Mirando atrás

Historia de la Medicina local en 16 años

El pediatra malagueño Gabriel Prados acaba de publicar el último de los cuatro volúmenes de su gran obra Málaga y sus médicos, en la que ha estado trabajando desde el año 2000

10.07.2016 | 01:11
El pediatra Gabriel Prados, autor de los cuatro tomos de Málaga y sus médicos, en un rincón del Colegio Oficial de Médicos esta semana.

Este cuarto volumen está centrado en el periodo 1880-1900.

Gabriel Prados Carmona (Málaga, 1949) ha visto cumplidos en su vida algunos sueños. Uno de ellos, el que el hijo de una modesta familia de Huelin como él, de padre panadero y madre ama de casa, pudiera estudiar en la Universidad de Granada la carrera de Medicina. «Tuve la suerte de que me dieran una beca, cuando empecé en Granada, en el 69, todavía no había Medicina en Málaga», confiesa.

Otro de sus sueños cumplidos fue seguir su vocación, pues aunque estudió el bachillerato de Letras, pronto supo que era la Pediatría: «Creo que desde un primer momento fue un ideal mío hacer Medicina de niños». Trabajó de médico de urgencias en Carlos Haya, fue coordinador del servicio y hacia 1985 le ofrecieron ser el pediatra del nuevo centro de salud de La Palmilla, donde «he estado encantado 15 años, hasta que en 2000 me jubilo por enfermedad».

Y fue entonces, con la prematura jubilación, cuando este afable médico le propuso al entonces presidente del Colegio Oficial de Médicos, Enrique López Peña, escribir una historia de la institución.

El doctor Prados confiesa que fue «un cambio absoluto de profesión»: Se convierte en escritor e investigador y para ello ocupa un pequeño despacho de la biblioteca colegial. En estos 16 años de trabajo continuo Gabriel Prados ha publicado, con la colaboración del colegio, cuatro tomos de la serie Málaga y sus médicos, una completísima historia no sólo de la Medicina y los médicos malagueños sino también de la ciudad a lo largo de 110 años.

Como destaca, el primer tomo, publicado en 2006, analiza el periodo que va de 1921 –cuando el Colegio Oficial de Médicos estrena su primera sede en la calle Marqués de Guadiaro– hasta la Guerra Civil; el segundo desde 1936 hasta la construcción del Carlos de Haya; el tercer tomo examina el periodo que va desde la llegada del hospital hasta la de la Universidad y ahora, con el cuarto, publicado este año en la editorial de internet Lulu. com, con un precio de 24 euros, viaja a los orígenes para estudiar el periodo de 1880 a 1900, con el subtítulo: De Colegio Médico a Colegio Oficial de Médicos de Málaga.

La serie Málaga y sus médicos es una gran novedad porque nadie había investigado con tanta profundidad todo este periodo, por eso cuenta que son muchos los investigadores que llaman interesados por la obra.

Pero además, Gabriel Prados ha compaginado los últimos años de trabajo con la elaboración de su tesis doctoral, que comenzó con 61 años, otro de los sueños cumplidos, y que ha podido llevar a cabo pese a los achaques de salud. La tesis, sobre los inicios de la Radiología en Málaga, recibió sobresaliente cum laude y como explica, la elaboración de la tesis le ha permitido aplicar métodos parecidos al último volumen de Málaga y sus médicos, lo que a su juicio la convierte en la obra mejor elaborada y con carácter más científico.

Como en el resto de la serie, la biblioteca del Colegio Oficial de Málaga y las distintas hemerotecas de los archivos de Málaga, en especial el Archivo Díaz de Escovar, han sido las fuentes primordiales. «Por suerte, en la biblioteca hay dos tomos de una revista, La Clínica de Málaga, de 1880, que comenzó cuando se formó una agrupación colegiada de médicos», explica.

Precisamente, el mencionado subtítulo de esta obra, De Colegio Médico a Colegio Oficial de Médicos de Málaga, narra la importante transformación de la institución, pero también la oposición de muchos colegas a incorporarse a esa primera agrupación colegiada: «En 1880 empezó un colegio de médicos que no era oficial, eso se planteó en 1894, cuando se hizo el reglamento. La llegada del colegio fue un bombazo y la gran mayoría, al no ser algo obligatorio, no se apuntó», detalla el autor.

El pediatra explica el rechazo en que el de médico «era una profesión liberal y no podían estar sujetos a nadie, y menos a un colegio que le iba a pedir unas cuotas, etc...».

Con tan tibio recibimiento, no es extraño que la institución no tuviera una sede. «Se reunían en la Sociedad Económica de Amigos del País y en la Sociedad Malagueña de Ciencias, donde celebraban sus sesiones, pero de una y otra los echaron porque no pagaban la cuota», sonríe. Como apunta, el primer presidente del colegio oficial será Francisco García Guerrero, ya en 1917 y como se ha comentado, hasta cuatro años después los médicos de Málaga no tendrían su primera sede.

Los niños pobres

Uno de los asuntos que más le ha llamado la atención a Gabriel Prados ha sido la penosa situación de los niños pobres. «Hay montones de anécdotas de niños, que estaban clasificados en colilleros, pedigüeños...». A ese respecto, por ejemplo, se relatan anécdotas de ladronzuelos que robaban a los pescadores para llevar algo para comer o cómo niños de seis y siete años robaban ropa en los lavaderos públicos de la calle Cauce, la Alameda de Capuchinos y Olletas; sin olvidar que «con lamentable frecuencia eran encontrados en los más apartados y solitarios lugares de las iglesias los cadáveres de niños recién nacidos que eran abandonados allí por sus familiares».

El hecho de que el libro haga un repaso tan exhaustivo de la ciudad permite seguir en esas últimas dos décadas del siglo XIX los grandes temas como los planes para demoler la Alcazaba por su lamentable estado y haberse convertido en un barrio hacinado y de poca higiene; los estragos del terremoto de 1884 o la curiosa polémica por el cambio de nombres de las calles a fines del siglo: «Yendo por calle Torrijos (antigua Carretería) se desemboca en la Plazuela de Lachambre (antes San Pedro Alcántara) y siguiendo por la calle de Cánovas del Castillo (antes Álamos), se llegaba a la plaza de Riego (antes de la Merced) y desde allí se podía torcer a la calle de Solier (antes de Granada)».

El cuarto volumen está acompañado de grabados de médicos malagueños ilustres así como de anuncios de la época que no caían en los eufemismos, como las píldoras de Don José Pérez Santiago «contra el flujo blanco de la mujer, llamado científicamente leucorrea, una enfermedad de ordinario larga e incómoda».

Los más de tres lustros de investigación han permitido al pediatra e investigador malagueño contar con datos ingentes y muchas ideas para próximas publicaciones. Así, relata que tiene en mente un libro sobre los primeros pasos de la colegiación en Málaga, un segundo sobre los inicios de la Radiología en Málaga, que bebe de su tesis doctoral y para fin de este mes tiene previsto publicar La pediatría que no conocí, en la que analiza la situación de su disciplina en el siglo XIX así como la de los niños malagueños, que como hemos visto era bastante precaria.

Sueños y proyectos de un médico que en los últimos 16 años ha abierto como nadie los caminos para la Historia de la Medicina en Málaga.

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