Economía

Los bancos no tienen ya oficinas en casi veinte municipios malagueños

La Axarquía y la Serranía de Ronda son las más afectadas por la reestructuración, que busca reducir costes y que apela al mayor uso de las nuevas tecnologías por parte del cliente

30.01.2017 | 01:36
Cútar, uno de los municipios malagueños sin sucursales bancarias.

Las entidades han cerrado casi el 40% de su red

La dinámica de cierre de sucursales bancarias en la que están inmersas desde hace años las entidades financieras ha provocado que 17 localidades de la provincia de Málaga (un 16,5% del total de 103 que la componen) no cuenten ya con ninguna oficina en su término municipal, según datos recabados del sector por este periódico. Se trata de municipios de pequeña población y situados en la Serranía de Ronda y en el interior de la Axarquía que suman en conjunto casi 9.200 habitantes. La citada lista estaría compuesta por Alfarnatejo, Alpandeire, Árchez, Arenas, Atajate, Cartajima, Cútar, Faraján, Júzcar, Macharaviaya, Moclinejo, Montecorto, Parauta, Salares, Sayalonga, Sedella y Serrato.

Las razones de esta situación son diversas. La principal es el constante proceso de reducción de costes y de ajuste de estructuras que iniciaron las entidades financieras hace ya ocho años a partir del estallido de la crisis y que se aceleró a raíz de las múltiples fusiones de entidades que se produjeron en el sector, aunque fuentes financieras también aluden a la arrolladora incidencia de las nuevas tecnologías, que han provocado que cada vez más clientes realicen su gestiones desde el ordenador o el móvil y hayan dejado de acudir a las sucursales. La consecuencia es que los bancos han ido cerrando las sucursales de su red con menor rentabilidad.

En este sentido, los datos de conjunto son rotundos: las entidades financieras han clausurado un total de 535 sucursales en la provincia de Málaga desde los máximos alcanzados a mitad de 2008, lo que supone el 38% de las más de 1.400 que llegó a haber abiertas. Por decirlo de forma más gráfica: prácticamente cuatro de cada diez oficinas que llegaron a estar operativas hasta antes de la crisis han echado ya el cierre. Según los últimos datos del Banco de España, correspondientes a septiembre de 2016, quedan ahora 872 sucursales abiertas, con lo que el parque de oficinas en Málaga ha vuelto a los niveles de 1998.


En los municipios de más población, dotados de un mayor número de oficinas, las clausuras sólo obligan al cliente que necesita realizar una gestión de forma presencial a acudir a otra cercana dentro de su localidad . Sin embargo, en el caso de los pueblos más pequeños el cierre puede suponer dejar al municipio ya sin ninguna oficina, con lo que sus habitantes deben afrontar un desplazamiento a otra localidad, a veces de bastantes kilómetros. Buena parte de la población de estas localidades afectadas responde además al perfil de personas mayores, tradicionalmente quienes más prefieren seguir acudiendo a las oficinas para realizar sus trámites.

El vicedecano del Colegio de Economistas de Málaga y presidente de la comisión financiera del Consejo General de Economistas de España, Antonio Pedraza, considera que la tendencia de cierres es «irreversible» y que continuará a lo largo de los próximos años en un volumen todavía por determinar, lo que podría ir dejando a más localidades sin oficinas bancarias.

«La tecnología está dejando a las oficinas como unas estructuras muy pesadas y costosas para las entidades, que asisten además a unos años de márgenes de negocio muy bajos. Los clientes hacen sus transacciones desde el móvil y esto está marcando toda esta tendencia», afirma. Para Pedraza, los grandes damnificados son las personas de más edad que residen en estos municipios, el segmento de población donde por ahora ha calado menos el uso de las nuevas tecnologías.

Según comenta, los bancos están tratando de paliar la ausencia de oficinas en estos enclaves con la introducción de la figura del agente financiero o de la corresponsalía, puestos en ambos casos desempeñados por personas que trabaja como autónomos y que se encargan de asesorar a los clientes sobre los servicios y productos de la entidad. Pedraza señala, no obstante, que el problema de un municipio sin oficinas bancarias es que también suele quedarse sin cajero, ya que mantener una instalación de este tipo sin una sucursal tiene un coste elevado.

Un proceso que irá a más

Fuentes del sector admiten que el futuro parece caminar en esta dirección en el caso de los municipios de menor población. «En localidades de menos de 2.000 habitantes la decisión de las entidades es transformar el servicio de oficinas hacia la estructura de agentes financieros allí donde resulte viable, y cerrar donde no sea posible y se considere que el negocio nunca va a ir para arriba. Y lamentablemente no se puede estar en todos los barrios de una ciudad ni en todos los pueblos de una provincia. Las entidades no pueden perder dinero», señalan. También se insiste en la menor afluencia de clientes a las oficinas para realizar operaciones hasta ahora habituales.

«Uno de cada cuatro clientes opera ya habitualmente en banca electrónica y banca móvil. En pocos años el modelo de negocio de la banca ha cambiado mucho, y en los próximos dos o tres años cambiará aun más. Por ello, allí donde las entidades deciden mantener su presencia, las oficinas se están reconvirtiendo en centros de asesoramiento financiero.
De ahí que, sabiendo que el servicio convencional está llamado a desaparecer, las entidades están invirtiendo hoy menos en su red de sucursales y más en nuevos canales y herramientas digitales y móviles. Cada vez son más los clientes, especialmente los más jóvenes, que no demandan oficinas sino tecnología», alegan.

Tal visión no es compartida desde otros ámbitos. El responsable del sector financiero del sindicato de Servicios de CCOO en Málaga, Rafael Manjón, afirma que los bancos deberían dar servicio en el mayor número de municipios posibles «al margen de costos y rentabilidad» y señala que la población de las localidades que se quedan sin oficinas están lo que se denomina situación de «exclusión financiera». Además, lamenta el efecto negativo que los cierres de oficina están teniendo en el volumen de empleo del sector bancario.

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