05 de mayo de 2018
05.05.2018
Sociedad

La leyenda urbana de la droga caníbal

Los expertos aseguran que ninguna sustancia desata el deseo de devorar a personas, aunque hay varias que inducen tal estado de agitación que pueden llevar a lanzar dentelladas a los demás

06.05.2018 | 05:00
La leyenda urbana de la droga caníbal

Droga caníbal, una denominación tremendamente atractiva para denominar una sustancia con una capacidad arrolladora de estimular el cerebro humano. Sus efectos son mucho más potentes que los de las anfetaminas y la cocaína. Es así porque al introducirse en el organismo actúa como un inhibidor de la recaptación de la noradrenalina y la dopamina (ambas sustancias son neurotransmisores del sistema nervioso central y periférico). Que sea un inhibidor implica que bloquea la recaptación de estas sustancias, lo cual provoca un aumento de las mismas en sangre y, por lo tanto, lleva a la persona a un estado de gran excitación en el que pierde el control. Pero, ¿es real?

La supuesta existencia de este tipo de droga, que, dicen, desata en sus consumidores el irrefrenable deseo de morder a sus congéneres, tiene todos los ingredientes de las grandes leyendas urbanas. De hecho, muchos expertos cuestionan su existencia y aclaran que ninguna sustancia provoca este tipo de actitudes, aunque hay varias que inducen tal estado de agitación que pueden llevar a lanzar dentalladas a los demás.

El pasado 2 de abril, una mujer y dos hombres resultaron heridos con laceraciones y policontusiones como consecuencia de una pelea en el barrio madrileño de La Latina tras la ingesta de algún tipo de sustancia sintética que alguien relacionó con la llamada droga caníbal.

A la metilendioxipirovalerona (MDPV) se la conoce como droga caníbal desde que en la década de los 2000 comenzó a sintetizarse como droga de uso recreativo. Su aspecto es similar al de las sales de baño y se puede fumar, inyectar o esnifar.

«No son sustancias que se consuman diariamente, son más bien de ámbito nocturno y suelen estar ligadas a determinadas fiestas. Las personas se intoxican un día y paran hasta la semana siguiente o la siguiente fiesta, por lo que al organismo le da tiempo a recuperarse. No acuden al médico porque no tienen en cuenta el daño neurológico», destaca Jesús Cancelo, psicólogo clínico y director de la asociación Alborada, que trata los problemas derivados de la drogadicción.

Según los datos que maneja este especialista, los casos relacionados con drogas que llegan a las unidades asistenciales indican que la incidencia es mínima. «La oferta no podemos controlarla y estas drogas son más baratas que otras, además de que están accesibles en internet. Lo que queremos es que no haya demanda de drogas, que la gente no las pida, que no las necesite. Son sustancias tremendamente peligrosas», añade Cancelo.

Los efectos

Paranoia, confusión, delirios, ansiedad, conductas violentas... Los efectos de la llamada droga caníbal son muchos pero destacan los vinculados a un aumento de la agresividad del consumidor, lo que no se ha demostrado es su relación con el canibalismo.

«Que alguien se muerda a sí mismo o muerda a otros no tiene por qué ser por estas sustancias específicamente. Este comportamiento puede derivarse simplemente del consumo del alcohol. También hay gente que pierde el control de sus impulsos, gente con conductas violentas que no tienen por qué obedecer a una droga de síntesis, sino a trastornos psicopatológicos de base», señala Cancelo.

Sin conciencia de ser adictos

Quienes consumen estas sustancias sintéticas no se inician en las drogas a través de ellas; ya han consumido otras antes. Además, no se consideran a sí mismos como adictos. «En general tienen muy poca conciencia de adicción. Son drogas que escapan de lo habitual. Piensan que son de un círculo privilegiado y que es algo recreativo. Se convencen de que toman esa droga para estar despejados, ir de fiesta o practicar sexo como en el caso del chemsex (sexo químico)», describe Cancelo. Pero son adictos porque dentro de la definición de una adicción se incluye el uso, el abuso y la dependencia.

Algunos expertos, como el médico de Urgencias Guillermo Burillo, niegan la existencia de un tóxico que excite concretamento ese tipo de acciones. «No existe droga caníbal. Hay varias que provocan un cuadro de ansiedad, agresividad y brotes psicóticos con ideas paranoides, ideas delirantes... A algunos les puede dar por morder porque se creen caníbales, otros se creen zombis... No hay ´per se´ una droga diseñada para el canibalismo, pero varias provocan una agitación tremenda y un cuadro de agresividad impresionante, que puede inducir a morder, dar puñetazos o patadas», asevera.

Otro problema que plantea este conjunto de nuevas sustancias es que se desconoce la incidencia que puedan tener a largo plazo en los jóvenes que ahora las consumen de forma habitual, ya que su historial aún es reducido. Las futuras repercusiones neuronales después de años de consumo son hoy día meras especulaciones.

Controlar la comercialización de las llamadas nuevas sustancias psicoactivas (NPS) no es una tarea fácil, pues quienes las venden aprovechan las posibilidades que facilitan las redes sociales. La venta al por mayor se verifica a través de la llamada deep web o internet profunda, esa versión tenebrosa de la red de redes -en la que fluye el 80 por ciento de toda la información- a la que no acceden los internautas normales y corrientes, sino sólo aquellos familiarizados con esa parte sumergida del iceberg informático. Según la Interpol, el 62% del negocio de la deep web está precisamente en la comercialización al por mayor de sustancias estupefacientes.

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