Caso Malaya

El enigma del peregrino Carlos Fernández

Los juristas no se ponen de acuerdo en si los delitos que se le imputan, entre ellos blanqueo y malversación, prescriben a los diez o a los quince años

03.07.2016 | 05:00
El exconcejal andalucista Carlos Fernández.

Ahora se cumplen diez años desde la huida del exconcejal del PA en Marbella después de que el juez Miguel Ángel Torres le diera unos días para que se presentase en el juzgado mientras hacía el Camino de Santiago - Su rastro se pierde en Argentina aunque la rumorología oficiosa lo sitúa continuamente en Marbella

Si hay algún huido de la justicia española que haya adquirido categoría de leyenda ese es Carlos Fernández, el exedil del PA en Marbella que aupó al poder a Marisol Yagüe desde agosto de 2003 a marzo de 2006, cuando la operación Malaya hizo saltar la corporación por los aires, podrida de corrupción. El 27 de junio de 2006 el juez Miguel Ángel Torres encargó la segunda tanda de detenciones, entre la que se encontraba la del exconcejal, pero este hacía esos días el Camino de Santiago, por lo que pidió más tiempo para personarse ante el magistrado y contestar a sus preguntas. Esa comparecencia nunca tuvo lugar, porque el peregrino Carlos Fernández abandonó España por la frontera portuguesa y su rastro se pierde en el aeropuerto argentino de Ezeiza. Hoy, muchos especulan con que, tras una década, sus delitos estarían prescritos y, por tanto, nada debe temer de la justicia y hasta dicen que podría presentarse en sociedad dentro de unos meses, pero entre los juristas hay controversia al respecto.

Fernández tenía, entre otros, el delito de blanqueo de capitales endosado a su chepa. Este prescribe a los diez años, es decir ya. Pero cabe recordar, como explica un abogado marbellí, que hay muchos convenios urbanísticos en los que están implicadas las juntas de gobierno de la época de Marisol Yagüe, lo que supone que muchos exconcejales del GIL están aún respondiendo por esos hechos. En alguna de ellas podría estar Carlos Fernández –son decenas–. «La malversación prescribe a los diez años, pero si la cantidad malversada es de mayor cuantía se incluye una agravante y la prescripción se va a los 15 años. No en vano, yo ahora he pedido la prescripción para algunos concejales al entender que ya ha pasado una década y el fiscal está defendiendo que son 15 años», señala para concluir: «A priori tendría que tener cuidado».

Seguramente, Carlos Fernández habrá pensado durante su prolongada fuga en Pepe el del Popular. Este banquero huyó en 1991 a México después de dejar un agujero de más de seis mil millones de pesetas en la sucursal del Banco Popular que dirigía en Santander. En 2009, fue detenido cuando trataba de cruzar la frontera entre Estados Unidos y México, pero tras su extradición a España se determinó que sus delitos habían prescrito.

Otro jurista madrileño, conocedor a fondo del sumario del caso Malaya, cree que el blanqueo sí ha prescrito a los diez años, «porque se le aplica el Código Penal antiguo; el día que vuelva se le exonera de todo. Su idea será hacer lo mismo que Pepe el del Popular y disfrutar de las rentas».

Pese a que Fernández lleva diez años fugado, todo tipo de teorías rodean su mutis por el foro y la rumorología oficiosa lo sitúa en numerosos restaurantes y cafeterías de Marbella o, incluso, cenando tranquilamente en Puerto Banús. También se llegó a decir que era la garganta profunda de la Fiscalía Anticorrupción en Malaya y, por eso, recibió un trato especial que incluiría cómodas facilidades para la fuga, lo que siempre han negado las fuentes oficiales y algunas oficiosas. Un abogado malagueño recuerda que el sumario de Malaya es una eficaz y magnífica investigación policial en base a los acrónimos hallados en los archivos de Maras Asesores, en los que Roca consignó las iniciales de quienes le sobornaron y a quienes sobornó él, por lo que el testimonio de Fernández habría influido muy poco. Sin embargo, el jurista madrileño insiste: «Esa fuga es muy sospechosa, hubo algún tipo de acuerdo. Si no es muy extraño, todo el mundo lo veía por Marruecos y la Costa del Sol como Pedro por su casa. Yo creo que fue una garganta profunda».

Fernández le escribió una carta en los noventa a Jesús Gil y este, conmovido, lo incluyó en su equipo de Gobierno. Sin embargo, se vio implicado en un lamentable escándalo de apropiación indebida cuando era edil de Deportes que, andando el tiempo, le valió una condena por quedarse 80.000 euros del Consistorio. Aquello hizo que Gil se deshiciera de él, pero Fernández, histriónico y buscavidas, se reinventó como líder del PA en Marbella y en agosto de 2003 participó en la moción que descabalgó de la alcaldía a Julián Muñoz.

Hasta marzo de 2006, en que estalló Malaya, dio muchas fiestas en su lujosa casa de Cabo Pino y lecciones de democracia a toda la corporación, pero cuando el juez Torres llamó a su puerta acabó huyendo. La policía dice que salió de España por la frontera portuguesa y que aterrizó en Argentina. Desde entonces, nada se sabe de él. Luego, hubo quien lo situó en Marruecos y en Túnez, donde su entonces abogado llegó a decir que estuvo enfermo de culebrina. Incluso, ya en el juicio, la exalcaldesa dijo en su declaración: «Que lo busquen en Argentina», lo que obligó al presidente del tribunal, José Godino, a mandar sus palabras a la policía para que investigara esa pista. Sin embargo, la búsqueda no es activa sino que se basa en que él cometa un error, que pague con su tarjeta o se aloje en un hotel con su identidad.

Durante años, un exinspector de policía le siguió la pista a Fernández y, aunque él niega la hipótesis de que sea un garganta profunda protegido, nunca entendió por qué no se pinchó el teléfono de la familia del huido, que vive en un barrio de la capital.

Según su versión de la historia, Fernández ya estaba en Marruecos cuando se decretó la orden de detención y, pocos meses después, acompañado de un protector, abandonó el Magreb en dirección a Argentina con un pasaporte irlandés. Allí estuvo un tiempo y luego fue, según el inspector, a París, donde pasó varios meses. Desde allí volvía a visitar de vez en cuando Marbella y acudía a las lujosas fiestas organizadas por su protector, un conocido y octogenario constructor anglojudío. Para moverse, usaba siempre las zonas VIP de los aeropuertos. Finalmente, volvió a Marruecos para perderse allí. Esta cara B de la historia oficial nunca se ha podido comprobar, pero el inspector insistía en que incluso visitaba a su familia en Navidad y en vacaciones.

Además de Fernández, hay otros ilustres fugados en el caso Malaya: el abogado alemán Juan Germán Hoffman y el empresario José Manuel Carlos Llorca –también imputado en los casos Ballena Blanca y Forum Filatélico–. La década que lleva fugado Carlos Fernández coincide, precisamente, con la detención del empresario Andrés Liétor, que fue arrestado en Venezuela el 22 de junio después de más de dos años. Nadie sabe si el peregrino volverá a aparecer en escena pero debería tener cuidado si decide hacerlo.

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