Ruta Cultural

Prostitutas, brujas y hogueras en Málaga

Cultopía organizó el viernes un paseo por los rincones del Centro Histórico relacionados con la prostitución, el mundo de las brujas, los curanderos y la Inquisición

02.11.2015 | 09:37
El guía cuenta la vida de Alonso Yáñez Fajardo, que fue quien regentaba los prostíbulos de la ciudad por concesión real.
Prostitutas, brujas y hogueras en Málaga

La Historia de Málaga está repleta de personajes tan inquietantes como Alonso Yáñez Fajardo, nombrado putero mayor de la ciudad por los Reyes Católicos, a cargo de todas las mancebías

El paseo, de cerca de dos horas, comienza junto al Museo de Artes Populares, frente al Guadalmedina. Muy cerca de una de las antiguas puertas de entrada a la ciudad, la de Antequera. Trasiego de comerciantes y carros hace no tantos siglos. Los comerciantes, «cansados de un largo día de trabajo», buscarían descanso en las casas de prostitución de los arrabales. Ocurría en tiempos árabes, explica el guía de Cultopía Jorge Jiménez, pero también con el relevo de los Reyes Católicos.

El guía señala en dirección al convento de la Trinidad, antiguo campamento de Isabel la Católica, y lo saca a colación para hablar del fraile trinitario malagueño fray Diego de Velázquez, catedrático de Teología con ansias de medrar, de ascender en la vida. Y como no lo conseguía, «¿a quién me busco?, se dijo, y se buscó al diablo», cuenta el guía. Para disponer bien a tan peligrosa compañía convenció a un fraile del convento «bastante tonto» para que le consiguiera en Granada tres libros prohibidos, de los que extrajo algunas fórmulas para invocar al ángel caído. Una de ellas, que habrían desaconsejado los grandes chef de nuestros días, incluía la cocción de tres sapos para extraerles los huesos y oficiar con ellos una misa.

Al final el pastel se descubrió y los protagonistas recibieron un castigo ejemplar.

El grupo que participa en esta exótica ruta por la Historia políticamente incorrecta de Málaga, cerca de 40 personas, se traslada a la plaza de Camas, junto a la parte posterior del Museo de Artes Populares, antiguo Mesón de la Victoria, que era propiedad de los frailes mínimos. Los religiosos a su vez alquilaban el mesón a mesoneros que alojaban a prostitutas, «que también hacían de camareras», comenta el guía.

Esta idea de que las mancebas trabajaran en mesones partió de Alonso Yáñez Fajardo, a quien los Reyes Católicos dieron el negocio de las mancebías o casas de prostitución del Reino de Granada y podía considerarse putero mayor de Málaga, pues existían puteros menores, a cargo de las casas de las mancebas. Don Alonso cobraba por las boticas o habitaciones de las mujeres públicas, además de la comida, «un día pescado y por lo menos otro carne», destaca el guía, que resalta que la casa de citas más importante de Málaga en el Siglo de Oro fue, precisamente, el Mesón de la Victoria.

Había por entonces tres clases de prostitutas: arrabaleras (las más baratas, trabajaban en los arrabales), las mencionadas mancebas, organizadas en casas y por último las rameras o mujeres enamoradas: «Solían tener un amante adinerado, también podían tener otros y para distinguir sus casas ponían una rama verde sobre la puerta».

Y en esa sociedad estamentaria, en la que la vestimenta clasificaba a la persona, en tiempos ya de Felipe V el guía recuerda cómo las prostitutas debían vestir medios mantos negros y en los bordes del vestido unas puntas de tela parda, «de ahí la expresión irse de picos pardos».

Las mujeres de entonces, resalta Jorge Jiménez, sólo contaban con su honra y si esta se perdía, por ejemplo por un accidente, «dos testigos tenían que testificar que la virginidad se le había roto y que no era ligera de cascos», mientras que si la mujer era violada, podían incluso obligarle a casarse con un violador.

Al pie de la torre de la iglesia de San Juan, el grupo escucha la agitada vida de la familia Yáñez Fajardo.
Al morir don Alonso el cargo de putero mayor lo hereda su hijo Diego pero su madre, doña Leonor, quizá con mala conciencia por el negocio familiar decide abrir justo al lado de la iglesia, en la calle de las Cinco Bolas, una casa de arrepentidas, para sacar a 13 mujeres de la prostitución, algo que no agradará precisamente al hijo, que tratará de acabar con la iniciativa materna.

La vecindad de la iglesia de San Juan da pie para que el guía recuerde una de los métodos de adivinación más populares en esa Málaga bajo los Habsburgo: tirar las habas y leerlas. Una de las participantes del grupo prueba a tirarlas, algo que enlaza con la historia de una mujer llamada Bárdula, del sigo XVII, antigua procesada por brujería, quien encerrada en una casa de recogidas por el maltratador de su marido, durante el encierro aprendió hechizos y trató de influir con la magia en su marido para que la sacara de allí. «Pero quien la sacó fue su suegra», ironiza Jorge Jiménez.

El siguiente punto es la plaza de las Flores, antigua calle de Siete Revueltas –y antes de Doce Revueltas–, otra zona de casas de citas por su proximidad con la Plaza Mayor, escenario de fastos y corridas de toros y por tanto de trasiego de malagueños. Pero la plaza de las Flores es la excusa para escenificar otros ritos adivinatorios fascinantes. Uno de ellos, con un cedazo y tijeras, el segundo, mucho más sencillo, es el «palmo fuera, palmo dentro»: Se mide el antebrazo con la palma de la mano y si los palmos no faltan o sobran sino que caen justos, la respuesta es positiva.

El mimbre y el niño herniado

Otro rito, más próximo ya a la sanación, era la creencia de que si en la Noche de San Juan se reunían tres hombres llamados Juan y tres mujeres con el nombre de María y se pasaban un niño con hernia, además de un mimbre abierto por la mitad, se supone que si este mimbre, atado luego con una cuerda se volvía a unir pasados nueve días el niño estaba curado. La Inquisición de Granada, destaca el guía, llegó a abrir proceso «a más de 60 juanes y marías por este rito».

Son tiempos bravíos e incrédulos en los que la religión verdadera se afianza con la Santa Inquisición. En la plaza del Obispo, mientras el carrillón de la Catedral anuncia las siete de la tarde, el grupo escucha la increíble historia del viajero escocés del XVII William Lithgow, antipapista furibundo y con un salvoconducto para recorrer el globo en busca del reino fabuloso del Preste Juan. En su escala en Málaga Lithgow es detenido y torturado durante 47 días por las autoridades, en la creencia de que es un espía inglés. Al final el caso pasará al Santo Oficio (la Inquisición).

El embajador inglés y el Rey de España acuden finalmente en su auxilio. William es liberado y poco después narrará con pelos y señales su calvario en un libro que supondrá uno de los hitos de la Leyenda Negra y un furibundo ataque contra la Inquisición que, en realidad, no inició el proceso contra el escocés.

En este sentido, Jorge Jiménez apunta que «en cuatro siglos murieron por la Inquisición española 2.000 personas y por la inglesa la misma cifra en siglo y medio».

La siguiente etapa es el antiguo Hospital de Santo Tomás, frente a la iglesia del Sagrario. Es la hora de hablar de prácticas curativas poco ortodoxas, a las que se acogía la mayoría de la población porque el médico costaba un ojo de la cara. Por este motivo surgían personajes tan inquietantes como los saludadores, que podían «recibir donaciones pero no cobrar», cuenta el guía. Y eso que lo que en principio hacían era curar con la propia saliva, «sobre todo en casos de rabia».

Lo más chocante, aparte de que su saliva tuviera presuntas propiedades medicinales, era la autorización que tenían de las autoridades para ejercer este don de la Naturaleza y de hecho contaban con un certificado.

Y con el recuerdo de esta cura tan poco recomendable el grupo pasea hasta la iglesia de Santiago, la más antigua de Málaga y la única que cuenta con un cuadro de las ánimas del Purgatorio, a las que se rezaba para pedir favores «a cambio de aceite» y este aceite era luego repartido por el párroco entre los parroquianos más pobres.

Por último, la calle Císter y el Teatro Romano con más hechizos, mujeres antiguamente amancebadas y salvadas de la prostitución, así como búsquedas de tesoros.

Mar Rubio, la responsable de Cultopía, cuenta que todos los turnos de esta visita cultural para este puente de Todos los Santos están completos. La otra Historia de Málaga sale por fin del olvido. Y con éxito de público.

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