Memorias de Málaga

Un día en la Málaga de hoy

Pasar una jornada en la Málaga actual es toparse con un mundo que, pese a que no habla en inglés, exhibe palabras inglesas a tutiplén en el día a día, incluidos escaparates y productos de imposible conocimiento.

15.01.2017 | 20:12
Exhibición del as del monopatín, Tony Hawk, en el Skate Park de Málaga, en 2015.

Hoy me he levantado de la cama no muy católico; no yo, sino un supuesto conciudadano. Siguiendo la rutina diaria me he dirigido al desayunadero, como dicen los mejicanos, para tomar un vaso de leche light con unos copos de cereales de marca extranjera. No me apetece ir al curro porque el cuerpo no me lo pide. Le digo a mi chica que anda por otro rincón de la house que me voy sin informarle de mi decisión de no trabajar para la franquicia Brothers Gun Travel Associated. Mi chica vive a su aire, ajena a lo que no le interesa. Con su rollito tiene bastante. El otro día me comentó la cantidad de dinero que se tiene que gastar en viajes a Génova el presidente Rajoy. Le tuve que aclarar que cuando va a Génova no es que desplace a la bella e histórica ciudad italiana. La Génova de Rajoy es la calle de Madrid con ese nombre donde está la sede del PP.

En el hall del edificio de la Comunidad La Bellota me crucé con la vecina del 4º A derecha, que iba con su hija, futura modelo de la Málaga Fashion porque está flaca, o sea, cuerpo de modelo, de las que lucen extravagantes trajes de transparencias diseñados por modistos españoles de extraños nombres. Es muy mona pero ya se le está poniendo cara de mala leche porque pasa hambre para poder lucir vestidos de la talla 32 que le exigen los modistos.

Ando sin prisas leyendo los rótulos de los comercios que me encuentro al paso. Escudriño los escaparates para contemplar las ofertas, artículos que invitan a ser comprados. Todo está fuera de mis conocimientos. Hay Basket Lower, FourDraw, Sandara Sparkling, Protextrem Sun & Slip, Fusion Water, Stressless by Exornes, Burger King y cuando me canso de tanto inglés decido, aunque es temprano, acercarme al Soho para entrar en un pub y pedir una birra porque si pido una cerveza a lo peor el camarero no sabe lo qué es.

Me siento en un puff. Me informa de que se ha abierto un local denominado The Living Room cerca del pub, pero como no sé lo que es eso me abstengo de acceder por si se trata de algo que atente a la moral y buenas costumbres.

Vuelvo a salir a la calle. Dirijo la vista a anuncios y carteles que inundan los balcones de las primeras plantas de los edificios. Leo, y no me entero de nada, por supuesto: MIT School, Meeting Point en Benalmádena, Málaga Business Angels€ Me crucé con un amigo que me dijo que forma parte del grupo Boom Art. Estuve a punto de comprar una camiseta con el eslogan Bad Luck con un signo de interrogación incluido, igual a la utilizada por María Gámez en la campaña electoral cuando quería ser alcaldesa de Málaga. No entiendo lo que dice el texto impreso, pero como no fue elegida alcaldesa, por si acaso, no la compré.

A mis oídos llegaron más que rumores, sones de protesta adobados con pitos y cencerros. Me acerco al lugar de donde proceden los molestos ruidos. Un grupo de treinta o cuarenta personas de uno y otro sexo dirigen sus protestas hacia el número 17. Se trata, según me informa uno de los integrantes del grupo, de un escrache a un señorito de pan y manteca, tarjeta black, que está en la pomada y, al parecer, para no desmerecer de los miembros de la casta, ha estafado a varios ignorantes que no saben que el dinero donde mejor se conserva es debajo del ladrillo de la sala de estar y no depositándolo en un banco que con las preferenciales y los elevados sueldos de los consejeros, muchos de ellos ex de altos cargos de la Administración, arramblan con todo.

Es temprano para regresar al sweet hogar porque mi chica, ahora que me acuerdo, me dijo que esta mañana iba a ir al gimnasio para hacer spinning bajo las indicaciones de su coach, y que después iba a tomar clases de zumba y pilates, visitar al estilista para que la peine con el tocado ad hoc para un party o un picnic. Además, me adelantó, que iba a ir a no sé qué tienda de prendas intimas porque el viernes va a pasar el weekend en una casa rural de no recuerdo dónde para celebrar con sus amigas del colegio el décimo aniversario de acabar el COU.

Entré en un establecimiento de comida basura y rápida donde me zampé un hotdog, una cola y un pancake que sabía a plástico biodegradable.

En casa

Llegué a casa después de tropezar con un ciclista que iba por el carril-bici y que yo, ignorante de la realidad urbana, no tuve en cuenta. La culpa fue mía aunque creo que el afiliado a la asociación de Ruedas Cuadradas estaba emulando a Valverde o a Purito Rodríguez.

Para prevenir los dolores y consecuencias del choque me acerqué a la farmacia donde habitualmente compro las medicinas que me receta mi médico de familia de la Seguridad Social y consulté, como nos recuerdan los anuncios de la tele, con el farmacéutico (en este caso farmacéutica) para que me recomendara el medicamento indicado para el caso. Tenía en la memoria, más o menos revueltas, todas las milagrosas medicinas que anuncian por la radio y televisión para adelgazar, evacuar, orinar, rejuvenecer, tener boca sana, dientes blancos, vientre plano, recuperar la memoria, descansar si se está cansado, ansiolítico por si me pongo de los nervios, potitos para ahuyentar el colesterol malo, vitaminas para suplir las que no están en los alimentos que consumo, cremas antiarrugas que devuelven al cutis la tersura de un culito de bebé, pastillas para eliminar el dolor de las rodillas, mil productos para tener un pelo sedoso, aliviar el dolor de las hemorroides e incluso un aparatito para colocar detrás del pabellón auditivo para oír mejor€ y que para lo que hay que oír lo mejor es entrar en escalafón de la milicia, o sea, teniente, que es el primer peldaño, para quedarse sordeta perdido.

La farmacéutica, que es amiga de toda la vida, me recomendó que no tomara nada. Olé su profesionalidad.

Después de pisar dos moñigas del perrito de la vecina del séptimo que tiene la costumbre de hacer sus necesidades (el perrito, no la vecina) en el rellano de la segunda planta pese a las sucesivas protestas de los comunitarios, entré en mi vivienda y tras limpiarme cuidadosamente en el felpudo bajo el cual dejo la llave del piso como en las películas la suela del zapato del pie izquierdo por culpa del perrito de la vecina –que además no es perrito sino perrita y que su dueña le puso el nombre de Pitiminí II porque la primera se murió de vieja– me desplomé en la chaiselongue para descansar de la gira matutina, que me cansó más que si hubiera ido al trabajo de la oficina donde el ambiente es muy tranquilo porque soy el único empleado.

Eché una ojeada al periódico y me detuve en un anuncio del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Gobierno de España, por supuesto) donde una modelo que se llama Mercedes, tras una copa de vino blanco aconseja «Wine in Moderation. Eu. Aert de Vivre», algo sobre la cultura skate, hip-hop y punk, otro artículo que hace referencia a la generación del babby boom español, una fotografía de un biker y el convenio entre mi Ayuntamiento –el de Málaga– para dedicar un módulo de la Tabacalera a centro demostrador Smart City con una sala showroom.

La televisión

Como no me llegó la soñaera que produce una buena comida, porque había ingerido comida-basura, encendí la televisión. Después de una sarta de anuncios de productos que no voy a comprar, de viajes que no entran en mis cálculos realizar, de las recomendaciones de la DGT para que cuando conduzca no fume, no oiga la radio, no use el móvil, respete las señales de tráfico, no corra, no lleve al bebé en el sillín delantero, entre otras cosas porque no tengo coche, ni fumo, ni tengo móvil, ni bebé, me encontré con un programa en el que hombres y mujeres, guapos y merdellones, putones verbeneros y sin el apelativo festivo, hablando a gritos, se insultaban, decían que no se acostaban con fulanito ni con fulanita pero sí con menganita que está más buena, y que eres una mentirosa, que tú más, que tus muertos a caballo, que aquella es tonta del culo y otras lindezas barriobajeras, me quedé groggy.

Me despertó la sintonía de los servicios informativos. Vamos a ver, me dije, qué pasa en Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla (las únicas ciudades españolas; las otras no existen), en qué parte del mundo se ha registrado una catástrofe, a qué político o banquero ha detenido la policía por orden de un juez por posibles delitos de prevaricación, cohecho y malversación de fondos públicos, con imágenes de policías metiendo en el maletero de los coches grandes cajas con papeles y ordenadores, qué compañero sentimental ha asesinado a su pareja y las consabidas arengas y soflamas de los líderes y lideresas de los partidos políticos y sindicatos.

Y después, Ronaldo, Messi, Rafa Benitez, Mourinho, Luis Enrique y a veces Simeone... Total, lo mismo que el día anterior y que se repetirá mañana con escasas variantes. Y para que todo siga igual, un poquito de Bruselas, las máquinas de hacer billetes y media hora del tiempo con sus isobaras, vientos del Este y nevadas a seiscientos metros sobre el nivel del mar, gotas frías y la gente bañándose y tomando paella en las playas de la Malvarrosa (Valencia).
Después vino la serie de turno en la prime time... y me dormí como un bendito escuchando beatíficamente los ecos del botellón semanal que montan los jóvenes y jóvenas cerca de mi casa con vistas al mar y chiringuitos.

Mañana me encontraré cerca de mi casa las botellas de vidrio y plástico esparcidas por las aceras y calzada, restos de vomiteras, plásticos y más plásticos, colillas, meadas y otros residuos que recogerán los servicios de la empresa Limasa, mixta o municipalizada.

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