Un caso destapado por La Opinión

Los 'topos' de las funerarias cobran comisiones de hasta 2.000 euros por fallecido

Trabajadores denuncian la existencia de una trama que se lucra con los decesos de los pacientes del Clínico

29.10.2015 | 05:00
El Hospital Clínico continúa investigando al personal que trabajó entre el 15 y el 16 de octubre.

Las claves

  • Primera denuncia: 1 de abril de 2014
    Teresa Morales reclama en el Clínico porque una funeraria le ha llamado dando por muerto a su padre, que muere un mes después en otro centro. La respuesta, meses después, cierra el caso.
  • Segunda denuncia: 16 de octubre de 2015
    Pepe Subires denuncia con una hoja de reclamaciones que una empresa funeraria le llama para informarle de la muerte de su mujer, viva. Este caso destapa la trama.
  • Los sindicatos reconocen la existencia de «topos»
    Distintos sindicatos admiten con cautela que la existencia de los «topos» es una realidad.

Los ojeadores tienen asignadas distintas funerarias y se reparten los pacientes que mueren por escrupuloso orden.

­Trabajadores del Hospital Clínico han denunciado a La Opinión que el caso de Pepe Subires y de Teresa Morales, a quiénes llamaron empresas funerarias avisadas por un «topo» del centro sanitario que les informó sobre el supuesto fallecimiento de dos familiares, representan sólo dos casos conocidos estos días dentro de una trama que lleva funcionando años. Es más, alertan de la existencia de un grupo de empleados que se lucra desde hace años con la información de los decesos ocurridos en el hospital.

Las fuentes informantes, que han preferido ocultar su identidad para evitar posibles represalias, explican que existe un grupo de empleados del Clínico que gana dinero por gestionar de manera directa con las funerarias los seguros de defunción y el traslado de los cadáveres a los cementerios, siempre a espaldas de la dirección del hospital. Este grupo de trabajadores, que llevaría años prestando sus servicios al Servicio Andaluz de Salud (SAS) estaría llevándose, siempre según refieren las fuentes, cantidades que oscilan entre los mil y los dos mil euros por cada aviso que realizan.

«Se trata de una cúpula que maneja sin escrúpulos la muerte de los pacientes que fallecen en el hospital», señalan los testimonios recogidos, que matizan que no se trata de una sola persona, sino de varias, y que trabajan en distintas categorías, algunas de ellas no sanitarias, que se hacen con los datos de los pacientes y de sus familiares para poder pasar la información a las funerarias. Según señalan, la trama, que se lucra con los «avisos» a las funerarias, está bien organizada. Cada uno de los «topos» tiene asignadas a una o varias funerarias con las que contactan en caso de que se dé un deceso en el turno en el que trabajan. «Si en el mismo turno coinciden varias muertes, se las reparten».

Cuando un paciente ingresa en el hospital, los trabajadores de Admisión piden los datos de un familiar para comunicarle cualquier novedad sobre el enfermo. Una información a la que tienen acceso pocos profesionales de las urgencias y en la que estarían centrándose las investigaciones del hospital, que siguen su curso, según confirmaron ayer desde la gerencia. Los trabajadores que denuncian la existencia de la trama aseguran que esta tiene décadas de historia, puesto que varios de los «topos» ya filtraban información en otros centros sanitarios, como en el Civil, antes de abrir el Clínico en 1989.

Las comisiones a las que tienen acceso los trabajadores que formarían parte de esta trama son variadas y siempre dependen de si el paciente tiene o no seguro funerario. En el caso de que el fallecido tenga uno previamente contratado, el simple hecho de que uno de los «topos» llame a la empresa hace que ya cobre comisión. Si la persona que ha muerto no dispone de uno de estos servicios fúnebres, quien gestione el traslado y duelo del cadáver se lleva alrededor de mil euros. «Pero cuando realmente se frotan las manos es cuando el fallecido es extranjero», cuentan las fuentes consultadas, que relatan que las cantidades llegan a duplicar a las de españoles, pues las empresas funerarias cobran grandes cantidades por repatriar a los fallecidos a sus países de origen.

Fuentes del Clínico recordaron esta semana, a raíz de la publicación de esta supuesta trama, que todos los hospitales públicos disponen de un protocolo autorizado ante los fallecimientos dada su previsibilidad. Cuando esto ocurre son los propios familiares los que se encargan de llamar a la empresa de seguros o a la funeraria contratada pero, en caso de no disponer de uno de estos servicios, es el centro el que proporciona información con un listado de empresas que ofrezcan servicios de decesos. Sin embargo, este grupo de «topos» que filtran informaciones a las funerarias se ofrece a los familiares para llamar a las empresas a modo de favor, con lo que de este modo se adelantan a las familias y cobran lo pactado.

Precisamente, la rapidez y el interés por conseguir a un fallecido con o sin seguro para ganar dinero con el caso ha ocasionado que el 16 de octubre uno de los «ojeadores» se precipitara y destapara qué ocurre en las urgencias del Clínico. Una funeraria llamó de madrugada, desde un número oculto, a Pepe Subires, el marido de una paciente que había ingresado crítica y que esperaba noticias de su estado de salud mientras permanecía en la sala de espera. La llamada, seguramente precipitada, del «topo» a la funeraria hizo que este hombre pusiera una reclamación en el hospital al sospechar que alguien del Clínico había dado sus datos. Su mujer no sólo no había muerto, sino que una semana después recibió el alta.

Un caso similar fue el de Teresa Morales, que en marzo de 2014 recibió una llamada similar que le alertaba del fallecimiento de su padre, que había ingresado con una hemorragia cerebral en la UVI del Clínico. Llegaron a acudir al tanatorio del que dispone el hospital antes del traslado de los fallecidos al cementerio, pero el cuerpo del padre de la denunciante no aparecía. Finalmente lo encontraron ingresado y con vida en Observación. El hombre murió un mes después en el Hospital Pascual. Por ambos casos el Clínico recibió sendas reclamaciones. El primero de ellos aún se investiga y el segundo quedó archivado por falta de pruebas, según explicó la familia a este periódico.

Los trabajadores que han denunciado la trama de «topos» alertan de que, aunque los fallecidos se «repartan», si un paciente fallece en otro turno de trabajo, la persona que le ha hecho el seguimiento pierde la comisión por no morir en su turno. «A veces se han precipitado por miedo a que murieran al día siguiente y que no les tocara. Por eso hacen el primer aviso. Eso ya les señala como suyos», señalan. En teoría, esto sólo ocurre cuando se sabe a ciencia cierta que el paciente va a morir, pero parece que las prisas o el interés por los cobros han destapado esta trama, sobre todo por estos dos casos denunciados, en los que los pacientes no habían muerto cuando llamaron.

Aunque los casos denunciados conciernen al área de urgencias, las fuentes alertan de que también afecta a los pacientes que mueren en planta. Es decir, que se da en todo el hospital. Sin embargo, reconocen que esta práctica podría darse en el resto de hospitales, tanto públicos como privados. «Los mandos intermedios –los jefes– saben que esto pasa, pero siempre han dicho que era difícil demostrarlo», señalan los sanitarios, que admiten que ante la publicación de las informaciones en este periódico la tensión se palpa en el ambiente, ya que la dirección del Clínico está vigilante.

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