Discurso del alcalde en el Vaticano

10.12.2016 | 19:41

Encuentro 'Europa: Los refugiados son nuestros hermanos'


Los refugiados son nuestros hermanos. Sin duda, son nuestros hermanos.

Es un honor para mí intervenir incorporando la voz de la ciudad de Málaga a este Encuentro de Alcaldes en torno a un tema tan de actualidad y de tan profunda humanidad como es el de los refugiados.

Ningún ser humano puede permanecer ajeno ante el drama que viven millones de familias en el mundo, que han abandonado abandonar sus ciudades, sus casas, sus pertenencias, sus amigos y muchas veces parte de su familia por razones de guerra o de persecución política. En definitiva, para salvar su vida.

La imagen de familias que, llevando consigo un mínimo equipaje, a veces con los abuelos, siempre con sus hijos, emprenden caminos de miles de kilómetros para buscar un espacio nuevo donde rehacer la vida, no puede dejar insensible a nadie.

Hemos de reaccionar con prontitud y con continuidad en las soluciones ofrecidas. Bien es verdad que los refugiados que lleguen, por ejemplo, a Málaga o cualquier otra ciudad española pueden pensar después de estar un tiempo en la ciudad, que en Europa hay espacios más atractivos para encontrar trabajo, pero de entrada nosotros, desde Málaga, hemos ofrecido y mantenemos lógicamente el compromiso de mantener un número significativo de familias refugiadas, colaborando con el estado Español a cumplir sus compromisos ante Europa y ante la conciencia mundial que en esa materia se va felizmente creando.

En Málaga, en el último año, hemos emprendido las siguientes acciones concretas:

En septiembre de 2015 no constituimos como ciudad refugio para impulsar la acogida e integración de población refugiada en nuestro municipio. A fecha de hoy, tenemos censados casi 400 refugiados en Málaga.

Trabajamos con las entidades sociales que atienden a población refugiada a través de una Mesa de Emergencia que trata periódicamente la situación de los refugiados.

Hemos abierto y difundido entre la ciudadanía, una cuenta de emergencias para recaudar fondos, que se abrió con una aportación de 30.000 euros por parte del Ayuntamiento de Málaga, y que canaliza las donaciones voluntarias. Estos fondos se han destinado a las tres entidades que gestionan las acciones con refugiados: Cear, Accem y Cruz Roja que gracias a esta subvención están realizando formación e inserción laboral con 175 familias refugiadas.

Priorizamos en la convocatoria de subvenciones de Cooperación los proyectos de ayuda humanitaria que presenten las ONG que trabajan en Siria y países colindantes que acogen refugiados como Líbano o Turquía.

Apoyamos a las entidades que trabajan con refugiados en aquellas necesidades que no puedan cubrir con los fondos que se les concedan desde el Gobierno Central y tratamos de sumar recursos para la integración de los refugiados. Para ello, se firmó hace un año un convenio de colaboración por 100.000 euros con Caritas para rehabilitación y equipamiento de diferentes centros y viviendas de esta entidad que se han convertido en 40 alojamientos para familias refugiadas.

Hemos sido pioneros en la creación de la Oficina de Atención a Familias Refugiadas donde de manera centralizada las tres entidades habilitadas atenderán, informarán y asesorarán a las familias refugiadas que llegan a Málaga. Para ello hemos cedido unas céntricas instalaciones municipales de casi 500 m2 que se abrirán a principios de 2017.

Movilizamos la solidaridad ciudadana malagueña a través del ofrecimiento de recursos propios tales como viviendas que se ponen a disposición de las entidades especializadas. Hasta la fecha más de 250 personas han contactado con nuestro Ayuntamiento para ofrecer diferentes recursos (desde viviendas hasta dar clases de español) que se han canalizado a través de las tres entidades habilitadas para trabajar con la población refugiada. Asimismo, hemos impulsado la captación de voluntarios para prestar apoyo a las familias sirias refugiadas que hacen más fácil la integración de estas personas en nuestra ciudad mediante el aprendizaje del idioma, el acompañamiento a colegios y la organización de actividades.

Los alcaldes y alcaldesas debemos liderar la opinión pública de nuestras respectivas ciudades a favor de ese acogimiento. No es bueno que las familia de las ciudades europeas sientan este problema como algo ajeno, alejado de la capacidad que pueda cada uno dar en ese acogimiento y pensando que sólo corresponde a las administraciones públicas y a instituciones como Caritas o CEAR, ACCEM o Cruz Roja dar respuesta al mismo.

Hemos de lograr un clima verdaderamente hospitalario que tienda las manos al que ha tenido que abandonarlo todo para salvar su vida y la de sus familiares o por defender su derecho a discrepar, a opinar libremente.

Reivindiquemos que el mundo debe ser un espacio de encuentro de todos, de solidaridad de todos, donde los derechos humanos estén garantizados y donde la paz sea una realidad visible y clara cada día.

Impulsemos una cultura de paz, de no violencia, de condena tajante de los violentos, de creación de un clima siempre propicio al dialogo y de búsqueda de soluciones pacíficas.

Hay que hacer todo lo que sea preciso para que los países económicamente más capaces cooperen con efectividad al desarrollo de aquellos a los que les queda un largo camino por recorrer. Hemos de ayudarles a organizar sus instituciones, siempre con el respeto a su autonomía e independencia, pero comprometiéndoles para que esas instituciones sean eficaces, honestas, transparentes, cercanas y solidarias. Y hemos de ayudarle a que sean especialmente eficaces en la educación que es la gran palanca del desarrollo y del progreso, y también eficaces en el emprendimiento y en la innovación.

Es malo que pensemos que nuestra única obligación es acogerles y darles el amparo que como personas merecen. No. Nuestra primera y fundamental obligación es conseguir que no tengan necesidad de abandonar su tierra amada y dejar su vida por lograr una supervivencia.
Hemos de procurar una cooperación no solo de las organizaciones internacionales, no solo de Estado a Estado, sino también de ciudad a ciudad y de sociedad civil a sociedad civil.

Enseñemos a nuestros conciudadanos la geografía de la violencia, los conflictos, el subdesarrollo y el hambre. Para que cada año veamos como esos espacios del planeta se reducen en número y extensión y para ello seamos proactivos con esos objetivos de superar la guerra y la violencia y que triunfe la paz, de superar la incultura y que triunfe la educación, de superar el hambre y que triunfe una sociedad bien abastecida y bien cuidada desde el punto de vista sanitario.

Debemos transmitir a nuestros conciudadanos que esos objetivos solo se lograran plenamente si son tarea de todos y hemos de recordarles que todos podemos colaborar en sus logros. El 0,7 por cien que los Estados y las Administraciones Públicas en general debemos dedicar a la lucha a favor a la cooperación para el desarrollo debe ser complementado, también, con el 0,7 por cien de la renta neta que a cada ciudadano le queda una vez pagado sus impuestos. Esa ayuda a la cooperación la podrá canalizar a través de ONG´s ejemplares, eficaces, transparentes que trabajan en el terreno o en la geografía del hambre, el analfabetismo y la violencia.

Esa es la importante tarea que tenemos por delante: acoger al número máximo posible de refugiados y sembrar ideas que propicien la cooperación y la solidaridad entre todos para que la emigración tenga lugar porque la familia decide libremente cambiar de país pero no que tengan que hacerlo por necesidad: para no morir de hambre, para no morir por disentir del gobierno del país donde esa familias residan.

Por eso me alegro de haber podido venir aquí, a Roma, hoy, a hablar ante ustedes, a compartir con mis compañeros alcaldes y alcaldesas de toda Europa y del sur del Mediterráneo estos mismos sentimientos y a reflexionar juntos, cerca del Papa Francisco, que tanto ha dicho y hecho a favor de los refugiados y a favor de los pobres en el mundo, a favor de la paz y del respeto al medio ambiente.

Desde las ciudades podemos enviar mensajes, y esta Cumbre de Alcaldes es un espacio muy adecuado para ello, con la finalidad de que Naciones Unidas sea más proactiva en la defensa de la paz y los derechos humanos en el mundo.

Desde las ciudades podemos enviar mensajes a las instituciones internacionales (entre ellas las europeas) que se ocupan de coordinar y dar eficacia a los servicios de justicia y de policía para terminar con las mafias que de forma inhumana trafican con las necesidades de refugiados y emigrantes, les explotan económicamente y ponen en riesgo sus vidas.

Desde las ciudades podemos enviar mensajes a los Jefes de Estado y de Gobierno para que luchen por la justicia.

Pero, también, desde las ciudades podemos y debemos de animar a nuestros vecinos y vecinas a ser acogedores, hospitalarios, a entender que las ciudades se enriquecen con la llegada de refugiados y, sobre todo, que es un acto de solidaridad que prestigia y ennoblece a quien lo presta.

En estos días, cercana ya la Navidad, más que nunca hemos de abrir nuestros corazones a estos sentimientos de auténtica fraternidad y de impulso a una sociedad más justa, más solidaria y atenta siempre a los débiles y a los que sufren.

Los refugiados son nuestros hermanos. Sí, sin duda, son nuestros hermanos.

Francisco de la Torre Prados
Alcalde de Málaga

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