Alimentación

Soy vegano, no un bicho raro

La comunidad de personas que dejan de comer productos de origen animal crece en la ciudad y asegura que el cambio solo trae beneficios

11.12.2016 | 00:41
Los veganos aseguran que su bienestar mejora al cambiar la dieta.

­Un filete de ternera y dos visiones opuestas ante el mismo plato. Ante la pregunta ¿qué ves? una persona omnívora dirá que un jugoso plato, una fuente de proteínas necesaria para afrontar el día, sin embargo, un vegetariano o un vegano mirará con repudio, verá el sufrimiento animal –innecesario–, una prueba fehaciente de que el ser humano cree ser superior al resto de especies y consume de forma desmesurada alimentos que podrían ser sustituidos.

Si hace diez años ser vegano aún era una tendencia aislada y poco común su evolución ha sido estelar en los últimos años y cada vez son más los que se unen a esta filosofía, una tendencia al alza que gana detractores y fieles a partes iguales. La asesora nutricional y vegana Laura Paglia detalla que la persona vegana no consume alimentos que procedan de origen animal. En su mesa no hay carne, pescado ni derivados como huevos o leche. Una idea simplista de esta filosofía que abarca la eliminación de los productos animales en todos los ámbitos; cosméticos, ropa, accesorio y todo cuanto pueda proceder de los animales no lo consumen. Laura cambió su dieta por completo hace ocho años por motivos de salud y reconoce que el inicio fue difícil porque aún era algo desconocido. Ahora es una opción conocida, establecimientos como herbolarios, tiendas específicas o restaurantes con opciones para veganos empiezan a ser visibles en Málaga. «Mi salud ha mejorado de forma increíble. No padezco ni un resfriado y no sé el nombre de mi médico de cabecera», explica esta marbellí que a los 35 años ya tenía dos hernias discales. Ahora, a sus 47 años no necesita ir a consulta.

El motivo que la movió a dar este cambio fue mejorar sus hábitos alimenticios pero asegura que esa primera opción se entremezcla con el tiempo con otros motivos como el ser animalista o tomar consciencia del sistema actual y ver cómo destruye el medio ambiente. «Los caminos se han juntado pero hay gente que quiere sentirse mejor, otros que se proteja el medio ambiente...Es que el 51% de las emisiones del efecto invernadero lo produce la agricultura de origen animal», expresa.

Aún no existe formación específica para ser nutricionista especializado en el veganismo pero hacer cursos junto con su experiencia le han llevado a compatibilizar su trabajo actual , perteneciente al sector inmobiliario, con su pasión: la alimentación. No recomienda el cambio de manera drástica pues el cuerpo sufre un choque físico y psicoemocional y la ayuda de un especialista no es un requisito imprescindible. Se puede hacer solo.

En plena tesis doctoral de filosofía y alumna de teatro Laura Maíllo lleva años sin probar ningún producto de origen animal. Tiene 24 años y desde los 20 es vegana, un paso que dio tras cinco años como vegetariana. En plena adolescencia empezó a sentirse mal tras ser consciente de dónde viene la carne, según cuenta. Amante del queso años atrás reconoce que ahora no echa de menos ese producto y su proceso de adaptación le ha hecho tener unos hábitos alimenticios más sanos de lo habitual para su edad. «Me encantaría que todo el mundo fuera vegano para que no se alimentase de productos que provienen del sufrimiento, la enfermedad y la humillación», expresa.

Sus inicios fueron inciertos, comenzó eliminando la carne de los platos hasta que aprendió la inmensa variedad de posibilidades que ofrece ser vegano. Se siente mejor y sus analíticas están impecables. Toma una levadura de cerveza rica en B12, una de las vitaminas ausentes en las dietas veganas, según los escépticos, al proceder de la proteína animal. Una batalla que zanjan los afectados diciendo que la población mayor de 65 años actual también presenta déficit a pesar de tener una dieta rica en productos de origen animal. Los suplementos, en algunos casos necesarios para los veganos, pueden ser imprescindibles para más personas, sin tener en cuenta el tipo de alimentación.

Ana es maestra en Sevilla y hace 19 años dejó la carne en pleno embarazo. Su despertar, como ella misma califica, ha sido progresivo. La eliminación de alimentos ha sido constante y a día de hoy solo toma queso de cabra y huevos. El tiempo dirá cuándo deja estos alimentos para ser vegana al cien por cien. «Es algo que vas sintiendo al comer y ves que eso no te llena, te sienta mal», explica. En casa vive con su hijo, su marido y su madre y es la única vegetariana y vegana en proceso. Se respetan y conviven sin problema.

En Málaga tiene su segunda vivienda. Aquí pasa las vacaciones, festivos y se escapa cada vez que puede, sin embargo, el comer en la calle aún lo tiene demasiado limitado. Asegura que apenas existen lugares que ofrezcan comida vegana y solo conoce un vegetariano en el que hay opciones para aquellos que no quieren productos que no procedan en absoluto de los animales. Lo cierto es que hasta hace unos años había un vacío de oferta gastronómica en la ciudad que poco a poco se llena. Existen varios vegetarianos con opciones veganas y solo dos veganos (Raw Attitude y El Karmen). También hay establecimientos de comida tradicional que ofrecen propuestas veganas, una posibilidad que aplaude el sector e incentiva a que se fomente.

Pero ¿de qué se alimentan los veganos? La idea de comer vegetales y semillas, como muchos detractores definen, parece aburrida e insuficiente en términos alimenticios. Sin embargo, los propios veganos se convierten en auténticos expertos de la materia y aseguran que sus necesidades están cubiertas.

El omega del pescado está en un sinfín de semillas, al igual que el hierro que se obtiene de semillas de hojas verdes. El calcio lo obtienen a través de las semillas de sésamo, que tiene diez veces más que la leche de vaca. Los minerales de las frutas y verduras pero ¿y las proteínas? Los aminoácidos están en diversos productos vegetales, y son los encargados de crear las proteínas. No hay deficiencias y su bienestar mejora de manera considerable, según explican.

En cuanto a dónde comprar productos, los herbolarios cada vez proliferan más y las grandes superficies sucumben cada vez más a la moda de comer sano y cuentan con repositorios «bio». Laura Lloret regenta desde mayo Bióvoros, un herbolario que cuenta con productos ecológicos, alimentación, cosmética, plantas medicinales y artículos de higiene que inundan este establecimiento al que acuden dos tipos de personas: vegetarianos y veganos y personas que quieren tener hábitos más saludables.

Cada vez hay más tiendas que promueven una alimentación o hábitos diarios con productos menos agresivos para nuestro cuerpo y Laura, apasionada desde pequeña del mundo de las plantas medicinales decidió dar un giro a su vida profesional, dedicada al periodismo en Mallorca, para volver a su tierra y meterse de lleno en este proyecto. Asegura que muchos demandan información para conocer un poquito más cuánto hay de cierto en todo esto y asegura que lo que más se vende es el colágeno para las articulaciones y el jugo de aloe vera que funciona como desintoxicante y alcaliniza. Y es que, por salud, conciencia animal o medioambiental, cada vez son más los que miran la letra pequeña de la etiqueta y deciden qué quieren comer.

Inmaculada Rodríguez, alumna del curso


«Todo es ir probando y viendo recetas»

Hace cinco años que Inma se hizo vegetariana y no solo ha cambiado su forma de alimentarse, sino que ha encauzado su vida profesional por este sector.

Durante casi dos años regentó una tienta de productos vegetarianos y ecológicos en la calle Martínez Maldonado que tuvo que cerrar al no salir las cuentas. Aun así, no se desvinculó del todo y decidió unir dos de sus grandes pasiones: cocinar y la alimentación vegana.

Conocer a productores que venden fruta y verdura ecológica ha sido uno de los grandes alicientes de esta joven de 33 años que se dedica a la comida de domicilio. Por siete euros organiza menús a diario que recogen sus clientes y en los que hay una inmensa variedad de sabores y texturas. Y es que el lograr platos que simulen sabores tradicionales no engloba secretos para ella. «Se puede buscar sustituto a todo y se prueban con especias. Por ejemplo para hacer boloñesa necesito soja texturizada fina». El aroma de humo las especias de pollo sirven para simular la carne, las algas simulan el pescado o el chorizo se elabora con pimentón y ajo, según detalla. «Todo es ir probando y viendo las recetas que hay en internet ayudan mucho», detalla Inma, la creadora de Happy Paprika que espera algún día lograr uno de sus sueños: montar un restaurante vegano en la ciudad.

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