Seguridad ante los terremotos

El 80% de las comunidades de vecinos de Málaga están aseguradas contra los desastres naturales

El colegio de arquitectos asegura que la mayoría de los edificios pueden soportar movimientos del suelo bruscos

27.01.2016 | 00:26
La solidez de la Catedral hace que sea estable ante terremotos como el del lunes.

Once familias son desalojadas en Melilla

  • Los servicios de Protección Civil desalojaron ayer a once familias en Melilla por los daños en sus viviendas, provocados como consecuencias del terremoto del pasado lunes. La aparición de grietas en algunos edificios y caída de techos en varias casas obligó a las autoridades a dar este paso. Así, el miedo a réplicas llevó a miles de melillenses a subir a los Pinares de Rostrogordo, en la zona norte de Melilla, para situarse en la explanada que hay frente a este bosque. De este modo, se formó una gran cola de vehículos que llegaban desde todas los lugares de la ciudad para permanecer ahí durante horas, hasta el punto de que muchos decidieron finalmente pasar la noche a la intemperie, en tiendas de campaña o únicamente tapados con mantas, para no permanecer en sus hogares por miedo a nuevas sacudidas. También buscaron otras zonas despejadas, ya fueran lugares libres de barrios como La Constitución, frente a las Palmeras, en los antiguos Conguitos, en explanadas públicas como San Lorenzo, con familias al completo dispuestas a dormir lejos de sus cuatro paredes. El terremoto también afectó al edificio del Palacio de la Asamblea, donde hay grietas y daños en las torres que la coronan, y en la Estación Marítima de Melilla, donde se ha caído parte de su techo. Los efectivos de los Bomberos, Protección Civil y el conjunto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (Policía Nacional, Guardia Civil y Policía Local) no pararon de trabajar en todo el día, tras recibirse casi mil llamadas en el servicio de emergencia 112, subrayaron las citadas fuentes.

De repente se mueven las paredes. El cristal de las vitrinas tintinea y los muebles se mueven de un lado para otro. El suelo tiembla y las luces se apagan en mitad de la noche. Edificios se derrumban como cajas de cerillas y el aire se llena de polvo. Después de algunos segundos, el suelo se vuelve a tranquilizar y lo único que se escucha son las alarmas de los coches rompiendo el silencio de la noche. En todo el mundo, las ciudades están construidas sobre terreno inseguro y el peligro incalculable de que se produzca un terremoto está latente en cada momento. Aunque Málaga no se encuentre dentro de las zonas con más riesgo a nivel europeo, la capital de la Costa del Sol sí aparece como uno de los puntos rojos dentro del mapa de peligrosidad sísmica de España. No en vano, desde que el lunes se produjo el terremoto en el mar de Alborán que sacudió toda la provincia, los sismógrafos de la Red Sísmica Nacional habían registrado, hasta ayer, unas 250 réplicas.

Asumiendo que estos movimientos bruscos de la tierra acarrean un evidente peligro tanto para los ciudadanos como para el propio patrimonio cultural, la pregunta que surge es si los edificios de la capital están capacitados para resistir la embestida de nuevos terremotos. Rotundamente, sí. Esa es la respuesta que da el decano del Colegio de Arquitectos, Francisco Sarabia, remitiéndose a una fórmula de cálculo elemental a la hora diseñar la estructura de los edificios y que responde a la abreviatura de NCSE-02.

Esta normativa, de aplicación nacional y actualizada la última vez en 2002, regula la construcción de estructuras sismorresistentes y es la principal herramienta de trabajo para los arquitectos. Define, hasta qué punto las estructuras tienen que estar construidas para resistir la aceleración sísmica que se produce durante un terremoto, y que se obtiene del mapa de peligrosidad sísmica. La aceleración sísmica es la medida utilizada en terremotos y la unidad que se utiliza es la intensidad del campo gravitorio. En Málaga, por ejemplo, es de 0,8g, mientras que en las zonas del interior no supera los 0,4g. «No es lo mismo construir aquí que en el País Vasco», afirma Sarabia. Aunque no es posible someter los terremotos a normas, estos valores sí permiten interpretar el cálculo del diseño en función de la estabilidad requerida.

Explica Sarabia que lo mejor para entender este complicado proceso pasa por imaginarse la estructura del edificio incrustada en el fundamento. «En el momento que se acelera el suelo, también lo hace el edificio. Aunque no de una manera simétrica», señala Sarabia. «Los edificios están preparados para soportar la carga vertical, pero en el caso de un terremoto, sin embargo, se produce un empuje horizontal y los edificios deben de tener la capacidad suficiente de oscilar para absorber el impacto del terremoto». explica el decano de los arquitectos. Por estas razones, la construcción de edificios requiere el uso de materiales dúctiles. Todo lo contrario que en las construcciones históricas, como pueden ser la Catedral o el propio Ayuntamiento. Aunque no hayan sido construidas para pendular, debido a su peso y el grosor en toda su edificación, estas construcciones acompañan el empuje de las aceleraciones sísmicas como un todo, como una sola pieza que se mueve con la tierra. «Que estos edificios no se hayan derrumbado a lo largo de todos estos siglos es prueba suficiente de su estabilidad», apura Sarabia, que también advierte de que «el verdadero peligro para las personas viene de los desprendimientos que se producen en las fachadas».

Por muy flexibles que sean los edificios, todo tiene un límite y Lorca ya sirvió de ejemplo para ver las consecuencias devastadoras que puede tener un terremoto. En este sentido, resulta llamativo que, según los datos que maneja el presidente del Colegio de Administradores de Fincas de Málaga, Fernando Pastor, el 20 por ciento de las comunidades de propietarios no tienen suscrita una póliza de comunidad que cubra los daños provocados por desastres naturales. «Ahorrarse el seguro puede salir infinitamente más caro», sentencia Pastor.

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La gala

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