Recursos hídricos

Málaga arrasa en solo dos años con un tercio del agua de sus siete pantanos

La falta de precipitaciones y el incremento del gasto aceleran el descenso del nivel de los embalses, que han pasado del 85,5 al 56,09% en apenas 24 meses – Los últimos meses han refrendado la tendencia, si bien la situación es todavía solvente

18.12.2015 | 05:00
Detalle del sistema de pantanos del Guadalhorce durante los años en los que exhibía recursos más abundantes.

La misma inercia dejaría las reservas al 26% en 2017

  • El agua rebasa, de media, más de la mitad de la capacidad total de almacenaje de los pantanos. La situación no es, ni mucho menos, dramática, pero después de dos años sin apenas asomo de la lluvia, las reservas están en un punto que ve más cerca el fondo que el tope. Sobre todo, en lo que respecta a la tendencia. Si se mantuviera el ritmo de pérdida de recursos actual, Málaga estaría el próximo curso por debajo del umbral del 40 por ciento y llegará en 24 meses al 26. Una cifra parecida a las que coleaban durante la sequía.
  • Cifras

  • -180 hm2: Bajada de los recursos
    Los embalses de Málaga han perdido en los últimos años más de 180 hectómetros cúbicos, el equivalente a lo que consume Málaga en un año y medio. En 2015 se aceleró la caída, con una bajada de 96 hectómetros.
  • -147 l/m2: Menos lluvia que en el más que seco 2014
    El curso viene ya bastante lastrado por la ausencia de precipitaciones, que, en puntos como el Palacio de la Tinta, en Málaga, supera los 140 litros por metro cuadrado de diferencia con 2014. Un año que también resultó ya de por sí muy por debajo de la media en la mayoría de las localidades analizadas.
  • +58% Más turistas y más gasto en temporada alta
    La escasez de las lluvias coincide con el incremento del número de visitantes y del gasto del consumo que se computa en el verano.

­Los pantanos pierden agua. Dos años después de su última cita con la opulencia, y esquilmados por el consumo y por la escasez de la lluvia, los contadores se desfondan. Y si bien las reservas todavía están lejos de justificar cualquier tipo de alarma, la tendencia insinúa una deriva que, salvo milagro pluviométrico, dejará el próximo octubre la estela de un nuevo curso hidrológico en retroceso. El año natural –el otro empieza en octubre– así lo confirma; con una radiografía respecto a 2013 que refleja una pérdida de más de un tercio de los recursos almacenados en apenas veinticuatro meses.

Según los datos que proporciona a diario la red Hidrosur, los siete embalses de la provincia custodian actualmente un total de 344,35 hectómetros cúbicos. Eso significa que están al 56,09 por ciento de su capacidad, una cifra lo suficientemente holgada como para garantizar el abastecimiento, pero que empieza, como contrapartida, a confirmar una caída que ya ha dejado, al menos sobre el cuadrante, de ser anecdótica. Los números, en este sentido, son contundentes. En los dos últimos años, las reservas se han dejado por el camino 180,55 hectómetros; la cantidad equivale a un 30 por ciento de lo que serían capaces de preservar en conjunto si estuvieran al cien por cien. Y lo que quizá sea todavía más gráfico: algo más de lo que demanda Málaga para su consumo en dieciocho meses, con todos sus picos de demanda en las diferentes comarcas del interior y en el litoral.

Si se analiza la evolución ejercicio a ejercicio, el resultado no ofrece un movimiento más alentador. Este año no sólo se ha alineado con la inercia a la baja de la temporada precedente, sino que ha aumentado aún más la violencia del mordisco propinado a las reservas, con un descenso de 96,08 hectómetros. Del aspecto que presentaban los pantanos a finales de diciembre de 2013, cuando estaban al 85,5 por ciento de su capacidad, se pasó en doce meses a una situación más moderada (71,74 por ciento) y de ahí a la cuota de llenado actual, 56,09, que está más cerca de la que marcó la salida en 2009 del decreto de sequía (36 por cien) que de la que reinaba en la época más solvente de la recuperación.

Las causas de este descenso continuado son variadas e incluyen algunas hipótesis de difícil comprobación. Nadie puede pontificar, al menos no de un modo científico, que se ha bajado la guardia y vuelto masivamente a abrir el grifo con irresponsabilidad, pero sí que hay circunstancias objetivas que apuntan inmisericordemente al aumento de la demanda. La más importante, el salto experimentado por el sector turístico, que, con su diez millones de visitantes anuales, supone, sobre todo en verano, un ensanchamiento exponencial de las necesidades de la población –en junio y en julio se gastaron un 58 por ciento más de recursos que hace dos años–.

Sin embargo, y por más compleja que se presuma la ecuación, en esto de la pérdida de reservas, el desencadenante principal no da lugar a vacilaciones. Más allá de la pertinencia de otro tipo de variables, Málaga pierde principalmente caudal por una razón inveterada y sencilla: las nubes, persistentes a principios de la década, le han dado la espalda. Especialmente, en los dos últimos años, que se sitúan, en cuanto a lluvias, muy por debajo de la media histórica provincial.

El pasado 3o de septiembre la provincia se despedía del curso hidrológico con un recuento bastante elocuente: las precipitaciones eran un 22 por ciento más bajas de lo que, en función de la estadística, tenían que haber sido. El otoño tampoco ha ofrecido mejoría. En el último trimestre los embalses no sólo no han levantado cabeza respecto a la merma habitual del verano, sino que se han ubicado, incluso, dos puntos por debajo. Mucho y muy variado ha de llover en los próximos meses para que se encauce la temporada, que en la comparativa anual arrastra peores números que 2014. Un año, este último, que ya de por sí acumuló menos agua en el conjunto de las estaciones de la provincia de lo que se presume como normal en la estadística. Falta generosidad en el aire.

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