Turismo

La revolución de las otras Kellys

Las camareras de piso de los hoteles empiezan a organizarse en grupos espontáneos y sindicales para denunciar la degradación sistemática de su salario

31.03.2016 | 05:00
Una empleada ultima la limpieza de una habitación en un hotel de Málaga.

El sindicato CCOO asegura que el 90 por ciento de las trabajadoras se ven obligadas a dejar el trabajo antes de la jubilación por enfermedades relacionadas con el esfuerzo. Sus nuevas condiciones, declaran, son herederas de la reforma laboral y la tendencia cada vez más común de externalizar el servicio a la baja.

Miles de movimientos. Muchos de ellos acelerados, de una brusquedad forzosamente de gimnasio. Kilos de peso a sus espaldas, torsiones, montañas de estrés. Y todo por el mismo precio por el que cuesta una lata de refresco en una tienda cercana a la playa. ¿Se han preguntado alguna vez por el número de maniobras físicas que hacen falta para acondicionar a la perfección una habitación? Pues eso es lo que en los hoteles de la Costa del Sol, con todos sus récords de afluencia de turistas, se está pagando actualmente a 2 euros. Y en la mayoría a trabajadoras con décadas de experiencia y cuya paciencia ha tocado fondo. Especialmente, después de la aplicación de la reforma laboral, que ha supuesto, según CCOO, un envilecimiento salvaje de sus condiciones de trabajo.

Las camareras de piso, que representan el 25 por ciento del empleo en los alojamientos, se han sublevado. Y han empezado a organizarse en torno a grupos que, en contacto con el sindicato, han contribuido a denunciar el terrorífico régimen laboral en el que transcurre su vida diaria. El último en hacerlo, el colectivo de Las Kellys, un movimiento surgido a partir del contacto en las redes sociales, y que tiene como objetivo sensibilizar a las instituciones acerca de una realidad que tiene muy poco que ver con la teoría del llamado mundo desarrollado. Incluso, en esta época, tan poco amiga de la protección de los derechos en los centros de trabajo. Pepi García Lupiáñez, delegada sindical y empleada de un hotel de Torremolinos, alude a jornadas draconianas, que duplican el número de horas recogidas en el contrato, cargas indecentes por persona y un modelo del sistema de turnos que perfectamente pueden obligar a concatenar hasta una quincena sin descanso. Las camareras están extenuadas. Y el dato, aportado por Lola Villalba, es escalofriante: desde que se recrudeció su situación, el 90 por ciento no llega a la jubilación por culpa de enfermedades relacionadas con el esfuerzo diario.

Gonzalo Fuentes, de CCOO, ha sido uno de los activos en la elaboración del libro Las que limpian los hoteles (Icaria), de Ernest Cañada. Un volumen en el que se identifica, y con la voz de sus protagonistas, algunas de ellas malagueñas, el origen de los abusos de los que hablan las empleadas; con la nueva legislación en curso, muchos hoteles optaron por sacar de sus plantillas a las camareras de piso y contratar para la limpieza a empresas externas que ofrecían el mismo servicio a un precio más barato. Por supuesto, no por obra y gracia de la ingeniera financiera, sino porque al retirar la reforma laboral la prevalencia del convenio colectivo, las firmas pueden asirse a sus acuerdos particulares, que se guían por tablas salariales notablemente más bajas. Esto, reseña Fuentes, ha provocado que muchas trabajadoras pasen de percibir los 20.000 euros firmados en el sector a menos de 14.000; con el revés añadido del aumento del número de habitaciones y del ritmo de trabajo.
Las Kellys, al igual que el libro de Cañada, describen en ese sentido un panorama demoledor y en primera persona: mujeres que contraen enfermedades como la artrosis o que recurren a estimulantes para asumir las nuevas exigencias, que se escriben, además, sobre un trasfondo social de pavor a la cola del paro. «Es increíble que en el siglo XXI haya trabajadoras que enfermen por ejercer su profesión. Hemos retrocedido en esto doscientos años», precisa.

Entre las reivindicaciones de las empleadas, destaca la reducción de la edad de jubilación y la imposición por ley de un principio con el que coqueteó la Junta de Andalucía en el periodo del bipartito y que perdió fuerza a la hora de llevarse a cabo: la de poner en relación la categoría de los hoteles con la calidad de los contratos con los que trabajan los empleados. «Estamos hablando de deterioro del sector. Un hotel no puede tener cuatro estrellas y al mismo tiempo hacer que buena parte de sus empleados, los que más en contacto están con los clientes, trabajen en estas condiciones», insisten.

Tanto Las Kellys como los sindicatos alertan de que la externalización de los servicios forma parte de la estrategia de los establecimientos para ampliar los márgenes de beneficio. «Pronto el único trabajador que quede adscrito al hotel será en puridad el director», ironiza Fuentes. En la Costa del Sol el colectivo de las camareras de piso está integrado por alrededor de 3.000 trabajadoras. La cara amarga del éxito del que se presume últimamente en el turismo.

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