayoral se le sugiere, con algo de interés propio, que la ruptura de la soltería debería de venir acompañada por una procreación elevada. «Les pedimos, que en poco tiempo, tengan tres hijos», señaló Domínguez en uno de los varios showrooms que sirven para mostrar las prendas a la clientela internacional. Por lo demás, lo importante en visitas como las de ayer, al menos para la delegación política, a las puertas de unas elecciones generales, ya no es ver si Mayoral funciona bien o no, sino dejarse ver al lado de la ministra. Estaban Elías Bendodo, Francisco de la Torre, Margarita del Cid, Miguel Briones y Carolina España, entre otros, para acompañar a la ministra en cada paso. Si en vez de Fátima Báñez, hubiera sido Susana Díaz, la estampa habría sido la misma. Solo que con protagonistas diferentes.

Así se asistió al verdadero reto del político español. Ausentarse de su trabajo sin que ello devenga en una dejación de funciones crónica con respecto a la labor para la que ha sido votado. La visita guiada continuó, finalmente, a través de todas las secciones de Mayoral. Un milagro malagueño con una cuenta de resultados forjada a base de trabajo. Va de suyo que cuando el ejemplo de Mayoral es algo excepcional, la «enhorabuena» venga de una ministra de Empleo que no ha cotizado un céntimo por la empresa privada en toda su vida.

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