13 de noviembre de 2016
Director del Centro Meteorológico de Málaga

"Todos quieren saber qué va a pasar en Semana Santa y no llegamos"

José María Sánchez-Laulhé alerta de que, con una total ausencia de planes correctores contra el calentamiento global, Málaga se iría a final de siglo con una subida de más de seis grados

13.11.2016 | 12:13
"Todos quieren saber qué va a pasar en Semana Santa y no llegamos"
Sánchez-Laulhé, en el Centro Meteorológico de Málaga.

En corto

  • Las nuevas tecnologías han cambiado la manera de acercarse a las predicciones. ¿En qué medida pesa la necesidad de actualizarse?
    Los tiempos, efectivamente, son otros, y la información circula al instante. Nuestra observación siempre ha sido continua. Quizá lo que más ha cambiado es la demanda, que ahora es mucho más rápida y reclama respuestas constantes.
  • ¿Le siguen llegando peticiones para informes relativos a causas judiciales?
    Se han reducido mucho. Y precisamente por lo que comentaba anteriormente. La información de la Aemet que se distribuye en internet es cada vez más completa, lo que hace que no sea tan necesario elaborar informes para aclarar las circunstancias que intervinieron en un suceso.
  • ¿Se trata de una sensación ligada al calor o verdaderamente el terral ha dejado de ser episódico?
    Si se refiere al año pasado no es cierto que hubiera, ni mucho menos, más días de terral que los anteriores. Lo que sí se produjo fue una concatenación poco habitual de temperaturas muy altas, con máximas de más de 35 grados y, sobre todo, mínimas fuera de lo común.
  • Imagino que un científico no quiere ni oír hablar de dolores de huesos ni de las cabañuelas.
    Particularmente no estoy nada interesado. Es obvio que si fuera tan fácil detectar el tiempo nadie ponía la tele ni consultaba la prensa para ver nuestros pronósticos.

El responsable de la Aemet en Andalucía, Ceuta y Melilla justifica con cifras el actual periodo de sequía que atraviesa la Costa del Sol, donde en los tres últimos años se han recogido cantidades por debajo del umbral de la normalidad - Respecto al incremento de la temperatura se muestra tajante y señala, pese a los Trump y a los Aznar de turno, hacia la evidencia del cambio climático - El invierno, en principio, viene cálido, aunque todavía la ciencia no ha hecho perder la fe: existen posibilidades, al menos teóricas, de que lleguen al fin las precipitaciones

­­Ni las encuestas de autoayuda. Ni el Nobel de Dylan. Ni los goles de Cristiano. Ni los gazapos electorales. Si hay algún contenido que sigue reconciliando a la gente con los medios, además del calendario, es, sin duda, la información meteorológica. Y más en una provincia como Málaga, donde todo lo que no sea sol es visto siempre como sospechoso. La pasada semana, con el frío, Trump quedó atrás y el tiempo volvió a reinar en los ascensores. Sánchez-Laulhé, autoridad de la Aemet, saca punta a la conversación entre las conversaciones. Y advierte: 2016 podría llegar a ser el tercer año más cálido de la historia.

Málaga recupera sensaciones térmicas. El frío, una vez más, se disipa. ¿Habrá que esperar para dar la bienvenida definitiva al otoño?
Es cierto que ha aumentado la temperatura, pero también que la semana arrancó con valores que históricamente son más propios de finales de noviembre que de comienzos de este mes. Hubo una entrada de aire frío, pero eso no debe confundirnos; hablar de temperatura media en noviembre siempre es arriesgado, ya que estamos en uno de los meses del año en los que se producen más variación entre sus diferentes semanas, con una media que oscila 3,7 grados, dejando mucha variedad, por tanto, entre cotas mínimas y máximas.

¿Volverá a registrarse un invierno más cálido de lo habitual?
Las predicciones con la que contamos, basadas en modelos estacionales, es decir, en la estadística, así parecen, al menos, indicarlo. Todo apunta a que 2016 será en Málaga el tercer año más cálido de la historia. Sin duda, no está nada mal. Y más si se tiene en cuanta la tendencia que arrastra la provincia. Octubre, por ejemplo, finalizó en esa línea, con una temperatura media tan sólo superada por el récord de 2014 y empatada con el segundo registro más alto.

¿Es todo cuestión de azar u obedece a la consolidación de fenómenos como el calentamiento planetario?
El cambio climático es ya mucho más que una evidencia científica; están clara su influencia y también sus causas, que tienen que ver con la manta de Co2 que hemos creado y que está presente en la atmósfera. Ahora bien, mientras que la temperatura se ha elevado 0,8 grados en los últimos cien años, en Málaga lo ha hecho de modo más significativo: 0,5 en sólo una década. Evidentemente la diferencia no es sólo achacable al calentamiento. Intervienen otros factores. El más claro, que la serie estadística que sirve de comparación se asienta en parámetros anómalos, porque tanto en los sesenta como en los setenta llovió más de lo normal y se alcanzaron valores térmicos más bajos.

¿Se llegará a alguno de los escenarios tremebundos que predicen los estudiosos? ¿Habrá desertización? ¿Temperaturas extremas?
La subida de la temperatura, y con la actual situación de la atmósfera, es inevitable. De hecho, en lo que va de siglo, ya va comprometido más de 1 grado. Todo depende de las medidas que se adopten. Si se apuesta por una contención drástica es probable que el incremento no rebase los 2 grados. En cambio, si se opta por no hacer nada, estaremos en problemas. Y no precisamente menores: en una zona como Málaga, según los modelos matemáticos, la subida podría ser, incluso, de 6 grados, con todo lo que eso comporta.

El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no parece muy preocupado por la incidencia del cambio climático. Es más, le parece poco menos que una mentira de salón y una pérdida de tiempo.
Sí, en la campaña le hemos escuchado en más de una ocasión decir que el calentamiento era poco menos que un invento. Esperamos que, ahora que es presidente, no siga adelante con lo que anunció y se preocupe por cumplir con los acuerdos de París, por más que sean de adhesión voluntaria. Estados Unidos es, junto a China, el mayor emisor de gases contaminantes del planeta. Sin su esfuerzo, toda política de corrección estaría peligrosamente incompleta.

En Málaga inquietan las máximas nocturnas que se han alcanzado en los últimos veranos. ¿Otro efecto correlativo de las emisiones?
Insisto en que la comparativa debe ser analizada con prudencia por las especiales circunstancias sobre las que se reseña el crecimiento de la última década. Dicho esto, una cosa es cierta: el incremento de 0,5 de la temperatura descansa más en la franja nocturna que en la diurna. De los últimos siete años, sin ir más lejos, cinco han cerrado agosto con una media de 23 grados, que es algo que casi no tiene precedente. Otro dato: a principios de este siglo, con el calentamiento ya afianzado, la media de minutos en agosto con menos de 21 grados estaba en 1 hora y 20 minutos. Ahora nos hemos quedado únicamente en 20. El cambio es notorio.

Noviembre avanza y continúa sin llover. ¿Se avecina un nuevo ciclo de sequía?
El ciclo de sequía lo tenemos ya encima. Me refiero desde un punto de vista estrictamente meteorológico. En Málaga, para que un año no sea considerado como muy seco se necesitan, como mínimo, 330 litros por metro cuadrado. En los últimos tres ejercicios se han recogido menos de 300 por temporada. No se computaban valores tan pobres durante tanto tiempo desde periodos como el que sucedió a las inundaciones de 1989.

¿Hasta qué punto la situación es reversible? ¿Se descartan precipitaciones para los próximos meses?
Los análisis efectuados hasta el momento no aclaran el régimen de lluvias ni la pauta que seguirá el invierno. Lo normal, de acuerdo con la proyección estadística, es que no sea excesivamente seco, pero, ahora mismo, se mantienen abiertas todas las opciones. Esperemos que se avance hacia una situación más normalizada. Lo que está claro es que las precipitaciones, en caso de producirse, llegarán ya con retraso.

¿Qué probabilidades hay de que se repitan episodios como el de las grandes inundaciones?
De todas las capitales andaluzas, Málaga es la que tiene más riesgo objetivo de sufrir una inundación. Lo dicen los números. E influyen en ello varias circunstancias: la proximidad del Estrecho, la orografía, el Valle del Guadalhorce. Las precipitaciones intensas no son muy habituales, pero indudablemente se dan. El episodio de 1989 no es aislado; en Álora, en 2012, cayeron 140 litros en dos horas, con un gran potencial destructivo.

¿Y el tornado de San Andrés? ¿Fue tan excepcional como señalan los especialistas?
Lo fue. En toda la historia estadística no hay ningún precedente. Por lo menos, en lo relativo a los siglos XX y XXI y en lo que se refiere a su incidencia en una capital. Se habla de un suceso todavía más intenso en Madrid, un F3, en 1886, de otro tornado en Cádiz, en 1671, e, incluso, de una tromba marina, la de 1971, que, a juzgar por las fotos del mar, tuvo que deberse a un movimiento similar. El Mediterráneo, en realidad, es una zona propensa a los tornados, aunque, por fortuna, de escasa potencia. El problema es que son muy difíciles de detectar.

En Murcia hubo una gran polémica motivada por el uso de aviones antigranizo que trataban de alterar el régimen de lluvias. ¿Qué capacidad tiene el hombre y la técnica de influir en la atmósfera y modificar el tiempo a su antojo?
Los fenómenos meteorológicos despliegan una energía tan enorme que es francamente difícil crear un sistema nuboso para que llueva o desplazar los flujos de aire para trasladar las precipitaciones. Sí es verdad que está en curso un gran experimento y que medio centenar de países cuentan con programas de modificación del tiempo; lo que se intenta, en definitiva, es generar pequeñas perturbaciones, algo, en cierta medida, no muy distinto a las técnicas que a veces se ponen en práctica para disipar la niebla y facilitar el tránsito de los aviones. Por ahora, los resultados no son muy concluyentes, pero es un campo de estudio que está ahí y que a veces, por sus conexiones económicas, es susceptible de producir grandes controversias.

Supongo que no es la única vía científica de progreso. ¿Con qué margen de mejora se cuenta en las predicciones?
Depende qué tipo de predicción se demande. La técnica, los conocimientos, han permitido avanzar mucho en precisión, pero el nivel de acierto nunca va a ser completo. La Meteorología se enfrenta a un problema esencial, que es la dificultad de conocer al detalle el estado inicial que presenta la atmósfera. Lo que se está haciendo es avanzar hacia una predicción multimodelo: se proyectan diferentes hipótesis respecto a diferentes estados posibles, y eso permite acercarse, aunque también se producen errores. A más de una semana de distancia es difícil saber lo que va a pasar de manera prolija. Se puede detectar un movimiento en la atmósfera, pero no si se resolverá con lluvia o con un efecto de otro tipo.

Nació en Sevilla y vive y trabaja en Málaga. ¿Lo suyo en Semana Santa es una profesión de alto riesgo?
En Semana Santa la gente es muy exigente. Quieren saber lo que va a pasar con un nivel de precisión que no se incluye ni en los pronósticos que elaboramos para los aeropuertos y para la circulación de los aviones. La exigencia de la Semana Santa es insuperable. Entre otras cosas, porque, las hermandades, a diferencia de los aviones, sí que dependen de unas cuantas gotas. Las cofradías entienden perfectamente nuestras limitaciones y saben que no podemos tomar ningún tipo de decisión, que la responsabilidad de procesionar o no es, en última y primera instancia, suya.

Aplicaciones móviles, grupos de aficionados y páginas actualizadas y con información permanente. Con internet les han crecido los enanos. ¿Se sienten acosados por el intrusismo?
Es algo con lo que hay que vivir. Los modelos son públicos y cada vez son más fáciles de leer. No hace falta ser un técnico para interpretarlos. Otra cosa es que el pronóstico falle y la atmósfera se comporte de un modo distinto al que sugería el modelo. Entonces el asunto se complica, y nosotros contamos con la tecnología, la experiencia y la dedicación suficiente como para poder reaccionar y hacer que la información sea todo lo precisa que actualmente permite la ciencia.

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