Málaga solidaria

Migrantes, refugiados... personas

17.06.2017 | 00:04

No descubrimos nada nuevo al afirmar que las migraciones de personas han sido una constante en la historia de la humanidad. Gracias a ellas los pueblos se han enriquecido con las experiencias de unos y otros; se ha impulsado el desarrollo social; e incluso se han solventado los problemas de endogamia genética de las regiones más apartadas.

Decía el doctor Gregorio Marañón a principios del siglo XX –hablando del problema del bocio que padecían las mujeres de Las Hurdes–, que la solución no estaba en la aplicación de fármacos milagrosos, sino que pasaba por la construcción de una carretera que permitiera a los vecinos de la comarca desplazarse a otros lugares del entorno, intercambiar productos agrícolas y cambiar sus costumbres alimentarias.

Las grandes ventajas que las migraciones han tenido históricamente para el desarrollo social, se han visto cercenadas tras la creación de fronteras y muros divisorios entre países, muchos de ellos en respuesta a intereses económicos y políticos de los países ricos, de más que dudosa legitimidad social.

Pero a pesar de los límites políticos establecidos, el siglo XX fue un buen ejemplo de migraciones intraeuropeas, lo que permitió el desarrollo económico de países como España, cuyos ciudadanos protagonizamos un importante éxodo a Alemania, Suiza o Francia.

En estos albores del siglo XXI, en la denominada Europa del bienestar, parece que nos hemos olvidado de lo que fuimos y cerramos nuestras fronteras con artilugios legales a los nuevos migrantes que llaman a nuestra puerta, con actitudes en muchos casos de lesa humanidad.

Ya sean refugiados que huyen del horror de la guerra, perseguidos políticos que intentan poder salvar su vida y la de sus familiares, o bien sean migrantes económicos que buscan un futuro mejor para sus hijos, todos ellos son merecedores de nuestra acogida.

A nadie escapa que esta acogida de migrantes y refugiados no es una solución definitiva. Que es necesario apoyar el establecimiento de regímenes democráticos en los países de origen de este flujo humano; que es imprescindible acabar con los conflictos bélicos que los asolan y que en la mayoría de los casos solo ocultan intereses económicos; y en definitiva, que es obligación de todos promover el desarrollo social de los países más desfavorecidos, origen primigenio de la gran mayoría de las migraciones contemporáneas.

Es por lo tanto una obligación de los responsables institucionales en primer término, y del conjunto de la sociedad en general, cumplir y hacer cumplir con los compromisos de los acuerdos internacionales en materia de refugiados, así como llevar a la práctica los principios básicos de humanidad que debe presidir la actuación de aquellas sociedades que se consideran cultas y desarrolladas.

Sea cual sea su calificación administrativa o jurídica de migrantes o refugiados, estamos hablando sencillamente de personas.

*Utrilla es presidente de Cruz Roja Málaga

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