Entrevista

"El malagueño es buen conductor y buen pagador de multas"

Trinidad Hernández cumple una década como Jefa Provincial de Tráfico de Málaga

13.08.2017 | 17:45
Trinidad Hernández posa frente a las pantallas del Centro de Gestión de Tráfico de Málaga.

Nació en 1969 en Granada y esa universidad se licenció en Derecho en 1991. Primera de su promoción en las oposiciones a la Dirección General de Tráfico, dejó su huella profesional en Motril, Murcia y Alicante -su primer destino en la DGT- antes de llegar a Málaga en 2004 como número dos de la Jefatura Provincial. Entonces tenía muy claro que volvería a la ciudad de la Alhambra más pronto que tarde, pero su nombramiento como jefa provincial en 2007 la ha convertido en una malagueña más

Dice Trini que a ella también le multan. Que paga y punto, no como los personajes públicos que acuden a su despacho como si fuera una ventanilla VIP: «Siempre les digo que paguen cuanto antes y aprovechen la reducción del 50%». Reconoce la buena evolución del conductor de Málaga, destaca el valor del carné por puntos en esa transformación y defiende el plan de radares frente a los que dicen que están para recaudar: «Estas multas no se gestionan en Málaga. Yo sólo sé que con ellos corremos menos y que hay menos accidentes graves». Todavía se emociona al recordar la catástrofe de 2008, cuando un grupo de turistas finlandeses murió en un terrible accidente en la A-7.

Cumples una década como jefa provincial. ¿Te veías en Málaga tanto tiempo?
No, yo vine para irme. Soy de Granada y conocía Málaga poquísimo. La visité en alguna ocasión pero nunca me imaginé vivir aquí. Después de pasar por otros destinos llevaba tiempo con ganas de volver a mi tierra, y mientras salía una vacante en Granada me ofrecieron venir a Málaga. Y fíjate.

¿Te costó decidir?
Llegué como número dos y cuando me nombraron jefa tuve claro que me quedaba en Málaga, de lo contrario no hubiera aceptado la responsabilidad. A veces digo que me engañaron porque pensaba que esto era más fácil de lo que realmente es. Pero bueno, estoy contenta. Todo tiene sus luces y sus sombras. Si ponemos la balanza el resultado para mí es positivo. El trabajo me gusta y hacerlo en Málaga, también.

¿Cómo recuerdas esos años?
Fue una etapa convulsa porque en el año 2005 echaron a un jefe provincial y vino uno nuevo, José Vico, y este tipo de cambios afecta mucho a los trabajadores. Yo era subjefa y Vico, que es paisano mío, quería irse a Granada y tuvo la oportunidad de hacerlo. Ahí es cuando Madrid me plantea la Jefatura, sobre todo por estabilidad, porque yo ya conocía a la gente, la plaza, el trabajo. Acepté. Ahora pienso que fui un poco inconsciente, pero insisto, el resultado para mí es positivo.

¿Cuál es tu balance?
Esta semana te diría que malo porque estamos con asuntos de intendencia, que es lo peor que hay (risas). Estoy muy contenta, sobre todo porque creo que he conseguido que aquí trabajemos como un gran equipo y porque hemos alcanzado todos los retos que nos hemos marcado.

Has sobrevivido a cuatro Gobiernos y a tres directores generales de la DGT en un cargo que parece muy goloso.
No creo que sea tan goloso, pero en todo caso este puesto no es político, no nos confundamos. Hay que ser funcionario de carrera del grupo A-1, al menos en el 99,9% de los casos. Cuando llega un nuevo director general, que sí son personas ajenas al organismo, analiza el resultado de la Jefatura y decide si ponen a otra persona o no, pero esta tiene que ser un funcionario del cuerpo de Tráfico de la Administración General del Estado. Este puesto es un perfil muy técnico, la mayoría de los jefes provinciales están muchos años en el mismo puesto hasta que se jubilan.

Entonces, ¿te jubilas aquí?
Sí, eso espero. Mis dos hijos son de Granada y Alicante, pero se han hecho malagueños, como yo. Me quedo aquí para siempre.

¿Qué es lo que más te gusta de Málaga?
La luz. He vivido en otras ciudades con mar y ninguna tiene esta luz. Su gente. El malagueño es la persona más creativa y emprendedora que existe, al menos en España. Gente con prospectiva.

¿Y es el malagueño un buen conductor?
Hasta el año 2015 hemos sido una de las provincias con mayor descenso de accidentes mortales, pero también hay que decir que hay un pequeño grupo que no es tan bueno. En general te diría que el malagueño sí es un buen conductor y un buen pagador de multas.

¿Te has planteado dejarlo alguna vez?
Muchas veces. No me gusta la rutina, quiero tener retos nuevos y en alguna ocasión he llegado a tener la sensación de que la situación se estancaba, que necesitaba otra cosa.

¿Por ejemplo?
Nunca he pensado en nada concreto. Yo soy funcionaria y podría trabajar en un Ayuntamiento o en una administración del Estado. A lo mejor lo digo con la boca pequeña porque la verdad es que nunca he buscado otra cosa.

¿Política?
No, no, no valgo. A lo mejor podría ser concejala o alcaldesa de mi pueblo, quién sabe, pero conozco mis limitaciones y creo que para ser político hay que valer. Los políticos se exponen mucho, reciben muchas críticas y creo que se sufre mucho. Mira, cualquier decisión que yo tomo en el ámbito de la Jefatura siempre tiene un perjudicado, pero si tus decisiones son públicas... Creo que no sería una buena política. ¡Me cabrearía mucho!

El año que asumió la Jefatura hubo 80 fallecidos en las carreteras malagueñas. El año pasado, 30.
La clave es el carné por puntos, un sistema que ha permitido que los conductores cambien de conducta. Es indudable que ahora hay vehículos más seguros, mejores carreteras, más educación vial, mejor formación... Estos son pequeños granos de arena. La gran montaña, el antes y el después, es el permiso por puntos. Con él hemos sabido diferenciar al conductor normal del reincidente, y ahora la DGT se está replanteando qué hacer con este grupo.

Sin embargo, en 2014, Málaga alcanzó su mínimo histórico con 24 fallecidos y desde entonces las cifras aumentan.
Influyen varias circunstancias. La circulación ha aumentado y el parque de vehículos envejece. Las consecuencias de un accidente son más graves cuando un vehículo no tiene todos los sistemas de seguridad activos y pasivos. Tenemos grandes carreteras, muy recientes que no están en mal estado, pero es verdad que las vías convencionales dan más problemas. No se pueden mejorar mucho más allá de concienciar a los conductores de los riesgos que existen en esas vías. No sé si es políticamente correcto decir esto, pero en algunos casos se puede hablar de la mala suerte. Málaga tiene una de las IMD (Intensidad Media Diaria) más altas de España, es más fácil tener más mala suerte aquí que en otras provincias. Aunque nuestro lema es ´cero accidentes´ y es a lo que aspiramos, sabemos que hay accidentes que se tienen que producir. El vehículo puede tener un fallo mecánico; el peatón que invade la calzada; un ciclista que se cruza con un conductor que excede la velocidad; el alcohol y las drogas...

¿Qué otras cosas se han conseguido además de reducir el número de fallecidos de la pasada década?
El plan de radares es muy bueno. Gusten o no, su presencia ha conseguido que la velocidad media en la provincia se reduzca en los puntos más conflictivos, y con ella el número de fallecidos y heridos graves. Con los paneles de mensajes variables hemos implantado un sistema de tiempos de recorrido para que el usuario utilice las vías que más le convenga en función de lo que le decimos que se tarda en llegar a su destino. Y en materia de educación vial, la DGT colabora con todas la policías locales de la provincia para que participen en campañas, que las trasladen a los colegios.

19 de abril de 2008.
El día del accidente en el que murieron nueve turistas finlandeses. Fue horrible. Me hicieron jefa en 2007 y ese mismo verano murió un guardia civil de la Agrupación de Tráfico en un siniestro en Benalmádena. La muerte del agente me pilló muy verde, muy novata, y ya fue duro. Tras ese accidente se marchó el capitán que había y me alejé más de lo deseable del trabajo de campo de la Guardia Civil. La catástrofe del autobús fue prácticamente mi debut. Fue un sábado. Estaba en casa y llovía a mares cuando me llamaron a primera hora de la tarde para decirme que había un accidente importante en la A-7, con muchas víctimas. Llamé a Hilario (López Luna), el subdelegado de entonces, lo recogí en su casa y llegamos hasta allí como pudimos. Llegué aterrada. Me encontré con la realidad de un trabajo que hasta ese día pensaba que era estar en una oficina. Guardé el tipo como pude. Hasta ese día no había visto un fallecido ni tanto dolor. Aquello me marcó mucho, no hay día que no me acuerde de ese accidente.

¿Cuáles son los puntos débiles de nuestras carreteras?
Los usuarios más vulnerables: los motoristas, los peatones y los ciclistas. El parque de motocicletas es muy grande y nuestro clima permite utilizarlas durante todo el año. Aunque este año han fallecido muchos menos peatones, es otro de los aspectos en los que hay que mejorar, mientras que para los ciclistas tenemos un plan de vigilancia con el que intentamos concienciar a los demás usuarios. Como destino turístico, un gran factor a tener en cuenta es el trayecto corto. Hay mucha gente que sale de fiesta y que se mueve de un municipio a otro, sobre todos los fines de semana.

¿Es la provincia especialmente conflictiva en el consumo de drogas y alcohol al volante?
No lo he comparado con otras, pero desde mi perspectiva, no sé si porque soy un poco pava, me sorprende mucho la cantidad de positivos por drogas que hay. Yo pensaba que ese consumo era más residual y veo que está más generalizado. Siempre me acordaré de un curso que hicimos aquí en la Jefatura para que los agentes hicieran controles de drogas. Las prácticas la hicimos en una carretera cercana sobre las once de la mañana de un miércoles y yo pensé que el día y la hora eran malísimos. De diez pruebas, siete fueron positivas.

Málaga suma más de cincuenta radares. ¿Tanto corremos?
Los radares se colocan en puntos donde la accidentalidad es importante. Con el tiempo, el número de denuncias por velocidad se va reduciendo y los fallecidos también, y ese es un éxito de los radares.

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