Testimonio

"Lo pienso todos los días y con ayuda se sobrelleva"

Ana y Juanjo tuvieron un embarazo sin ningún riesgo pero en el momento del parto, nació su hija sin vida, una posibilidad de la que nadie les había hablado y asumieron como mejor supieron hacerlo

01.10.2017 | 05:00
Juanjo y al fondo su pareja Ana.

Desde lo sucedido acuden a la asociación Amía para aprender a llevarlo y curar las heridas de una forma sana - Tras la experiencia vivida, la pareja coincide en la necesidad de que haya una figura especialista en el hospital para que los apoye y oriente

Tras 14 años como pareja y algo más de cinco casados, Ana y Juanjo, de Benalmádena, decidieron dar un paso más en su vida en conjunto y quisieron ampliar la familia. Nueve meses de embarazo que se vio afectado en el último momento: la pequeña nació muerta. «Todo fue muy rápido. Por lo visto confundieron mi latido, que era muy débil, con el del bebé y no sé... De repente venía muerta», comenta Ana.

Hace seis meses que sucedió lo que a fecha de hoy es el palo más duro de sus vidas y, a falta de una prueba que parece que no arrojará nada especial, los médicos no pueden verificar qué sucedió. Las pruebas salen bien por completo.
«Fue todo tan rápido que piensas si es a mí al único que le va a suceder esto», explica Juanjo. La realidad es muy diferente y ahora conocen muchos casos.

Naturales de Madrid, ambos decidieron venir a Málaga en busca de calidad de vida hace dos años y medio pero sus esfuerzos ahora están centrados en superar lo ocurrido. «Se piensa todos los días en ello y con ayuda se puede sobrellevar. No es fácil», explica la joven de 31 años.

Lo ocurrido a esta pareja fue tan rápido que no hubo tiempo de avisar a nadie. Una vez pasado todo, una matrona del Clínico les dio un folleto y por primera vez tuvieron constancia de qué era Amia.

Por episodios de estrés de una etapa anterior, Juanjo, de 37 años, había acudido a un psicólogo así que no vio mala opción contactar con la asociación. «Yo tenía algunas herramientas pero no eran suficientes. Lo justo para levantarnos y acostarnos. Estábamos hechos trizas», explica. Tras los primeros días en casa y al ver que Ana mejoraba mientras se recuperaba de la cesárea se pusieron en contacto. A partir de ahí el seguimiento ha sido continuo, salvo en agosto que hubo un parón. Ahora retoman las sesiones. «Me hubiera gustado que alguien estuviera allí conmigo y que me ayudara cuando me sucedió todo», recuerda Ana entre lágrimas.

Estos meses han sido tiempo de trabajar en ellos, de intentar ver las cosas desde otra perspectiva, de hacer un duelo sano para que no afecte en un futuro ante un nuevo embarazo y saber lidiar con el entorno. «Hay mucha presión para que te pongas bien, no entienden a veces lo que estoy pasando», explica Ana. «Desde la primera sesión se convirtió en un apoyo. Noté el cambio totalmente y me sienta bien», añade Juanjo.

En momentos decisivos como si querían ver a la niña o no al nacer sintieron que les faltaba alguien que les orientara sobre qué hacer. Cuál podía ser la mejor opción. «La vi y pensé en hacerle una foto pero al final no lo hice», explica Juanjo.

La pareja, por suerte, se ha crecido ante la adversidad y miran al futuro con la ilusión de volver a intentarlo. A todos no les sucede lo mismo. Mientras tanto, se dan el tiempo que necesitan para superar la pérdida de su hija.

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