Memorias de Málaga

Cuando hay más ollas que días

Son tantos los días en los que celebramos eventos a lo largo del año que faltan en el calendario. Por eso, aquí va una propuesta para llevar a buen puerto los grandes proyectos pendientes de Málaga

25.09.2016 | 11:29
Cuando hay más ollas que días

Hay un refrán o dicho que se utiliza de forma asidua en el lenguaje coloquial. Me refiero a ese tan manido como «Hay más días que ollas». Pero resulta que ante el crecimiento desbordado de la elección de días para celebrar cualquier evento, acontecimiento, aniversario, costumbre, tradición en el calendario faltan días. Hay, salvo los años bisiestos, 365 días al año, insuficientes para dar cabida a todas las celebraciones.

En España, por ejemplo, tenemos cogidos diecisiete días para la celebración de los diecisiete días de cada comunidad autónoma: Día de Andalucía, Día de Aragón, Día de Canarias... En el calendario religioso tenemos: Día de Reyes, Día del Seminario, días de días dedicados a las más de veinte mil advocaciones de la Virgen María, Domund, Iglesia Diocesana, Sagrada Familia, Vocaciones, Jueves Santo, Viernes Santo, Corpus, Cáritas, Monjas de clausura, de Todos Santos, de los Difuntos.

De carácter nacional o internacional, los días se suceden sin pausa: del Medio Ambiente, de los Derechos Humanos, del Trabajo (que se festeja sin trabajar), de la Mujer Trabajadora, Mundial de los Océanos, de Europa, de las Fuerzas Armadas, del Padre, de la Madre, de los Enamorados, del Alzheimer, del Árbol, del Agua, de la Paz, de la Provincia, del Orgullo Gay, del Voluntariado, del Teatro, del Libro, sin Tabaco, de la Bicicleta, Cruz Roja, Enfermedades Raras...

Nuestra provincia. En la provincia de Málaga, además de los señalados, tiene la tira de días; creo que uno por cada uno de los municipios de la provincia, o sea, más de cien. No los recuerdo todos, pero ahí van los que acuden a mi saturada mente: de la Pasa (El Borge), del Ajoblanco (Almáchar), de la Tapa (Fuengirola), de la Tagarnina (Villanueva del Rosario), de la Música (Benamocarra), del Pescaíto (Torremolinos), de la Vendimia (Colmenar), del Vino (Cómpeta), del Níspero (Sayalonga), del Melocotón (Periana), del Boquerón Victoriano (Rincón de la Victoria), de la Rememorización de la Inquisición (Casarabonela), de la Cabra Malagueña (Casabermeja), de la Zanahoria Morá (Cuevas Bajas), del Mosto (Arriate), de la Miel de Caña (Frigiliana), del Perro (Fuengirola), del Hinojo (Algatocín), de la Morcilla (Canillas de Aceituno), del Espárrago (Sierra de Yeguas), de la Sopa Mondeña (Monda), de las Cachorreñas (Alhaurín el Grande) y hasta setenta que tengo en mi censo particular.

Resumo: como hay más ollas (celebraciones, aniversarios, eventos) que días, trescientos sesenta y cinco, en un mismo día coinciden dos, tres o más celebraciones.

Queda, sin embargo, un día cada cuatro años, que salvo los que nacieron un 29 de febrero, que lo festejan por la particularidad de cumplir años cada cuatro, queda libre del nutrido calendario de celebraciones. Brindo a mi Ayuntamiento una idea sin derechos de autor, ni royalty, ni copyright.

Ahí va la idea.

Cada cuatro años. Como cada cuatro años el calendario nos obsequia con un día más –el próximo año bisiesto, si no lo cambia la alcaldesa de Madrid o su homónima de Barcelona, será el 2020–, Málaga, de mano del Ayuntamiento, desde ya, debe tomar un acuerdo por mayoría, por consenso o por cualquier changüi, de comprometerse a festejarlo o celebrarlo cada año bisiesto con la inauguración de una de las grandes obras que demanda la ciudad y que año tras año se demoran por razones burocráticas, de presupuesto, de falta de simetría con la Junta de Andalucía o el Gobierno de la nación.

Para facilitar el trabajo de los munícipes de hoy y de los que vayan sucediendo a los actuales, sugiero las celebraciones para los años bisiestos que llegarán de forma inexorable. Por ejemplo, para 2020, que es el más próximo, festejarlo con la inauguración del bosque o parque urbano previsto o en fase de discusión en los terrenos de Repsol, donde estuvieron los depósitos de crudos o de petróleo sin refinar. Para 2024, por ejemplo, la solución definitiva del destino de los Baños del Carmen, que siendo alcalde de la ciudad don Pedro Aparicio, anunció que el recinto sería para uso del pueblo. Después de cuarenta y ocho años de aquél anuncio quizás esté maduro el proyecto.

Para el año bisiesto de 2028, a bombo y platillo, con los instrumentos de percusión de la Banda Municipal, si se ponen de acuerdo unos y otros, se podría inaugurar la gran obra prevista pero no redactado aún el proyecto para los terrenos del antiguo Campamento Benítez. Si el Ayuntamiento se pone a trabajar ahora, para 2028, la obra, con todos sus árboles creciditos, Málaga podría celebrarlo a lo grande.

En 2032, si nos ponemos a trabajar en ello (yo, no; los que otros elijan en aquellos comicios) podría Málaga festejarlo con la inauguración de lo que se acuerde ahora con los edificios de los antiguos cines Victoria y Astoria.

Cuatro años después, en 2036, los malagueños que ahora andan por la niñez, ¡por fin! dispondrán del Auditorio que lleva años empantanado y que ya se ha quedado, al parecer, sin los terrenos seleccionados. Ya se perdieron los terrenos elegidos frente a la Comisaría de Policía y los de la explanada de San Andrés. Hay que irse con la música a otra parte. Lo que ignoro es esa parte.

2040 podría festejarlo Málaga con la puesta escena, después de las obras de restauración, del antiguo cuartel de la Trinidad, como museo arqueológico, biblioteca, cuentacuentos o cualquier actividad que demande la sociedad. Tiempo hay para decidir su destino, hacer el proyecto, sacarlo a información pública, resolver las alegaciones y preparar su financiación. El 29 de febrero de 2040 podría estar listo si se empieza a trabajar en serio ahora.

Para el bisiesto 2044 ¿qué mejor inauguración que el metro hasta El Palo?

Cuatro años después –2048– la gran celebración de Málaga sería la puesta en marcha del Mega, Makro, Super, Hiper hospital que se prevé para Málaga desde hace años y que se va demorando para mejores tiempos. El año 2048 se podría inaugurar con los quirófanos, camas, consultas, rayos, laboratorios, escáneres, doplex, resonancias magnéticas, servicios de rehabilitación y algo tan esencial como la llegada del metro hasta las mismas puertas del centro y una zona de aparcamiento capaz para cinco mil vehículos porque hay que tener en cuenta las necesidades que destino demandará.

La plaza de Enrique García Herrera o de la antigua calle Camas se reinauguraría en 2052 después de las obras propuestas por los vecinos y descendientes, disconformes con las obras realizadas a lo largo de los últimos cincuenta años.

La inauguración de la segunda torre de la Catedral sería el gran proyecto a culminar en 2056, y para 2060, rehabilitación del Cortijo Jurado, del que ya se habrán marchado los fantasmas que los habitan. Convertido en residencia de la Tercera Edad vendría a paliar un poco la falta de plazas para entretener a los ancianos en los últimos días de su vida y si los fantasmas no se han ido del todo, pues, mira que bien, compartirán el pasado con el presente y se contaran las batallistas de su juventud.

Y así llegaremos al año bisiesto de 2072. Málaga podría festejarlo con la inauguración de las obras que después de seis siglos demandaron no sé cuántas generaciones de malagueños: el río Guadalmedina. El proyecto aprobado, discutido, debatido, con diez mil alegaciones, informes de la Comisaría de Aguas, Medio Ambiente, las cofradías de Semana Santa, los ecologistas, los morados, los verdes, los urbanistas, los ciclistas, los zoólogos, los antisistemas, los sindicatos, las redes sociales, los reventadores, los optimistas, los pesimistas, las peñas recreativas, los jubilados, los socios del Málaga se dio por bueno y las obras se llevarían a buen fin entre 2068 y 2072.

Lo malo es que yo no estaré para verlo; bueno, tampoco lo verán muchos de mis pacientes lectores. Sí estará Paco de la Torre, que si se lo propone seguirá siendo alcalde de Málaga aunque lleva años siendo objeto de comentarios sobre su edad, su salud, la falta de ideas para el progreso y necesidad de cambio.

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