Empresarios

"La recuperación del empleo no está siendo la deseada, ni en cantidad ni en calidad"

Entrevista a la vicepresidenta ejecutiva y secretaria general de la Confederación de Empresarios de Málaga, Natalia Sánchez

25.09.2016 | 05:00
Natalia Sánchez, vicepresidenta ejecutiva de la CEM.

Afirma que el actual bloqueo político y la falta de un nuevo Gobierno que pueda acometer nuevas medidas y reformas están frenando las decisiones de inversión y desacelerando la marcha de la economía. Y añade que con ese contexto no se puede generar la confianza suficiente para crear más empleo estable.

­Se encarga de gestionar el día a día de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), siempre en permanente contacto con el presidente de este colectivo, Javier González de Lara, quien en su responsabilidad añadida de presidente de la patrona andaluza CEA viaja frecuentemente por toda la comunidad. Natalia Sánchez, vicepresidenta ejecutiva y secretaria general de la CEM, reclama a los partidos la constitución de un Gobierno que acabe con la actual incertidumbre. También admite la precariedad del mercado laboral en Málaga, la falta de apuesta por la industria y la necesidad de aumentar el tamaño de las empresas para competir a nivel global.

Se dice que el bloqueo político que hay en España esta desacelerando la economía, o sea que crecemos pero no tanto como podríamos.
En 2014 empezamos la recuperación. Las cifras de crecimiento del PIB en la provincia son desde entonces positivas ¿Qué ocurre? Que el año pasado fue netamente electoral (locales, autonómicas y generales) y que ahora llevamos casi nueve meses con un entorno de inestabilidad política, con un Gobierno interino. Hay factores que contribuyen a que se continúe con la tónica de crecimiento pero empieza a haber otros que ya están jugando en contra. Los factores que impulsan la actividad son generales: los bajos tipos de interés, que los bancos están ya dando más créditos a los particulares y a las empresas, que ha habido una reforma fiscal que ha dejado más liquidez, que el turismo sigue funcionando muy bien... pero tenemos en contra esa inestabilidad política y un brexit que aún no sabemos qué consecuencias tendrá para la economía nacional y malagueña. Por eso las previsiones para 2017 ya no serán tan halagüeñas en cuanto a crecimiento del PIB. Las exportaciones en Málaga también están funcionado bien, pero eso está tapando que la demanda interna refleja ahora menor crecimiento. Son síntomas que están ahí.

¿Qué reclaman?
Lo que nos hace falta es estabilidad política y seguridad. Si tenemos en cuenta que el entorno municipal y europeo presenta incertidumbres, en España el caso se ve agravado. No es igual tener un Gobierno en funciones que un Ejecutivo que pueda tomar medidas relevantes y reformas para impulsar la economía. Hay que tener en cuenta que la economía la mueven las empresas, sí, pero evidentemente la acción de lo público sobre la actividad es muy importante.

¿Las terceras elecciones a las que parecemos abocados son la peor opción posible?
De hecho es que nadie nos garantiza que vayan a dar un resultado significativamente distinto al que ya tenemos a los efectos de poder formar un Gobierno ¿Y qué hacemos entonces?, ¿esperamos a unas cuartas hasta que los números nos cuadren? Unas nuevas elecciones no nos llevan a ninguna parte, no son garantía de resolver el problema. Lo que hace falta, y es lo que venimos reclamando desde la parte empresarial, es que se dialogue por el bien común. Una situación como la actual, tan prolongada en el tiempo, está teniendo consecuencias. En octubre, España debe presentar a Europa un plan presupuestario y fiscal serio. Aparte, tenemos el déficit en niveles muy altos y nos van a pedir medidas para reconducirlo. Si no se implementan nuevas reformas eso no va a ser posible y las consecuencias van a ser tremendas.

¿Notan que se están retrayendo la inversión privada?
Este tiempo atrás se ha notado que en cuanto ha habido un poco de mejora y de confianza, un ánimo en el consumo, el empresario enseguida se ha reactivado. Lo que quieren es invertir después de siete u ocho años en los que han parecido mucho. Muchas empresas tuvieron que replegarse, con el sufrimiento de perder tamaño y plantilla. Por eso, cuando ven un atisbo de mejora se animan a acometer nuevos proyectos. Pero cuando no hay medidas desde un Gobierno que ayuden a ello y existe además una incertidumbre sobre quién va a gobernar y bajo qué criterios lo hará no es tan sencillo. Esto afecta a la economía macro y a la micro. Un pequeño empresario, por ejemplo, en función de cómo vaya el consumo, quizá decide esperar y dejar la inversión para más adelante. Y si hablamos de grandes empresas o fondos de inversión, siempre van a tener muy en cuenta la estabilidad política a la hora de decidir. Si no ven un contexto que les asegure viabilidad o rentabilidad pueden buscar un destino alternativo. Todo eso se está notando. Hay proyectos que están a la espera en ámbitos, por ejemplo, como el turístico o el de ocio.

El mercado de trabajo presenta una enorme tasa de temporalidad, ¿qué responsabilidad tiene los empresarios de que los contratos sean tan precarios y que la firma de contratos fijos esté en mínimos
Cuando hablamos de precariedad habría que ver en qué parámetros se da. Es cierto que la recuperación no está siendo ni tan rápida ni en tan buenas condiciones como sería deseable, tanto en cantidad de empleo como en calidad. Pero hay que tener en cuenta lo que ha pasado en la crisis. Se han destruido muchos empleos pero también muchas empresas. Y las nuevas que están naciendo ahora en forma embrionaria son de tamaño menor. El contexto tampoco ayuda, por todo lo que hemos hablado. Al final todo eso lleva a que un empresario que se plantea volver a contratar lo haga pensando si el trabajo que se va a generar será estable. Hace falta todavía más confianza en la recuperación económica y en el entorno político.

¿Están seguros de que si el panorama mejora habría más contratación indefinida? El tema de la precariedad parece que va camino de convertirse en endémico.
Si una empresa ve que la actividad crece y se consolida no le queda otra que contratar a personal. Lo que pasa es que estamos en 2016 y la recuperación no acaba de afianzarse. No quiero que se entienda como una justificación pero hay que entender la posición del empresario, que ha tenido que hacer un esfuerzo importante por hacer sobrevivir a su empresa. Y luego están los nuevos negocios, que están arrancado y necesitan de todos los ingredientes para consolidarse. Pero digo también, ¿podemos decir que en Málaga el empleo es más precario o hay más temporalidad que en otras provincias? Los datos de la Seguridad Social dicen que no es así, pese a tener una economía muy sometida a la estacionalidad por depender tanto del turismo. Tenemos una buena ratio de indefinidos en Andalucía, dentro de los pocos contratos que se firman de este tipo.

Los sindicatos vienen denunciando repetidamente que las empresas usan los contratos temporales para cubrir puestos que en realidad son estructurales .
En el caso de los empresarios, como en el caso de los propios trabajadores, habrá quienes no cumplan con sus obligaciones. Evidentemente eso nunca lo vamos a apoyar. Sabemos cuáles son los tipos de contratos existentes, cuáles son las casuísticas que deben cubrirse y hasta dónde puede extenderse un contrato temporal. Más allá de eso, cuando no se cumple la ley, el trabajador está en su derecho de denunciar a la empresa y así debería hacerse.

¿Llevamos 20 años diciendo que hay que cambiar el modelo productivo de Málaga porque dependemos en un 85% del sector servicios?, ¿se ha logrado algo?
Partimos de una premisa: un modelo productivo no se improvisa. Hay que ir planteando medidas que nos lleven a donde queremos llegar. Tenemos sectores que vienen funcionando tradicionalmente bien y son el soporte de nuestra economía: los servicios, la construcción durante mucho tiempo y el sector agroalimentario. Hay que seguir potenciando aquello en lo que somos buenos y a partir de ahí buscar la diversificación para que cuando un sector sufra una crisis tengamos otras vías de crecimiento. Es una fortuna tener un sector turístico tan fuerte, porque es el que nos ha mantenido estos años. Ha sido el banderín de enganche. En la construcción hay que buscar un equilibrio para que sea un sector dinámico y que genere empleo pero sin llegar a los niveles de la burbuja inmobiliaria. Luego está el agroalimentario, que está haciendo muy bien los deberes impulsando las exportaciones de la provincia, el tecnológico, con el PTA, el sector logístico o las industrias culturales.

Pero la industria sigue a la baja.
El contexto de parálisis administrativa que estamos viviendo tampoco ayuda a que haya sectores que incentiven su potenciación Es el caso de la industria, que ha perdido peso en Málaga y que hay que reformar y potenciar. Pero eso hay que planificarlo, implementar medidas, y no se está haciendo de forma firme y atendiendo a objetivos claros. El empresario atiende a lo que es la demanda de mercado. El poder entrar en nuevos nichos y posibilidades se hace más lentamente si el empresario lo hace por sí mismo que si desde la administración se propicia que un sector coja fuerza en un territorio. Y en Málaga tenemos algunos buenos ejemplos de industria pero no estamos creciendo en nuevas empresas que se estén promoviendo. Ahora bien, ¿debe ser nuestro objetivo olvidarnos de lo demás para centrarnos en la industria? No, pero sí es un mar de fondo, una tarea que hay que ir asumiendo y realizando poco a poco para que al final dé fruto. Si no, no vamos a ninguna parte.

Han comentado la necesidad de que la empresa malagueña, compuesta en un 97% por micropymes, gane en dimensión.
En Málaga tenemos casi 60.000 empresas de alta en la Seguridad Social, que es ya más o menos lo que había antes de la crisis pero las empresas, en general, son de menor tamaño que antes en cuanto número de trabajadores. Hay dinamismo y se crean nuevos negocios pero cuesta restituir todo el tejido que se ha perdido durante la recesión. Las nuevas empresas que nacen son pequeñas. Así no vamos a poder ser competitivos en un entorno global. Por eso planteamos la necesidad de que las empresas crezcan. Eso requiere también un esfuerzo de las administraciones para que no se penalice a las empresas que aumentan de tamaño con más obligaciones fiscales y contables. Eso hace que algunos se planteen si merece la pena crecer o no. En la CEM, por nuestra parte, estamos impulsando programas de colaboración de empresas para que puedan asumir inversiones y proyectos fuertes que, en solitario, no podrían acometer.

¿Qué opina de la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que pide a España que se equipare la indemnización por despido de trabajadores fijos y temporales?
Hay que ver todavía cómo se hace su interpretación y en qué ámbito se aplica. Es una sentencia que procede de una situación que se da en un contrato de interinidad en el sector público, que es distinto a un contrato temporal. En España, los fijos y temporales tienen indemnización, pero los interinos no. El tribunal entiende ahora que hay que hacerlas extensivas a ellos pero eso no tiene nada que ver con los temporales. Si hacemos una lectura del fallo no está claro que deba hacerse esta traslación al empleo temporal.

¿Cómo ve a Málaga dentro del contexto nacional?
Málaga está en el punto de mira a nivel andaluz y nacional por su dinamismo. Cuando hay crisis, somos una de las provincias que más lo nota pero eso también ocurre cuando llega la recuperación. Tenemos un buen caldo de cultivo para seguir siendo el motor económico andaluz, pero la máquina no puede pararse. Tenemos que seguir siendo competitivos y buscar alianzas público-privadas.

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