La Ciudad

Youtubers y las ganas de huir donde no haya wifi

Las redes sociales son un arma de doble filo: por un lado son fantásticas herramientas de comunicación, pero un mal uso de ellas hace que se conviertan en plataformas dañinas donde el respeto no existe

15.02.2017 | 23:18

Al principio me daba cierta pereza escribir de este tema. Lo admito. Porque entiendo que detenernos en el análisis de ciertas conductas solo puede servir para animar a otros descerebrados a que las emulen. Sin embargo, la última moda de los youtubers es digna de una tesis de psicoanálisis, más que de esta crónica de la ciudad. Pero en esta ciudad, precisamente en Málaga, se ha producido el último episodio que ha trascendido. Verdad o mentira, real o fake, el vídeo del gas pimienta en la pizza no deja de ser la punta de un iceberg que nos tendría que hacer temblar, y no de frío.

¿Cuánto nos queda aún por ver? ¿Hasta dónde puede llegar la podredumbre de esta sociedad? Del «caranchoa» que se llevó el guantazo de aquel repartidor que se sintió objetivamente ofendido de forma gratuita, al otro elemento que repartió galletas rellenas de pasta de dientes a un indigente para hacerse el gracioso sin tener ninguna gracia. Todo lo contrario. Desde luego que la unidad de delitos tecnológicos de la policía tiene trabajo...

Las redes sociales son un arma de doble filo: por un lado son fantásticas herramientas de comunicación, pero un mal uso de ellas hace que se conviertan en plataformas dañinas donde el respeto no existe. Como un cuchillo, que puede servir para cortar pan y dar de comer, lo que es bueno, o para acabar con la vida de una persona, lo que es dramático. Yo me resisto a pensar que la sociedad real sea así de cruel. Que el amparo del anonimato envalentona a los cobardes, a los que se esconde detrás de un avatar o de un seudónimo. De otro modo, dan ganas de huir bien lejos, al menos donde no haya wifi.

Carnaval

El concurso de canto del Carnaval de Málaga celebra mañana su gran final en el Cervantes. Las agrupaciones han puesto sobre las tablas el trabajo de muchos meses de ensayos y de amor por la ciudad y sus tradiciones. Mi reconocimiento sentido para ellas. Hace tiempo que esta fiesta se ha quitado muchas etiquetas y ha dejado de estar encasillada. Fuera prejuicios sin sentido. Nada de merdellones. ¡Viva la cultura! Hay mucho mérito y mucha brillantez en los repertorios, auténticas obras de arte en ingenio, buen humor, letra y música. Todo un canto a la libertad.

Sin embargo, hay autores que parecen anclados en la misma crítica de siempre, contra las mismas instituciones de siempre y contra las mismas figuras de siempre, como si sufrieran una huella mnémica, es decir, como si tuvieran algo que les quedó profundamente implantado en su memoria para bien o para mal, condicionando así su presente y sus actuaciones futuras. A veces se escribe con mucha falta de información y mucha demagogia barata, cayendo en el error de una incorrección previsible, como mínimo, tan solo por buscar el aplauso del patio de butacas. Y en este sentido, se echa de menos una crítica social más actualizada en los pasodobles.

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