La señal

Madame Claude y el amor

03.04.2016 | 05:00

Y ahora nos enteramos de que Ecuador también financia a un bufete vinculado a Podemos y que coordina el diputado Rafael Mayoral. Kinema fue contratada por el gobierno de aquel país para asesorar a sus nacionales en los desahucios. Este año recibió un pago de 760.000 euros. No está mal. Yo creo que Pablo Iglesias se preguntó quiénes son los enemigos de España y, ni corto ni perezoso, llamó a sus puertas. Curiosamente, se trata de dos dictaduras y una, además, teocrática, así que hicieron buenas migas y el mix bolivarianochiita, como sostiene la UDEF, se puso en marcha. Igualito que Sancho, vamos, que le dice al barbero: «Yo no estoy preñado de nadie ni soy hombre que me dejaría empreñar del rey que fuese».

Iglesias es de Ciencias Políticas, aunque también de La Gran Mancha, vaya usted a saber lo que quiero decir. Otros son periodistas metidos a políticos, como Alejandro Lerroux, don Ale, en su tiempo. Ximo Puig y Carles Puigdemont ejercieron el periodismo, Uxue Barkos trabajó en la ETB presentando el teleberri y fue corresponsal en Madrid. Pero estos son otros tiempos, en las Cortes de 1931 había hasta 47 reporteros con escaño. Ahora lo que hay por todas partes son corruptos y muchas personas honestas que no saben cómo salir de aquí.

Quizá Bernardo de Gálvez, un héroe recuperado, levantaría la espada. Mi admirado Blas de Lezo seguro que escarmentaría a más de un malandrín. Pero dejemos esta guerra sucia y desigual en la que, además, el que debería no quiere pasar de las musas al teatro, pasemos pues nosotros al amor, ¿habrá algo más sublime? En estos días de zozobra, hasta los notarios entran en el negocio del amor, ya pueden casar o divorciar gracias a la ley de jurisdicción voluntaria.

Para Madame Claude, la célebre proxeneta francesa, sí que era el amor un gran negocio. Acaba de fallecer a los 92 años; Fernande Grudet era su verdadero nombre, llegó a tener una red de 500 mujeres y algunos hombres de lujo. Era discretísima sobre sus clientes, ni la propia inteligencia gala, la DST, le arrancó una sola confesión. La Madame sirvió de inspiración a Just Jaeckin, autor de Emmanuelle, ¿recuerdan? Tengo que comentárselo a Pedro Pizarro con quien hablo de arte y libros en compañía de Juan Carlos Martínez Manzano. En Las cinco esquinas, Vargas Llosa también describe otros amores, alguno de ellos lésbico.

Mientras, Daniel Sánchez anda luchando en Quirón, el que fuera portavoz en la Diputación ahora libra otra batalla. Gran persona, cariñoso, genial. Un día me comentó las ventajas de Natur House, la empresa de Félix Revuelta –que en Estepona tiene un hotel, Las Dunas–. Otro portavoz del mismo partido en la Diputación fue Pepe Gordo Toré, que no sé por qué también se puso a dieta con esta firma. Todavía recuerdo cuando Gerardo Fernández Albor, que fue presidente de la comunidad gallega, venía a la Diputación a esperar a su amada, que trabajaba como técnica en el grupo popular, y se sentaba el hombre en un banco hasta que daban las tres, mientras los conserjes cuchicheaban. Bueno, aquella mujer tuvo muy altos pretendientes, hasta uno que se sentaba en el Consejo de Ministros y que llegaba al aeropuerto de Málaga, se subía a un automóvil que le estaba esperando y salía disparado para el Camino Nuevo, donde vivía aquella señora, después se mudó al Rincón. Eran los tiempos del Lemon. En sus jardines tuve muchas confidencias, apenas se veía.

Por cierto, como expone Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional, los científicos piensan hoy que en la naturaleza los elementos invisibles son, al menos, tan importantes como los visibles. Pone como ejemplo las ondas ultravioletas, infrarrojas y de radio. Yo pondría el miedo y el amor, que también son invisibles. Tampoco hoy nadie discute la existencia de la materia oscura, su abundancia en el Universo es seis veces mayor que la materia ordinaria, aunque su naturaleza siga siendo un misterio. Como escribió con tanta belleza Saint Exupéry: «Sólo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos».

Joan Margarit lo decía de otra forma:

Cuando tiembla el perfume
nocturno del jazmín,
el pozo de tu cuerpo
se abre dentro de mí.
Desvanecido amor:
eres un leve viento
que hace temblar la llama
de una pequeña vela
que señala el futuro.
Hoy que ya se ha apagado,
aún tiembla tu sombra,
sólo tu sombra, en mí.

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