Memorias de Málaga

"No se meta usted con las cofradías"

Las cofradías de Semana Santa tienen un gran poder en la ciudad desde tiempo inmemorial y las peñas tuvieron gran auge en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado. Un conocido periodista recibió una recomendación: no te metas con ellas

13.03.2016 | 15:11
"No se meta usted con las cofradías"

Hace unos años se incorporó a la prensa y radio de Málaga un profesional de brillante carrera en los dos medios. Me refiero a mi compañero y amigo Gonzalo Fausto, jubilado como el autor de estas líneas. De Radio Dersa de Tetuán y del periódico Hoy de Badajoz pasó a Sol de España y Radio Juventud (después Radio Cadena), dos medios de comunicación de Málaga.

Me contó en cierta ocasión que, a poco de ingresar en la redacción de Sol de España, un señor que ocupaba un importante cargo de la administración en Málaga, le dio un consejo. En pocas palabras la recomendación fue que no se entremetiera o reprobara las actividades de dos cuerpos u organizaciones muy consolidadas en Málaga; vamos que no se metiera ni con las cofradías y hermandades de la Semana Santa ni con las peñas recreativas.

Sabia recomendación porque las cofradías de Semana Santa tienen un gran poder en la ciudad desde tiempo inmemorial; cuando le hizo la advertencia en la Agrupación de Cofradías había asociadas unas treinta hermandades; hoy creo que pasa de las cuarenta. Con respecto a las peñas recreativas y culturales entonces superaban el centenar. Hoy el número ha descendido porque muchas de las competencias que atendían han pasado a las asociaciones de vecinos.

Las cofradías

Las hermandades de culto y procesión, las de pasión, las cofradías, las archicofradías€ no solo se circunscriben a celebrar cultos en honor de sus titulares y sacar los tronos en Semana Santa; la mayoría de ellas desarrollan actividades casi todas dentro de los límites propios para lo que fueron fundadas, algunas con varios siglos de antigüedad. Aparte la culminación anual de las salidas procesionales (dejo aparte la costumbre actual de sacar los tronos en invierno y verano), las cofradías contribuyen al sostenimiento de las parroquias donde se veneran las imágenes, socorren a los necesitados del entorno en el que están ubicadas, se encargan de la catequesis, colaboran juntas para atender a familias desamparadas e incluso muchas han creado a su costa bandas de música, enseñando a niños y niñas de muy corta edad a través de músicos profesionales... Su presencia en la vida malagueña es incontestable.
¿Cuántos cientos o miles de malagueños integran la gran familia cofradiera? Leí no hace mucho que sobrepasa los setenta mil. Hay cofradías con más de un millar de hermanos, otras tienen menos, otras personas no figuran como tales pero se sienten vinculadas por veneración a algún Cristo o Virgen y participan en los actos religiosos y salidas procesionales acudiendo a presenciarlas e incluso aplaudirlas€ Todo un mundo y poder cofradiero.

Censurar, criticar, mostrar animosidad contra alguna actividad o personas que rigen las cofradías es tabú; de ahí el consejo que en su día se le sugirió a un periodista recién llegado a Málaga.

Esto no es óbice para que algún cofrade, cegado por su admiración y devoción a un Cristo o Virgen, olvide algo tan evidente como la vinculación de las cofradías a la Iglesia. Una vez oí a uno de esos exaltados que no comulgaba con la tesis de un obispo de la diócesis por un pequeño roce producido en su hermandad, exclamar: «Que el obispo se meta en sus cosas y nos deje tranquilos».

El apasionado cofrade olvidó que entre «las cosas» del obispo está precisamente eso, la Semana Santa y las procesiones.

Auge de las Peñas

Las Peñas, el segundo estamento tabú de nuestro relato, tuvieron gran auge en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado; total, hace cuarenta años más o menos. Hoy subsisten muchas y su presencia se manifiesta de forma patente en la Feria de Málaga. Montaron caseta en el Real de la Feria de 2015, entre otras, Los Pastores, Puerta Blanca, La Chambra, Perchelera, Portada Alta, Los Cabales, La Espiga, El Péndulo, El Bastón, El Tomillar, El Sombrero, La Biznaga€, hasta cincuenta.

Hay otras que existen pero que no estuvieron representadas en la última Feria, otras desaparecieron o no están en la cima, como La Gran Peña, El Cenachero, El Cenicero, El Parral, Trinitaria, Los Tiesos, Los Gordos, El Palustre€ Creo que el censo llegó a superar las ciento cincuenta agrupaciones. Hoy, como apunté al principio de este reportaje, muchas de las funciones que desplegaban han pasado a las asociaciones de vecinos.

Peña Malaguista-Liceo de Málaga

De las más sobresalientes de la época fue la Peña Malaguista, cuya finalidad principal era arropar al equipo de fútbol del nombre de la ciudad, entonces C.D. Málaga. Los socios de la peña jaleaban al Málaga, organizaban viajes para acompañar al equipo cuando jugaba fuera de La Rosaleda, festejaban sus triunfos y le apoyaban en las horas bajas.

Tuvo tres sedes: Acera de la Marina, calle Larios y finalmente de la plaza del Carbón. Al fútbol unían otras actividades como bailes, concursos, elección cada año de la socio más guapa, y escribo en masculino porque entonces no se especificaba el sexo. Con el artículo era suficiente.

El primer mentor de la popular peña fue Antonio Gómez Téllez; al incorporar a su razón de ser el antiguo Liceo de Málaga, la entidad pasó a denominarse Liceo de Málaga-Peña Malaguista. Sin olvidar su razón de ser incorporó a su programa varias actividades culturales, como la creación de un premio literario, un periódico hablado con participación de artistas, escritores y periodistas, veladas musicales€ Los innovadores fueron Andrés García Maldonado, como presidente, y Luis Armentia, como organizador de toda clase de actividades.

El Cenachero

La Peña El Cenachero, a poco de nacer y establecerse en la primera planta de la calle Granada, se transformó en Centro Cultural. Aunque la presidencia la ostentaba Francisco Repiso, uno de sus impulsores más destacados fue José Luis Cuberta Graña, muy aficionado al flamenco y promotor de varias ediciones de la Semana de Estudios Flamencos que se celebraba en Alay. Del largo historial de esta peña hay que destacar el pregón anual dedicado a la figura del Cenachero –figura típica malagueña del vendedor de pescado–, la creación del premio del mismo nombre consistente en una reproducción en bronce del pregonero de los frutos del mar y otros actos culturales relacionados con Málaga.

Los premios Cenachero se concedían cada año, reservado, según su convocatoria, «a periodistas que más se distinguieron a lo largo del año, a nivel nacional y local, en destacar las cosas y los hechos de Málaga». Los premios de 1987 recayeron sobre Alejo Jesús García (el nacional) y al autor de estas líneas, el local.

El Sombrero

Quizá la peña que más se movió en aquellos años fue El Sombrero, con sede en el barrio de la Trinidad. Construyó su sede en pleno barrio, y durante un par de decenios, destacó en todas las actividades e iniciativas llevadas a cabo.

Una de las más originales, repetidas de forma periódica, fue la subasta con algún fin benéfico. Uno de los centros más favorecidos, porque era uno de los más necesitados, fue el Asilo de los Ángeles, que hoy, en 2016, sigue padeciendo la falta de medios para atender a los ancianos recogidos y atendidos por incansables monjas.

El mismo día de la subasta se anunciaba el artículo u objeto a subastar. Se fijaba, como punto de partida, una cantidad simbólica, por ejemplo, 100 pesetas. El primero que levantaba la mano cubriendo la puja, al ser desplazado por un segundo licitador que ofrecía ciento cincuenta, depositaba las 100 pesetas que se destinaban al fin propuesto. Si el segundo que había subido la puja a ciento cincuenta era superado por un tercero con doscientas, hacía lo propio. Todas las pujas iban a un fondo. Cuando el último licitador se hacía con el objeto porque nadie pujaba más y entregaba la cantidad del remate y adjudicación, ese dinero se sumaba al recaudado en cada una de las pujas. Total, una manera simpática y generosa para ayudar a una institución como el Asilo de los Ángeles.

Entre las muchas actividades llevadas a cabo por El Sombrero figuró un viaje a México, al que se apuntaron numerosos socios. Cuando la expedición llegó a aeropuerto de México D.F., al pasar la aduana le confiscaron dos o tres jamones que la peña iba a utilizar en un guateque o celebración a la que habían invitado al gobernador de la populosa ciudad. Los productos derivados del cerdo no podían entrar en el país.

Durante la celebración del acto, al que asistió el citado gobernador, Cristóbal Ruiz Molero, que era uno de los integrantes del grupo, le informó de la requisa de los jamones en el aeropuerto, lamentando no poder disfrutar en la reunión de un producto tan español y sabroso como el jamón.

El gobernador reaccionó: Ahora mismo mando a un propio al aeropuerto para que le entreguen los jamones y los traiga aquí€, si es que no se lo se han comido ya.

El encargo se cumplió a medias porque el temor del gobernador se había cumplido: los aduaneros se los habían zampado

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