07 de marzo de 2018
07.03.2018
Entrevista

"Los perdedores de la globalización han sido los trabajadores y la clase media"

Con aquella precisión en la explicación tan característica, Anguita sigue animando al asalto del propio destino

07.03.2018 | 13:14
Julio Anguita, durante su última aparición sobre un atril en el Palacio de Congresos.

La globalización en su vertiente capitalista, asegura, lleva a un terreno inhóspito en el que los derechos humanos brillan por su ausencia. Este martes fue el primer invitado notable del ciclo de 'Estudiantes por una economía crítica' que concluirá en abril con la presencia de Eduardo Garzón. Sobre los que se han quedado atrás, señala que "tiene que haber una autoridad política que lo corrija le guste al mercado o no le guste"

­La cafetería de la Facultad de Económicas a las 11.30 horas. Es decir, mesas llenas de jóvenes y mucho jaleo. Entre ellos, en una esquina, Julio Anguita atiende a La Opinión. Veta una valoración de la actualidad política y explica que se ha quitado de ese vicio como alguien que se ha liberado del tabaco. A Málaga ha venido a hablar de la globalización, aunque luego abre el espectro. «Hablo para que la gente piense».

¿A qué divinidad le reza la globalización?
Yo creo que no se reza a nadie. La globalización es el desarrollo y el despliegue de un sistema económico. Es una fase del sistema capitalista que ha ido creciendo, y que ha desembocado en lo que llamamos globalización. Para mí, inherentemente, lleva a una cosmovisión. Es decir, que ya tiene una serie de valores que transforman ese proceso de internacionalización de la economía en una visión del mundo.

Si se aspira a un mundo sin fronteras, ¿por qué no quiere lo mismo para la economía?
¿Quién ha dicho que yo no quiera eso? El mundo camina hacia su unidad, pero el problema es quien hace esa unidad. En un proceso, el problema siempre es quién lo protagoniza. Cojamos los derechos humanos: es el empleo, la sanidad, la educación, el derecho a un subsidio de desempleo para los parados... Eso son los derechos humanos. A partir de aquí, ¿esos derechos humanos qué lugar tienen en la globalización?

¿La globalización elimina el pensamiento crítico?
La globalización obedece al sistema capitalista y el sistema capitalista tiene un principio, que es el beneficio privado. Marx, al hablar de la burguesía como clase social que desarrolla el capitalismo, habla de que ha removido los cimientos de la producción y que ha hecho maravillas. Es decir, tiene un potencial revolucionario tremendo. Pero el problema viene cuando ese potencial revolucionario llega a unas determinadas cuotas. Cuando algo va aumentando permanentemente en cantidad, desemboca en un cambio cualitativo.

¿Pero qué plantea ese cambio cualitativo para el ciudadano?
La globalización es una visión del mundo en torno a tres ejes: mercado autorregulado, competitividad y crecimiento sostenido. Evidentemente, por el camino hay ganadores y perdedores. El Tratado de Lisboa tiene 57 alusiones al mercado, 43 a la competitividad y 25 al crecimiento sostenido. Ninguna al pleno empleo.

¿La globalización no ha contribuido a generar empleo?
Sí. Y a aumentar las desigualdades. Efectivamente, 900 millones de personas se han visto beneficiadas por la globalización porque han empezado a comer con ella. Pero vemos como las diferencias se hacen mayores.

¿Qué fuerzas hay detrás de este movimiento?
Usted y yo. Cuando guarda un dinero y lo invierte en una caja de ahorros para crear un fondo de inversión de un plan de pensiones, ya es globalización.

¿Usted quiere que el dinero se guarde debajo del colchón?
El dinero lo puede guardar o lo puede invertir. El problema es quien es el que gestiona el dinero. Acordamos que el crecimiento económico se mide a través del PIB. ¿Sabemos que el PIB puede crecer fabricando bombas o fabricando elementos mortíferos? El crecimiento económico, en el momento en el que se mide a través de un indicador, ese indicador no quiere saber de qué se trata.

En España, ¿quiénes han sido para usted los grandes perdedores de la globalización?
Los trabajadores y la clase media. Si yo cojo a los sindicalistas más viejos del lugar, y les digo: «Os imagináis que lo que está pasando ahora, yo lo digo en 1995, me ahorcáis en una farola». Pues ya lo tenéis. ¿Os habéis dado cuenta de que los convenios colectivos ya no tienen fuerza vinculante? ¿Os habéis dado cuenta de que la inmensa mayoría del empleo que se crea es precario? Entonces, esas ideas que teníais, ¿cómo se mantienen ahora?

El sector de la industria, donde se dan las mejores condiciones laborales, no parece que está dispuesto a renunciar a la globalización.
Yo no estoy en contra de la globalización. Estoy en contra de su calificativo capitalista. ¿Cómo voy a estar en contra de la globalización y del proceso unidad-mundo? El problema es quien lleva la batuta y cuales son sus valores.

¿Quién dirige la orquesta?
Cómo que quién dirige la orquesta. La globalización son ideas en torno a tres ejes que ya he mencionado antes: el mercado autorregulado, la competitividad y el crecimiento sostenido.

¿Cómo se recupera a la gente que se ha quedado atrás?
Tiene que haber una autoridad política que diga que eso se corrija. Le guste al mercado o no le guste al mercado.

Uno puede tener la impresión de que los mercados mandan por encima de la política.
Yo no lo acepto y no me doy por vencido. ¿Yo estoy en contra del desarrollo económico? Como voy a estar en contra de eso. En absoluto. Lo que quiero es que esos avances beneficien a la humanidad, no sólo a un grupo determinado. Esa es la diferencia. Es que si no, yo me pondría en posiciones propias de los luditas. Al contrario, benditas sean las máquinas que nos quitan trabajo.

Le dirán que es un populista.
En la etapa de la dictadura, la simpleza consistía en llamar comunistas a todos los que no estaban de acuerdo con él. Pues estamos ante mentes simples. Yo no tengo la culpa de la simpleza mental de determinados caballeros. O, son tan perversos, que lanzan un mensaje simplista para despistar de los verdaderos problemas.

¿El euro es el máximo icono de la globalización en Europa?
Es una parte. Pero yo no tengo ningún problema con una moneda única. Lo que digo, es que esa moneda tiene que estar dirigida por la política. ¿Por qué? Porque la política se presenta a las elecciones y debe estar al servicio del bien común.

La gente vota a partidos que defienden esta globalización contra la que usted arremete.
Exactamente, hay que decirles que están equivocados. En democracia hay que aceptar lo que haga la gente, pero decirle que lleva razón, en absoluto. Eso de que los pueblos no se equivocan, me parece una enorme majadería. Los pueblos se equivocan como las personas.

En Estados Unidos van a subir los aranceles. ¿Trump contra el libre mercado?
Estados Unidos sólo está a favor del libre mercado mientras que ellos sean los que exporten. Entonces son librecambistas.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

La Opinión, en tu WhatsApp


Apúntate, es gratis

Toda la actualidad de Málaga, en tu móvil con nuestras alertas informativas por WhatsApp



Enlaces recomendados: Premios Cine