JOSÉ CRIADO
Frío, gélido y sin demostrar sobre el césped su teórica superioridad. Así se mostró el Málaga CF en Granada en otro partido para olvidar. El conjunto blanquiazul volvió a mostrar una cara bien diferente fuera de casa a la que ofrece en La Rosaleda. El factor cancha influye demasiado en el equipo de Pellegrini y no encuentra remedio para solucionarlo.
La puesta en escena malaguista no fue suficiente para doblegar a un impetuoso Granada. El equipo de Abel Resino, crecido por el cambio de técnico y elevado en sus prestaciones con las nuevas directrices del toledano fue un duro rival. Intenso y aguerrido en cada una de las jugadas. Tenía bien aprendida la lección de llevar al Málaga a la batalla en el cuerpo a cuerpo, donde el conjunto blanquiazul suele ablandarse.
Sin embargo, el Málaga de Granada salió con más ímpetu que en otras ocasiones. Una digna primera parte en intensidad dejó la sensación de que el partido finalmente se decantaría del lado malaguista. A igualdad de casta, la calidad debe ser el factor desequilibrante.
Pero este Málaga sigue sin encontrar la facilidad goleadora que se espera de él tras una inversión tan importante. Rondón, el atacante malaguista en la fría noche granadina, se estrelló una y otra vez contra él mismo. Sólo consiguió marcar un gol, pero tuvo en sus botas numerosas ocasiones. Incluso Maresca, nada más comenzar, también pudo poner franco el encuentro si atina a puerta vacía. Cazorla o Demichelis también evidenciaron que no están afortunados de cara al gol.
Este problema está salpicando al Málaga con peligro ya que suma 25 goles en 21 jornadas. Un bajo bagaje para intentar alcanzar puestos europeos.
La pérdida de identidad también es alarmante. El Málaga no gobernó casi nunca el partido. No fue el dueño del balón, como asegura su filosofía de juego, y perdió incluso la posesión del balón contra el Granada, un equipo hecho más para defender que para atacar.
De hecho, la verticalidad en el ataque fue la opción que llevó más peligro sobre el marco rival, El Málaga no fue fiel a su estilo, que por otra parte se había venido mostrando inocuo en numerosas ocasiones, pero no fue capaz de someter al equipo nazarí con su calidad.
Esta preocupante crisis de resultados y juego está también engullendo a varios jugadores, que están dejando de brillar con luz propia. El caso más llamativo es el de Santi Cazorla. El asturiano está lejos de su mejor nivel y ha dejado de ser decisivo en el juego blanquiazul. Su presencia no es determinante y la falta de convicción en sus jugadas se ve plasmada sobre el césped.
Aún así, Pellegrini espera recuperar la calidad de Joaquín, Isco, Baptista, Van Nistelrooy o Sergio Sánchez, ausentes todos el pasado lunes en Granada.