04 de mayo de 2018
04.05.2018
Terrorismo

El acoso de ETA a la Costa del Sol

La banda trató de volar el aeropuerto, asesinar políticos y sembró de terror los municipios turísticos. La muerte del edil Martín Carpena es la peor página terrorista vivida en Málaga, aunque en 2008 un guardia civil malagueño fue asesinado en Legutiano

04.05.2018 | 14:10
El acoso de ETA a la Costa del Sol
Manifestación por el asesinato del concejal Martín Carpena.

Málaga, un ciudad unida contra el dolor de la barbarie

  • La vista de la calle Larios durante la manifestación que condenó el asesinato de José María Martín Carpena es la imagen más contundente de la reacción de los malagueños ante la barbarie. La capital se convirtió en un clamor contra la sinrazón terrorista con más de 300.000 ciudadanos que tomaron las calles. Se trata de la mayor concentración en la capital en toda su historia. «La primera en el peligro de la libertad»; «Podéis matar a uno de los nuestros (...), pero no nos robaréis a libertad»; «Basta ya!»; o «Vascos sí, ETA no», fueron algunas de las proclamas que los malagueños lanzaron desde el corazón de una ciudad completamente unida.

El anuncio de la disolución de ETA es el anuncio de su fracaso. Un punto y final para casi sesenta años sembrando el terror, un punto y aparte para la memoria de las víctimas que la banda ha dejado en todos los rincones de España. Hasta diez agentes malagueños han perdido la vida mientras trabajaban lejos de su tierra, aunque la organización terrorista buscó aumentar ese balance con ataques directos en la Costa del Sol, cuyo potencial turístico no pasó desapercibido como escaparate para su propaganda criminal. Como otros puntos del país, la provincia ha sufrido las consecuencias del terrorismo y ha sido castigada por actos violentos, el estallido de bombas, asesinatos, uno consumado y varios en tentativa, y acciones que generaron pánico a una sociedad que se hizo más fuerte con cada golpe.

Desde el primer atentado perpetrado en la provincia en el verano de 1979 en Marbella, los etarras cometieron actos terroristas que tuvieron como objetivos, sobre todo, enclaves turísticos. A lo largo de casi tres décadas atacaron más de una veintena de veces y, sobre todo, aprovecharon la época estival para cometer sus acciones. Ya en los años ochenta ETA emprendió una campaña contra intereses turísticos malagueños. Hizo estallar bombas en el hotel Cervantes de Torremolinos, en el Andalucía Plaza de Marbella o en una habitación del Málaga Palacio, en el corazón de la capital. Otros objetivos fueron el Don Pepe y Don Carlos, ambos en Marbella. En estos atentados algunas personas resultaron heridas, mientras que en otras ocasiones los artificieros de la policía consiguieron desactivar a tiempo los artefactos.


Antigua prisión

Uno de los mayores atentados cometidos en la provincia ocurrió en febrero de 1991. Los etarras colocaron un coche bomba con 50 kilos de explosivos junto a la antigua prisión provincial, en Málaga capital. La explosión causó siete heridos y numerosos daños materiales en edificios. A mediados de los 90 la banda volvió a poner su punto de mira en la Costa del Sol para atentar en puntos turísticos. Durante el verano de 1996 explotaron tres bombas, dos en La Malagueta y otra en el Paseo del Parque, y poco después se localizaron otros artefactos en La Rosaleda y en los Baños del Carmen. Al año siguiente se recrudeció la acción terrorista con el intento de asesinato del exalcalde de Rincón de la Victoria José María Muñoz, y el concejal popular Francisco Robles. Los etarras colocaron sendas bombas en sus vehículos, pero los Tedax de la Policía Nacional lograron desactivarlas gracias al aviso de los vecinos. También en el verano de 1998 la banda intentó atentar contra la exalcaldesa de Málaga Celia Villalobos, pero se frustró al detectarse antes el vehículo con los explosivos. Sin duda, el verano más sangriento fue el de 2000, cuando los etarras asesinaron al concejal popular José María Martín Carpena de cuatro disparos en presencia de su mujer y de su hija. El crimen se produjo el 15 de julio y provocó una reacción social sin precedentes en la provincia. Málaga se convirtió en un clamor contra la sinrazón terrorista.

Manifestación histórica

Más de 300.000 ciudadanos tomaron las calles del Centro para dejar claro que en una sociedad democrática ninguna idea puede defenderse empuñando un arma. A día de hoy es la mayor manifestación de la historia de la ciudad, muy por encima del 4 de diciembre de 1977, cuando se pidió la autonomía andaluza. Sólo faltaron la viuda de Martín Carpena, Elvira Calvente, que quería acudir a la manifestación pero finalmente se quedó al lado de su hija María José, que no tuvo fuerzas.

Casi 18 años después, es fácil recordar aquel gentío encabezado por el hermano del edil asesinado, Ángel María, flanqueado por el alcalde, Francisco de la Torre, y su antecesora y entonces ministra de Sanidad, Celia Villalobos. «Málaga por la paz y la libertad «Todos contra el terrorismo» era el lema impreso en la pancarta que portaban, entre otros, la presidenta del PP andaluz, Teófila Martínez; el presidente del PP malagueño, Joaquín Ramírez; los portavoces municipales del PSOE e IU, Francisco Oliva y Rafael Rodríguez; el secretario general del PCE, Francisco Frutos; el consejero de Agricultura de la Junta, Paulino Plata, y los líderes regionales de CCOO y UGT, Julio Ruiz y Manuel Pastrana.

Sobre las 21.00 horas, De la Torre comenzó a leer un manifiesto que fue interrumpido hasta tres veces por ovaciones cerradas. Cuatro días después, la banda intentó matar al entonces vicesecretario del PSOE andaluz José Asenjo. Instalaron una bomba lapa en su coche, pero él la vio, llamó a la policía y los Tedax lo desactivaron. Otro atentado grave se produjo en julio de 2001, esta vez en el aeropuerto de Málaga. Los terroristas aparcaron un coche cargado con 50 kilos de explosivos. Una llamada anónima alertó del vehículo bomba, pero afortunadamente los agentes consiguieron desactivar el artefacto.

La banda reinició su campaña contra enclaves turísticos de la provincia malagueña el verano de 2002. Hizo estallar varias bombas en el hotel Las Pirámides de Fuengirola, Sultán de Marbella y Tamisa Golf de Mijas. En ninguna de estas acciones hubo que lamentar heridos, pero sí daños materiales. ETA también buscó el terror con la explosión de una bomba de escasa potencia en el Paseo del Parque en diciembre de 2004.

Durante el verano de 2008, ETA puso siete bombas en nuestro país, cuatro en Cantabria y tres en Málaga. El 29 de julio de 2008, un artefacto volvía a estallar en la provincia. Esta vez en Torremolinos, donde un joven de 16 años tuvo que ser atendido por el aturdimiento que le produjo la deflagración. Este atentado tuvo la peculiaridad de que no vino precedido por llamadas de advertencia de los propios terroristas, una tónica frecuente cuando se trata de actuaciones contra lugares turísticos. El 17 de julio de ese año, recién estrenada la Feria de Málaga, se produjeron dos explosiones. Una en Benalmádena y otra en una playa de Málaga de la zona de Guadalmar. Una llamada en nombre de la banda terrorista informó de la colocación de las bombas y de la hora prevista de la explosiones. La primera detonó en Guadalmar, a 150 metros del hotel Tryp, y la segunda en Puerto Marina. El último episodio se registró ese mismo año, cuando los terroristas asesinaron al guardia civil malagueño Juan Manuel Piñuel con un coche bomba en la casa cuartel de Legutiano.

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