Turismo

El efecto Brexit disminuye la inversión británica en la Costa

La amenaza de ruptura con Europa genera dudas a empresas y turistas del Reino Unido

13.06.2016 | 00:55

La devaluación de la libra hace temer un encarecimiento súbito de las vacaciones en Málaga

­La posible salida de Gran Bretaña de la Unión Europa, que se someterá a votación el próximo 23 de junio, empieza a arañar los intereses estratégicos de la Costa del Sol. Con las encuestas todavía en el aire, son cada vez más los economistas que advierten del varapalo que puede suponer para las finanzas de las islas el tan cacareado Brexit. Especialmente, en lo que respecta a la recientemente pacificada relación del euro con la libra, que determina el grado de poder adquisitivo de los ingleses y, por tanto, también su capacidad para invertir en lugares como la provincia.

De momento, los efectos del debate no han repercutido en el turismo, que tiene en la clientela británica su verdadero termómetro. Los ciudadanos de las islas, también este verano, volverán a ser mayoría en Málaga, lo que no quita que exista preocupación en la industria. Sobre todo, en el apartado residencial, que sí ha empezado ya a mostrar dudas. Ricardo Bocanegra, presidente de la Federación de Asociaciones de Extranjeros de la Costa del Sol, habla de una moderación de las ventas provocada principalmente por la incertidumbre. Los compradores británicos prefieren esperar; son muchos, quizá demasiados, los interrogantes en curso. «Evidentemente no es nada positivo. Muchos de los que habían decidido invertir se han echado para atrás y están a la expectativa», puntualiza.

La ruptura con Europa es vista como una amenaza por muchos especialistas, que creen que tanto el alcalde de Londres, Boris Johnson, como los partidarios del Brexit no han sabido medir bien el caos financiero que podría suceder a la reconfiguración administrativa de las islas. Una de las consecuencias más temibles, ratificada recientemente por el Banco de Inglaterra, es la que afecta a la moneda, que se desplomaría, con un cota de devaluación que actualmente se calcula entre el 15 y el 20 por ciento. Eso significaría que los turistas británicos dejarían automáticamente en muchos casos de percibir la Costa del Sol como un destino accesible. De hecho, ya hay precedentes, si bien motivados por razones muy distintas. En 2008, al inicio de la crisis, la caída de la libra frenó en seco la evolución del mercado en la provincia, dejando que la mayor carga de resistencia recayera en los viajeros españoles y de otros países.

Los turistas británicos, en pleno crecimiento, son esenciales para la Costa del Sol. Buena parte de la salud de la actividad, al menos, en la provincia, depende de la fortaleza con la que se enuncie la demanda. Un ejercicio positivo en cuanto a la llegada de turistas de las islas es, por lo general, y sin necesidad de evaluar otros parámetros, un buen ejercicio para la provincia. Es por eso que han saltado las primeras alarmas, ya contrastadas en las ventas inmobiliarias. La salida unilateral de la Unión Europea sitúa a ingleses, galeses y escoceses en un escenario complejo y desconocido. Ricardo Bocanegra resume: «Todo dependería de si se alcanza algún tipo de acuerdo específico posterior, pero no está garantizado al cien por cien que los británicos puedan gozar después de derechos como la libre circulación o la cobertura sanitaria», indica.

La pérdida del estatus especial que acoge al Reino Unido en sus relaciones con Europa pone en este sentido en riesgo otro fructífero negocio para la provincia, el turismo sanitario, que funciona como un imán entre los turistas más veteranos. En un mundo cada vez más impredecible, la Costa del Sol se ha acostumbrado a vender seguridad. Y esa sensación mengua ostensiblemente cuando se dificulta el acceso a los hospitales.

Bocanegra confía en que el Brexit no prospere y la votación del día 23 de junio acabe con el debate. Sería la mejor noticia para una industria, la turística, a la que le ha costado mucho remontar y alcanzar de nuevo los números y la capacidad de regeneración que tenía antes de la recesión económica. El lado más sensible, una vez más, está en los devaneos de la libra, que es la que regula, en última instancia, el apego de los británicos por lugares como Torremolinos, Fuengirola o Marbella, donde los precios les siguen siendo favorables.

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