Niños y tecnología

Papá, mamá, iPad: niños en la era digital

El uso de la tecnología se extiende a las edades más tempranas - Los padres están ante el reto de evitar la abducción por las pantallas luminosas

04.12.2017 | 11:55

Es una escena cotidiana. Niños, en edades muy tempranas, deslizan sus pequeños dedos con destreza por las pantallas de tabletas o móviles. El uso masivo de estos dispositivos ha provocado que los más pequeños aprendan a manejar un iPad antes de que sepan atarse las zapatillas. Los especialistas advierten de un uso inadecuado, y vinculan un abuso con trastornos como la hiperactividad

El bebé está despistado. Una y otra vez palpa con sus diminutas manos la revista e intenta deslizar las fotos que tiene delante, pero, que raro, nada se mueve. Levanta la cabeza y dirige una mirada extrañada a su madre. Todavía no ha aprendido a hablar, pero se intuye lo que quiere preguntar. «¿Mamá, esto se ha roto?». La madre lo ha grabado todo y la secuencia completa puede contemplarse en YouTube. «Para mi hija una revista siempre será un iPad desperfecto», reza la descripción. Las casi cinco millones de visualizaciones tienen un claro carácter simbólico. Una metáfora de una sociedad conectada que se manifiesta en las escenas más cotidianas de la vida. En cada salón y en cada restaurante de este país hay un niño dejando sus huellas en una pantalla de cristal. Quién es quién en este nuevo mundo de nativos digitales que aprenden antes a copiar y pegar que a atarse las zapatillas. ¿Steve Jobs ha matado a una generación o le ha allanado el camino a una mejor vida?

Al menos, el creador de Apple ha logrado introducir el ordenador mucho antes en sus vidas, como lo corroboran una infinidad de vídeos en internet: padres orgullosos graban a sus hijos y presumen con cierta arrogancia de la maña de los suyos para manejar tabletas y smartphones. La industria se frota las manos. Miles de aplicaciones específicas para los más pequeños se venden en Android o IOS cada día. El cuarto está oscuro y se ilumina con el brillo del iPad y los ojos inocentes contemplan con fascinación el movimiento. Target niños pequeños se llama eso y emergen las dudas sobre si es adecuado o no que los más pequeños sean confrontados desde el minuto uno con el mundo electrónico. ¿Sustituir los lápices de colores y el juguete de madera es ya algo inevitable? ¿Qué consecuencias tiene en los más pequeños el uso de tabletas, móviles o ordenadores?

Como tantas veces, es imposible dar una respuesta categórica. Apenas existen estudios fiables al respecto. Patricia Navas es neurofisióloga en el Hospital Materno Infantil de Málaga y no es contraria a confrontar a los niños con las nuevas tecnologías. Es más, habla de un proceso «inevitable». Si se acepta entonces que una oposición frontal al uso de las nuevas tecnologías en edades tempranas es estar ajeno al mundo, Navas insiste en que es algo que no es perjudicial por sí mismo: «Hay que emplear el uso en su justa medida. Entonces, una herramienta como el iPad puede ser también beneficiosa porque alienta al niño». La clave está, subraya Navas, en que los padres permanezcan vigilantes en todo momento, que supervisen lo que haga el niño. Obviamente, influye la edad del niño. No es lo mismo un lactante de ocho meses que un niño de cuatro o uno de nueve años. «Lo que nunca puede ser, es que el niño asocie el uso del móvil o del iPad como una recompensa». El móvil como silenciador del llanto es una jugada que no da beneficios a largo plazo y puede dar lugar a trastornos. Ahí está esa imagen del niño que se niega a comer si no tiene delante su artilugio electrónico. «La tecnología como niñera trae una serie de consecuencias. Que un niño llore y se le ponga la tablet para que se tranquilice sistemáticamente, por ejemplo, está teniendo implicaciones a nivel emocional. A ese niño le estamos privando de la oportunidad de reconocer sus emociones y ofrecerle herramientas que le ayuden a regularse. Aprendizaje que corresponde al niño, con ayuda de sus padres. Esto está provocando que los niños sean intolerantes a la frustración, que les cueste encontrar recursos internos que les permitan encontrarse mejor», advierte la psicóloga y psicoterapeuta, Elena López. Al frente de Lomar Psicología en Málaga, está acostumbrada a tratar con niños de temprana edad que pasan por su consulta.

Si la clave está en evitar que el iPad se convierta en una especie de canguro digital, tampoco difiere esta advertencia de lo que ha sido muchas veces el uso conveniente del tradicional televisor. Los padres, además de supervisar, deben guiar a sus hijos hacia un uso adecuado. En Canadá y en Suiza se ha estudiado el uso de tabletas en las guardarías. La conclusión a la que llegaron los pedagogos va en línea de lo afirmado por el departamento de Neurofisiología del Hospital Materno Infantil: un uso moderado no tiene riesgos. Es más, el riesgo de engancharse es mucho mayor en niños que están en la pubertad. Aquí se multiplican los casos que van de días enteros pegados al ordenador, jugando a cualquier tipo de vídeojuego. Los niños en edad preescolar tienden a perder rápidamente el interés y prefieren jugar al aire libre.

En general, los críticos radicales que demonizan el uso de tabletas lo tienen más difícil en su argumentación que con el tradicional televisor. ¿Pero qué pasa con ese enmudecer inmóvil siempre que un niño pequeño fija la mirada en un iPad, y que todos los padres reconocen. La neurofisióloga desmiente poderes hipnóticos y no está de acuerdo a la hora de hablar de «efecto zombie». «Realmente, a lo que está respondiendo lo más pequeños es al estímulo de luz, a la novedad, a los colores...El cerebro responde y los niños fijan la atención», explica Navas. A pesar de todo, también advierte de las consecuencias de un uso inadecuado. «Podemos relacionar un uso abusivo con el posible desarrollo de un trastorno de déficit de atención o hiperactividad», añade. Esto, en la práctica, se manifiesta, sobre todo, en problemas dentro del ámbito escolar y en la falta del desarrollo de unas relaciones adecuadas con los niños de su misma edad.

¿Entonces es viable oponerse de lleno al mundo de las nuevas tecnologías en relación con la educación de los más pequeños? La respuesta es no. «De entrada, no hay que demonizar las nuevas tecnologías. Nuestra sociedad va cambiando y orientándose a un uso cada vez mayor de las mismas y, simplemente, creo que en estos momentos estamos en un punto de inflexión. Son herramientas que llevan relativamente poco tiempo en nuestras vidas y aún debemos aprender cómo gestionarlas de una forma positiva para nosotros, al menos desde el punto de vista psicológico», resume la experimentada piscóloga.

La iniciativa está, por lo tanto, en los propios padres que deben ser un ejemplo. Una madre que está ante el columpio y no escucha que su hija le está pidiendo que la empuje porque está comprobando los correos electrónicos no está siendo un buen ejemplo. ¿Cómo quieren los padres enseñarle a sus hijos que el mundo real es más bonito que el virtual si sólo tienen que bajarse del columpio y levantar la cabeza para darse cuentan que viven en un mundo de enganchados a internet? ¿El problema está en los padres y no en los niños? Los mayores deben aprender y fomentar el uso adecuado. Dejar las puertas abiertas al canguro digital también tiene consecuencias directas para el desarrollo de las relaciones familiares. «La descarga de los padres al dejar a los niños con las tecnologías, les priva de interacciones familiares y puede tener consecuencias en el apego de los niños», advierte López.

Para la psicóloga también existe el riesgo de desarrollar algunos trastornos que acaben mermando el rendimiento escolar si el uso de las nuevas tecnologías supera tiempo de uso recomendado. Muchos ámbitos de la vida virtual no tienen cabida en la real. «La inmediatez de las diferentes opciones que ofrece internet y las nuevas tecnologías hace que a los niños les cueste mantenerse en objetivos a largo plazo. Estamos acostumbrados a recompensas inmediatas, y eso nos lleva a mayores frustraciones... Es como un círculo vicioso, no aprendemos a manejar la frustración con recursos personales, y encima nos frustramos más. La habitual disponibilidad de las tecnologías también hace que los niños no sepan aburrirse. Parece una tontería, pero es importante que un niño sea capaz de manejar el aburrimiento y encontrar juegos o estrategias propias para entretenerse. Lo cual se traduce en un mayor entrenamiento, por así decirlo, de la regulación emocional, del desarrollo de la creatividad y la impulsión de la capacidad de asombro e investigación», resume López.

Efectos positivos

Desarrollar nuevas aptitudes
El acercamiento de los niños a las tecnologías les va a permitir desarrollar una serie de aptitudes muy válidas en esta nueva sociedad. Un uso correcto tendrá como consecuencia un fortalecimiento de las capacidades personales emocionales.

Adaptación a lo inevitable
La irrupción de las nuevas tecnologías y el uso de nuevas plataformas y maneras de comunicación es algo que se intuye inevitable. Un pronto manejo de las mismas será imprescindible en su devenir futuro.

Herramientas de aprendizaje
Utilizadas de forma correcta, hay muchas aplicaciones en el mercado que estimulan el aprendizaje de los más pequeños. Tanto para Android como para IOS, hay un amplio catálogo donde elegir.

Efectos negativos

Trastornos por hiperactividad
Existe un consenso a la hora de relacionar un uso abusivo del móvil con el desarrollo de trastornos en los niños. Un problema que se refleja en un rendimiento escolar que decae por la falta de atención en clase. 

Sufren las interacciones
La descarga de los padres al dejar a los niños con las tecnologías, priva de interacciones familiares y puede tener consecuencias en el apego de los niños.

El peligro del canguro digital
La tecnología como niñera trae una serie de consecuencias. Que un niño llore y se le ponga la tablet para que se tranquilice sistemáticamente está teniendo implicaciones a nivel emocional. A ese niño se le está privando de la oportunidad de reconocer sus emociones.

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