Entrevista

"La leyenda negra española se perpetúa porque declararse víctima es muy socorrido"

El ensayo histórico Imperofobia y leyenda negra (Siruela, 2016) de la profesora Elvira Roca llega a la 18ª edición en poco más de un año y se ha convertido en uno de las obras más vendidas en España en los últimos años

30.12.2017 | 19:27
María Elvira Roca Barea, en su casa de Málaga, con la edición en tapa dura de su exitoso ensayo histórico.

En corto

  • ¿Es casualidad que Carles Puigdemont haya escogido Bélgica, una de las cunas de la hispanofobia, para fugarse de la Justicia y lanzar duras críticas a España?
    No se ha ido a Italia o a Irlanda, por ejemplo. Se ha ido a donde él piensa que va a tener apoyo. Y es notable el apoyo de la ultraderecha flamenca. ¿Y de dónde les viene a esos señores, que la mayoría no habla español, la idea básica de que todo lo que sea contra España tiene que ser necesariamente bueno?
  • Pone de ejemplo la saga de Alatriste de Pérez Reverte como propagadora de los tópicos de la leyenda negra.
    Empecé a interesarme enormemente por ese asunto porque estaba en Inglaterra y veía cantidad de libros de Pérez Reverte traducidos al inglés. Me leí el Alatriste y entonces comprendí. Es muy curioso, pero no es nada rara esta actitud entre las élites españolas. Eso se asume con el cambio de dinastía, cuando llegan los afrancesados, y entonces cambia completamente el estilo de vida de la Corte. Cualquiera que no sea tonto se da cuenta de que para triunfar en el contexto de la Corte borbónica tiene que ir contra la tradición nacional o tendrá posibilidades de triunfo muy limitadas. Eso se ha perpetuado desde el siglo XVIII.

La Opinión vuelve a charlar con la escritora para conocer cómo vive el éxito de un libro que desmonta tópicos seculares.

Licenciada y doctora en Filología Clásica y licenciada en Filología Hispánica, antigua profesora en Harvard, María Elvira Roca (El Borge, 1966) acaba de pedir una excedencia como profesora de Lengua en el instituto Huerta Alta de Alhaurín de la Torre para afrontar mejor la catarata de trabajos, charlas y colaboraciones que le ha supuesto la publicación de uno de los éxitos editoriales del año: Imperiofobia y leyenda negra. Afable y cercana, recibe a La Opinión en su casa de Málaga.

¿Vio venir el éxito?
No, la previsión de la editorial era que, yendo bien, en un año se hubiera agotado una edición o dos. Yendo mal, que a los cinco años te llevaras los ejemplares no vendidos a casa.

Y en su lugar, 18 ediciones.
Sí. Yo le pregunto a la gente porque también me quiero enterar del porqué de este éxito. También es verdad que llega en un momento en el que el país está hecho unos zorros.

Y una investigadora como usted, convertida de la noche a la mañana en una celebridad nacional.
El lado bueno de esta clase de fama es que recibo gratitud de muchísima gente. Tengo una carpeta llena de cartas, que voy contestando. La gente me escribe las cartas más bonitas que puedas imaginar, me mandan flores, poemas, hasta pasteles. Hace poco recibí una carta de Bélgica, de Francia, de Argentina...

Y la semilla de este libro nace en Estados Unidos.
Estuve dos cursos enseñando Historia de la Lengua en Harvard, llegué inmediatamente después de las Torres Gemelas y esa experiencia fue crucial para la concepción del libro. Observé cómo todo el fenómeno del antiamericanismo afectaba a las vidas de toda la gente que conocía. Estaban asumiendo culpas que justificaran todo lo que les había pasado. Tuve una conversación con una alumna sobre ese odio, que ella justificaba, y le discutí con mucho ardor que estaban adoptando una actitud equivocada porque eso era el precio de la hegemonía que todos los grandes poderes, antes o después, habían tenido que pagar, y que España había pagado en su momento. Ella no comprendió nada de lo que le intenté argumentar y cuando me fui a mi casa, andando por la nieve, pensaba que no había sabido explicarlo bien y que debía ponerme a estudiar esto bien porque me permitiría ver con detalle cómo fue el proceso de asimilación de la hispanofobia que había en Europa.

¿Lo propuso a la editorial?
No, fue una petición de Ignacio Gómez de Liaño, el director de la colección Ensayo mayor de Siruela. Lo conozco desde hace muchos años y me dijo que debía escribir el libro porque lo tenía escrito en la cabeza. Cuando eso pasa ya tengo un montón de carpetas estructuradas y ordenadas.

¿Y por qué nace la leyenda negra ?
La leyenda negra es un fenómeno que tiene toda la lógica si uno lo mira con frialdad. Todo lo que destaca, sea una nación o una persona, genera una reacción casi inmediata de admiración y envidia a partes iguales. Lo comparo con el antiamericanismo para que se conozca muy bien cómo es el estado emocional: todos no sentimos absolutamente justificados a criticar a Estados Unidos sin misericordia y nos alegramos de lo malo que les pasa en realidad. Esa es la posición que tuvo España en un momento determinado de la Historia. Si a eso le sumas que, como también los Estados Unidos, España chocó con una serie de poderes pequeños y locales que se sintieron en peligro frente a ese imperio, es completamente lógico que esos poderes recurran a la única herramienta que pueden, la propaganda, porque no pueden derrotarlo en lo militar, en lo económico ni en lo cultural ya que en ese momento España es una potencia hegemónica.

Pero el imperio ya pasó...
Y se ha solidificado en la opinión pública europea toda una visión de España que está vinculada a ese proceso histórico, y que ya no es entendida como propaganda o deformación sino como la pura realidad.

¿Por qué Europa acepta esta colección de tópicos y exageraciones de siglos pasados?
¿Cómo vas a despojar de la Historia de Holanda la hispanofobia?, tendrías que escribir una Historia de Holanda diferente para poderlo entender. Y si a los ingleses le quitas ese pilar en torno al que ha girado su autoestima nacional desde el siglo XVI tendrás que escribir también otra Historia.

Luego la leyenda negra sigue muy viva.
Claro que sigue viva, porque dibujó una versión de la realidad, que se ha perpetuado, por ejemplo, a través de los libros de texto.

¿Hay algo de cierto en ella?
Tú coges una realidad relativamente pequeña, la tuerces, la magnificas y la conviertes en una enormidad.

En este sentido, en la obra destaca que la Inquisición Española, en toda su trayectoria, condenó a muerte a unas 1.300 personas.
Todos hemos pensado que la Inquisición era una especie de inmenso monstruo que vivía en España y que a través de los siglos destrozó y acabó con la vida de cientos de miles de personas. La Inquisición no es mentira que existiera, ahora, tienes que dimensionarla, colocarla en su justo término y ver lo que era en su contexto. Desde luego que es una manifestación de intolerancia religiosa, pero es que intolerancia religiosa era lo que había en el continente desde Gibraltar a la Península Escandinava. Todo el mundo era intolerante. Entonces, lo que tienes que ver es qué gestión hace de la intolerancia la Inquisición y qué gestión hacen los demás. Comparando las realidades, te das cuenta de que la Inquisición fue mucho más tolerante, respetuosa y compasiva que la gestión que se hizo en los territorios protestantes, que fue absolutamente atroz. Para empezar, en la mayor parte de las ocasiones no había ni siquiera proceso legal.

En el libro reparte estopa entre los más conocidos hispanistas -Pérez, Elliot, Kamen...- por apuntarse en muchos de sus trabajos a la leyenda negra.
Supongo que es una inercia de pensamiento, no creo que sea por ninguna maldad. Tiene también todo la lógica si uno se detiene a analizarla. John Elliot, por ejemplo, no puede salirse del cuadro mental según el cual, el imperio español y el imperio inglés han tenido una vida en paralelo, con sus correspondientes colisiones, y finalmente termina venciendo el imperio inglés y siendo derrotado el español, cuando ese es un planteamiento absolutamente descabellado.

¿Por qué?
Porque mientras hubo imperio español no hubo imperio inglés. Inglaterra era un poder periférico, pequeño, que se sostenía con muchísima dificultad a todos los niveles y que no fue capaz de consolidar ninguna expansión territorial ni en el XVI, ni en el XVII, ni en el XVIII y tiene que esperar, muy avanzado el siglo XIX, para que se produzca esa gran expansión colonial, que dura muy poco. En 1700, el imperio español de América tiene una población censada que sobrepasa los ocho millones de habitantes y las 13 colonias, que los ingleses han conseguido medio estabilizar en la América del Norte no llegan a los 200.000 habitantes. Entonces, cualquier intento de establecer una paralelo entre estas dos realidades es negar la evidencia de que a un lado sí hay un gran imperio y en el otro, el intento de afianzar una expansión territorial que termina fracasando muy rápidamente.

¿Se puede considerar entonces el inglés un imperio?
Ya no es imperio. Fue una potencia colonial. Creo que los historiadores usan esa palabra para cualquier cosa. Uno no puede hablar del imperio romano, un proceso larguísimo que dura siglos y pone las bases de nuestra civilización y llamar imperio a la aventura napoleónica, que echa abajo cuatro iglesias y dura cinco minutos.

¿Por qué, pese a sus muchas conquistas, Inglaterra no dio lugar a una leyenda antibritánica?
Porque nunca ha tenido una colisión con poderes hegemónicos en la Europa Occidental. Además, para consolidar una leyenda negra tenía que haberse consolidado como tal imperio y no le dio tiempo. Fue una vida muy efímera.

En el libro, una de las tesis principales se refiere a que ha existido una ley del silencio que ha permitido extender la leyenda negra española. ¿Cómo funciona?
En la leyenda negra hay una parte grande de deformación y otra que consiste en ocultación de realidades. ¿Cómo? Si pones por delante la Inquisición española como gran ejemplo de intolerancia y barbarie tapas todas las demás. Ya no ves la intolerancia inglesa, la de los territorios luteranos de Alemania, ya no ves los miles de muertos que esa intolerancia provocó ni los miles de muertos de las persecuciones religiosas que las distintas confesiones protestantes protagonizaron entre sí. El fenómeno de la intolerancia religiosa queda en Europa Occidental vinculado para siempre a la Inquisición y a España. Las demás han desaparecido. No sólo es lo que muestras, sino también lo que tapas.

¿Eso permite, por ejemplo, forjar una imagen tolerante de Holanda, pese a la persecución que sufrieron los católicos?
Eso es simplemente autoproclamarte lo que te da la gana y si sucede en mi casa, tan grave no es ni tan peligroso, cuando realmente la Historia de Holanda que nos han contado a todos, como el gran éxito, pues es una historia de sucesivos fracasos económicos tremendos en la que una parte de la población holandesa aplastó a la otra, que ha vivido sometida, con leyes vigentes y enormes restricciones, hasta el siglo XX, en cuanto a acceso a la función pública, educación... Si lo hace un protestante es tolerancia y si lo hace un católico, no lo es. Son hechos. Esas mismas restricciones llegaron hasta la mitad del siglo XIX a la Gran Bretaña. Son códigos legales que están ahí.

Cada 12 de octubre, una parte de la izquierda española califica la conquista de América de genocidio.
Una de las razones por la que la leyenda negra se perpetúa es porque es muy confortable para determinados sectores de pensamiento. Si uno justifica lo que va mal echándole la culpa a alguien con una tradición muy larga de tener la culpa de todo, uno no tiene que explicarse, por ejemplo, por qué hay esa violencia tan bestial en México o la dificultad que han tenido las repúblicas hispanas para construir estados razonablemente sólidos. Problemas reales de ahora que si tú le echas la culpa a lo que pasó hace dos siglos, ya no tienes que ponerte a pensar qué he hecho mal. Declararse víctima es muy socorrido y un aliviadero colosal. Es lo mismo que hacemos en España en el 98: Lo que nos ha pasado ahora, a mi generación que tiene a su cargo este país, la explicación está en los antepasados.

¿Se acabará algún día la leyenda negra?
No es un fenómeno solo de España. En el mundo de habla española, a un lado y al otro del Atlántico, tengo clarísimo que si nosotros no revertimos ese proceso autodestructivo aquí y allí, del furgón de cola de la Historia no saldremos jamás, pero ni nosotros, ni los mexicanos, ni los colombianos, ni los argentinos. Ese trabajo debe hacerse en nuestro propio ámbito cultural porque se tiene muy clara la idea de que la leyenda negra perjudica a España, pero no hasta qué punto perjudica a las naciones de Hispanoamérica. Error garrafal, porque han inoculado un auto odio a su propia tradición cultural, siguen teniendo todavía hoy más parte de su Historia en el mundo virreinal que en la etapa posterior a la independencia, y la condena de todo ese pasado los lastra a ellos, como nos lastra a nosotros.

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