Memorias de Málaga

Málaga en llamas, Muerte en Málaga

Los dos libros, el primero de la norteamericana Gamel Wosley y el segundo del diplomático norteamericano Edward Norton, cuentan con objetividad la guerra civil desde el punto de vista de dos extranjeros

15.05.2016 | 05:00
William Harmon, sobrino de Edward Norton, con un ejemplar de Muerte en Málaga en 2005.

La esposa de Gerald Brenan, la periodista norteamericana Gamel Woolsey, en su juventud pretendió ser actriz de teatro. Probó fortuna en Nueva York. La pareja se conoció en Londres. Sin entrar en más detalles sobre la vida anterior de ambos, la pareja se estableció en Yegen, pueblo de Granada, que por aquel entonces –sobre los años veinte del siglo pasado– tenía unos mil habitantes. Años después, el matrimonio se mudó a la provincia de Málaga, concretamente a la barriada de Churriana.

La guerra civil española –1936– les sorprendió en Málaga. Ante el dantesco espectáculo de media Málaga envuelta en llamas y humos producidos por los incendios provocados por las turbas, y todo lo que sucedió entre julio del citado año y febrero de 1937, Gamel Woolsey, en su condición de periodista y escritora, recogió sus impresiones en un libro cuyo título dice todo: Málaga en llamas.

El libro, editado en España en 1998 por Temas de Hoy, colección Historia Viva, si se superan todos los trámites que aclaren quién es el actual propietario de los derechos, tal vez inspire una película que quiere llevar a cabo el actor y director malagueño Antonio Banderas.

Edward Norton

Edward Norton, diplomático norteamericano nacido en 1874, después de desempeñar el cargo de cónsul de su país en Asunción, capital de Paraguay, fue nombrado cónsul en Málaga en 1909. Tras un largo periplo por el mundo con estancias en Bombay y Sydney, en 1927 dimitió como miembro del Comité Ejecutivo de la Junta de Personal del Servicio Diplomático de Estados Unidos por disconformidad con el sistema de selección de personal para ocupar las vacantes consulares. Al privar los criterios políticos sobre los profesionales de la diplomacia, el señor Norton dejó su privilegiado cargo y se vino a España, concretamente a Málaga, donde en 1931, después de residir con su esposa en el Hotel Miramar, adquirió un inmueble en la zona del Limonar, al que dio el nombre Los Pinos. La mansión no existe pero el nombre de Pinos del Limonar se conserva.

Norton vivió en primera persona dos sucesos que marcaron una época negra de España en general y de Málaga en particular: la proclamación de la República en 1931, con la quema de iglesias y conventos en nuestra ciudad, y la guerra civil, 1936-1939.

Cuando falleció en Málaga en 1959 –está enterrado en el cementerio inglés–, su sobrino William Whitaker Harmon, vendió Los Pinos en 1968 y mandó la mayor parte de las posesiones de los Norton a su casa de Chicago. Entre muchos cuadros, libros y muebles que heredó encontró doce volúmenes escritos a máquina y encuadernados de sus diarios anuales, entre los que se encontraba el borrador mecanografiado de un libro titulado Muerte en Málaga.

En 2004, traducido por María José Navarrete Alonso, Muerte en Málaga fue editado por el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Málaga, Real Academia de Bellas Artes de San Telmo y la Fundación Unicaja.

Desconozco si están o no descatalogados, pero si alguien está interesado en adquirirlos podrá recurrir a una librería de viejo o libros de ocasión. Seguramente los hallará. En la bien nutrida y cuidada biblioteca del Real Club Mediterráneo se encuentran los dos, por cierto muy leídos, según las fichas de préstamos.

Dos libros que hay que leer

Si traigo a colación ambos títulos es porque se han publicado libros sobre hechos y sucesos que, en algunos casos, de forma torticera, se enjuician situaciones y casos muy concretos de lo que ocurrió en Málaga en los dos periodos narrados por Edward Norton y Gamel Woolsey.

El autor de estas líneas, preocupado por el clima que se respira en sectores de la sociedad actual, ha releído los dos libros de referencia, elegidos, obsérvese, por estar escritos por no españoles, sino por autores no comprometidos con ninguno de los bandos que protagonizaron años de lucha fraticida que hay que conocer pero no juzgar, precisamente para no recaer en ellos. La historia es para conocerla para no recaer en sus errores.

Gamel Woolsey y Edward Norton eran de nacionalidad norteamericana y, por lo tanto, neutrales a lo que estaba sucediendo, aunque sí preocupados por lo que estaba ocurriendo en España. No he querido recurrir a ningún libro de autor español o malagueño precisamente para evitar contradicciones, desencuentros o ideas opuestas. Ni siquiera cito esos libros para no influir por preferencias o diferencias. Lo más ecuánime, lo más imparcial, lo más neutral, pienso, es lo que contaron esos dos autores, testigos de excepción de lo que sucedió y narran con claridad y sin inclinarse por uno u otro bando.

El desbarajuste

Norton (página 79) escribió referido a las Cortes españolas en 1931: «Las Cortes que se congregaron en Madrid a mediados de junio se componían de 470 diputados que representaban a 25 grupos políticos. Había 113 socialistas, 88 radicales, 52 radical-socialistas, 24 agrarios y 46 independientes catalanes y los demás 147 representantes se distribuían entre los 20 partidos políticos».

Mismo autor, página 311: «Había seis gobiernos diferentes en la zona roja: el estado independiente de Cataluña, un gobierno moderado de izquierda en Alicante, un violento gobierno izquierdista en Valencia, un gobierno autónomo en las provincias vascas, uno comunista en Málaga y el gobierno central de Madrid, que ahora tenía su sede en Valencia».

Página 91: Fue en Asturias donde nació la «primera República Soviética en España; los socialistas, anarquistas y comunistas del norte formaron un ejército rojo que luchaba por los principios soviéticos. Se puso en circulación una moneda con la hoz y el martillo de Moscú. Cuarenta mil volúmenes de la biblioteca de la Universidad de Oviedo fueron destruidos».

Página 262: «Miles de personas asustadas y míseras llegaban a Málaga desde los pueblos del interior y ciudades costeras. En el norte, los nacionales habían tomado Peñarrubia y los habían retrocedido hasta Ardales».

Del libro Málaga en llamas, página 33: «Ha habido un levantamiento y han prendido fuego a la ciudad. Bajo una capa de humo, Málaga yacía a lo largo de la bahía. El humo ocultaba la ciudad y avanzaba sobre el mar. Málaga se estaba quemando».

En la página 57 del mismo libro, la esposa de Brenan escribe: «La quema de edificios había sido una orgía en la que seguían regocijándose hasta la saciedad entre las cenizas. Aquellos hombres con semblantes enajenados de las calles de Málaga que parecían drogados por la lujuria del fuego».

«Don Carlos (se refiere la autora a don Carlos Crooke) tenía la desgracia de tener un apellido famoso. En aquellos tiempos tener un nombre famoso era fatal para muchas personas. A uno de sus sobrinos de dieciocho años lo mataron por ese apellido».

Setecientas páginas

Entre los dos libros de referencia suman más de setecientas páginas donde se relacionan las iglesias y conventos quemados, la destrucción de las viviendas de La Caleta, Limonar y Miramar, fusilamientos, los bombardeos sobre la ciudad con muertes de mujeres y niños, el que afectó a los depósitos de la Campsa, el sanguinario resultado de la bomba que cayó sobre los Almacenes Masó en la calle Martínez, la falta de alimentos, el desconcierto de los habitantes, el terror de la gente humilde por la llegada de los «moros», la falta de combustible para calentarse y cocinar, los constantes repiques de campanas avisando de la llegada de aviones y bombardeo indiscriminado sin objetivos concretos€ acciones llevadas a cabo por uno y otro bando.

En el libro de Norton se dan nombres y las condiciones en que fueron asesinados, unos por vestir con chaqueta y corbata y otros como represalias por los bombardeos de los aviones alemanes que apoyaban a los nacionales y que causaron daños y muertes a la población civil.

Uno de los programas a llevar a cabo, entre otros puntos, figuraban los que recojo literalmente: 3) Eliminación de los distintos ministerios; de ahora en adelante los «departamentos»· gobernarán España; 6) Abolición de la actual forma de administración de justicia, que será sustituida por «tribunales populares»; 7) Incautación provisional de todos los bancos, repudio de la deuda nacional: 8) Incautación de las propiedades de la Iglesia, de los grandes terratenientes, de todas las industrias y de todos los individuos que presten ayuda al movimiento fascista€

Lean, si tienen tiempo, los dos libros que he citado. Quizás asocien lo que sucedió España entre 1931 y 1939 con lo que ocurre en el momento presente.

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La gala

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