La Ciudad

Treinta años desde la ventanilla del autobús

Un abogado malagueño comparte su particular visión de los cambios sociales como usuario de la EMT desde los años 80 a nuestros días

05.11.2015 | 01:55

En estos días el Gobierno central lleva a cabo una campaña para que los españolitos usemos más el transporte público. Loable propósito pero a quien no tienen que convencer es a un abogado malagueño que lleva desde los años 80 utilizando los servicios de la EMT para ir al trabajo.

Tanto tiempo lleva subido al autobús que se ha convertido en fiel testigo de los cambios de nuestra sociedad, escenificados también en el transporte público de Málaga.

Uno de los aspectos que más le llama la atención, recogido en esta sección, es que cada vez se escucha menos hablar en el autobús. Esos viajes bullangueros en los que todos hablaban con todos se han trocado en silenciosa exploración del yo gracias a los teléfonos inteligentes, de suerte que uno al entrar en el autobús no sabe si acercar la tarjeta de los viajes al punto rojo o dar directamente el pésame al conductor y al resto de la concurrencia. Pero si el ambiente de entierro –roto por los trinos de algún tuit recibido– es una plaga imparable el abogado también se detiene en la clientela del autobús.

«En los años que van de 1999 a 2007 había muchísimos inmigrantes, ahora hay bastante menos y los que hay son hijos o nietos de esos inmigrantes», explica.

Otro dato curioso que apunta es que, a su juicio, la mayoría de los usuarios son mujeres. «Son mucho más listas que los hombres y saben lo práctico que resulta el transporte público», estima. Pero también señala que en muchos hombres persiste el concepto rancio de la masculinidad, que lleva consigo el empleo del coche para ir al trabajo como absurdo y anticuado signo de distinción de todo hombre que se precie, de ahí que no abunden tanto en los servicios de la Empresa Malagueña de Transportes.

Y en nuestros días hay, por supuesto, una legión de jóvenes de ambos sexos en el autobús. La crisis, sostiene, ha hecho que el coche desaparezca del horizonte presupuestario de muchos de ellos. La opción más barata es el autobús-metro y eso sí, no falta un smartphone, no importa el precio.

Y el tiempo, claro, ha homologado las clases sociales en el autobús, sobre todo entre los jóvenes: Si en los años 80 había más diferencia en la vestimenta «entre los jóvenes de familias modestas y las que no», hoy las diferencias han desaparecido.

Es la vida en Málaga a través de la ventanilla del autobús que, en esta ocasión, le conducía primero al Centro y luego, en un segundo transporte, a la Ciudad de la Justicia. Un sociólogo del transporte urbano.

Luces de la ciudad. Ocurrió hace unos años: una turista viajaba en taxi por el paseo marítimo, era noche oscura y al ver las luces del horizonte preguntó al taxista por el nombre de la población que tenía enfrente. Se trataba, habrán deducido muchos, de las luces de los barcos de pesca, en plena faena. Maravilloso.

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