Memorias de Málaga

Las Torres de Playamar

Uno de los escándalos urbanísticos más sonados fue la construcción de las Torres de Playamar en Torremolinos, pero la lista de vulneraciones en Málaga es bien amplia porque los planes urbanísticos son casi papel mojado

23.11.2015 | 11:16
Las famosas torres, en una foto a comienzos de los años 70.

En la Málaga de nuestros amores se han cometido, se cometen y se cometerán atentados urbanísticos de todas las calañas a pesar de existir planes de urbanización, Potaum, planes parciales, Peris y otras denominaciones más o menos cabalísticas. Están aprobados los planes generales, los parciales, los de detalle y, ¿cuál es el resultado? A la vista está que es casi papel mojado porque a diario se vulnera todo lo que está escrito, rubricado y publicado.

Cuando alguien se ha construido un chalé con jardín y piscina, y un mirador que supera la altura máxima que está en los planes de ordenación del territorio, y disfruta de las excelencias de su morada, a los tres o cuatro años los encargados de velar por el buen uso de las normas descubren las irregularidades cometidas. Entonces se arma el pitote, el follón, el escándalo y en la prensa local y nacional se denuncia la irregularidad. Con pelos, señales y cotas se señalan las anormalidades, el atentado cometido contra el medio ambiente, el impacto ambiental y toda la marimorena o mariblanca, porque no siempre la mari va a ser morena.

El ejemplo del chalé y la piscina es uno entre los muchos que jalonan los delitos que se cometen en la ciudad, en los pueblos, en los montes, en las zonas no edificables y en medio del mar.

Las torres de Playamar Uno de los escándalos más sonados en Málaga fue la construcción hace años de las Torres de Playamar, que desde el exterior dan una impresión distinta a la que ofrece en el interior. Desde la carretera Málaga-Torremolinos es negativa porque impiden ver el mar. Son un pegote. Sin embargo, dentro de la urbanización, la ubicación de las torres y sus vistas al mar, la impresión es muy diferente. Están muy bien orientadas y sus habitantes, perennes u ocasionales, disfrutan de las vistas, los espacios libres y los jardines. Los autores del proyecto –es mi opinión– erraron y acertaron al mismo tiempo según sea desde donde se contemplen.

Han pasado muchos años desde la construcción, y todas las opiniones vertidas en los medios de comunicación se pueden recuperar en las hemerotecas; pero lo que jamás se publicó fueron las triquiñuelas que rodeaban el desaguisado de su construcción. Hoy es prácticamente imposible hallar documentos que me den la razón.

Según se comentó entonces, y no se publicó ni una línea sobre el caso, en el proyecto aprobado el número de torres a levantar era inferior al que se construyó. Si se autorizaron diez torres, la promotora levantó varias más. Se decía que se manipuló la licencia cambiando el número de los edificios a levantar.

La última noticia, que yo recuerde, se publicó el 5 de junio de 1971, hace cuarenta y cinco años. Decía lo siguiente: El Tribunal Supremo ha desestimado el recurso de apelación del Ayuntamiento de Málaga contra la sentencia de la Audiencia Territorial de Granada sobre el Plan de Ordenación del Polígono Playamar en Torremolinos, a la vez que ha confirmado dicha sentencia en todas sus partes, que afecta a las torres de Playamar. Fue declarada nula la licencia municipal de obras.

La licencia de construcción fue declarada nula, pero las torres, sin licencia, siguen ahí.

Gibralfaro. Uno de los casos más escandalosos de la vulneración de los planes urbanísticos es el que afecta al edificio construido a los pies de Gibralfaro y que rompe la armonía de la zona. No hace mucho, en estas mismas páginas de La Opinión, se publicó la insólita historia de esa construcción, al parecer, llevada a cabo sin la preceptiva licencia. Se hizo obviando todas las normas vigentes. Y ahí está para vergüenza de Málaga.

También atenta contra la imagen de nuestra ciudad el mamotreto del Hotel Málaga Palacio, que se construyó con todas las bendiciones municipales, con todos los papeles en regla y sin irregularidades en el proyecto. Antes de iniciarse las obras se presentó la maqueta, estuvo expuesta al público, en la prensa local se publicó la fotografía€ y no se levantó ninguna voz en contra aunque sobre el papel estaba claro que iba afectar nada más y nada menos que a la Catedral, cuya visión quedó mermada. Ahora que se trabaja en el entorno de la basílica, para que luzca en su inmensidad y belleza, el Málaga Palacio continúa siendo el mayor obstáculo para dejar el entorno libre de impedimientos para la contemplación del primer monumento de la ciudad, se sea católico, agnóstico, ateo o progresista. Ya no hay solución.

La avenida de Heredia. Un ejemplo de cómo debe trabajarse en el delicado tema de la arquitectura lo dio el grupo promotor de los edificios de la avenida Manuel Agustín Heredia. Recalco lo de delicado porque los errores que se comenten en este campo tienen una duración de un siglo porque una vez que se construye un edificio para viviendas, una iglesia, un centro de ocio, un teatro€ el resultado sea bueno o malo es para disfrute o disgusto de un par de generaciones. Por feo que sea no se derriba una casa, un cine, la sede de un banco, una Casa Consistorial, un hotel€ Sin extendernos en este aspecto el edificio de Correos ahora cubierto con una malla metálica, el Palacio de Justicia, Hacienda, el edificio Negro que ahora es blanco€ no enriquecen la ciudad precisamente.

Me refería, para destacarlo, al caso de los edificios de la avenida de Heredia. Un equipo de expertos estudió qué altura máxima podían tener para no dañar la vista de Málaga desde el mar, qué anchura debía tener la calle para no ahogar a los futuros residentes, que hubiera la necesaria aireación para evitar la cercanía con otras edificaciones€

Uno de los integrantes de aquel equipo integrado por el arquitecto autor del proyecto, la promotora, académicos de San Telmo y otros técnicos, me contó cuando se iniciaron las obras, que entre las medidas estudiadas para no dañar la imagen, embarcaron en un pesquero para comprobar que no se iba a producir un impacto negativo ni iba a alterar la vista de la ciudad desde cualquier punto, incluido desde el mar.

¿Quién hoy tomaría todas esas precauciones? Desde luego los que proyectaron un par de edificios de la Alameda Principal, el construido en la plaza de la Merced sobre el solar resultante de la demolición de la antigua iglesia, el que diseñó el inmueble sobre el solar de la demolida iglesia de San José en la calle Granada, algunas de las nuevas construcciones de la Alameda de Colón, Cortina del Muelle y tantos otros rincones del Centro de Málaga€, esos, desde luego, no echaron una miradita antes de diseñar esos proyectos, incluyendo la iglesia de los Carmelitas en la citada Alameda Principal, que es muy interesante desde el punto arquitectónico pero que no encaja en el lugar elegido. Para un barriada nueva, para una zona libre de edificios de los siglos XIX y XX, es admitible; para donde están, no.

Restos arqueológicos. A un metro de profundidad del Centro de Málaga se encuentran restos arqueológicos, unos de gran interés –el Teatro Romano, por ejemplo– y otros menos importantes pero que hay que proteger porque son vestigios del pasado, desde la civilización romana a la dominación árabe. En la calle Alcazabilla, cerca del Teatro Romano, se conservan la pilas donde se preparaba el garum, un producto que se elaboraba en Málaga a partir del pescado y que para los romanos era lo que hoy denominamos delicatessen para cobrar más caro. En lo que hoy es el Rectorado de nuestra Universidad también hay algunas de estas pilas muy bien conservadas.

No voy a enumerar los restos hallados y bien conservados que hay distribuidos por lo que hoy llamamos Centro Histórico porque son de sobra conocidos y contemplados con gran interés por algunos y despreciados por otros que de forma desdeñosa tildan de piedras.

Donde sí me voy a detener es en dos casos lamentables. El primero, el más llamativo, la contrucción de la Casa de la Cultura en la calle Alcazabilla, encima del Teatro Romano. Yo no me puedo creer que los constructores del edificio que fue demolido para sacar a la luz el teatro no se dieran cuenta de que en el subsuelo había lo que había, un edificio del siglo I o II. Guardaron silencio.

Pero el teatro, uno de los monumentos más visitado por los miles de turistas que a lo largo del año pasan por Málaga, al menos se recuperó, y con la Catedral, la Alcazaba, la Casa Natal de Picasso, el Museo Picasso€ figura en la lista de lugares a visitar. De lo que no quedó ni rastro fue del torreón de las murallas de Málaga que apareció en la calle Carretería al ser demolido un viejo inmueble que amenazaba ruina. Muy pocos tendrán noticias del caso.

Estando en la redacción de Radio Nacional hace unos cincuenta años alguien me avisó para informarme de que en la calle Carretería se había descubierto una torre o torreón de las murallas de Málaga. Fui inmediatamente a la citada calle. Hacia la mediación, en la derecha, me encontré con la insólita estampa de un trabajador procediendo a su demolición con la ayuda de una ruidosa máquina. Trabajaba a destajo, seguramente por indicación u orden del propietario o constructor, para acabar pronto.

Como consideré que aquello era un auténtico atentado contra Málaga y su Historia me fui directamente al centro de trabajo del teniente de alcalde delegado de Cultura –era titular de una oficina que no revelo su especialidad– para darle cuenta de lo que estaba sucediendo. No me prestó mucha atención, como si aquello no fuera de su competencia.

Al día siguiente de la torre o torreón no había ni rastro. Incluso se habían retirado los escombros.

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