Crónica

El peor Málaga del curso

El equipo de Schuster ofreció su peor cara de la temporada ante un Osasuna que acudía a La Rosaleda penúltimo y que se sintió superior desde el primer minuto Hubo un claro penalti en el 90´ no señalado

05.10.2013 | 10:32
La imagen recoge el instante en que el balón va a dar en la mano de Oier, en el minuto 90, provocando un penalti que el árbitro no pitó.
La imagen recoge el instante en que el balón va a dar en la mano de Oier, en el minuto 90, provocando un penalti que el árbitro no pitó.

La Rosaleda estrenó su casillero de encuentros ligueros en viernes con una auténtica «pesadilla». No es que saliese al terreno con el pijama puesto para encarar el camino hasta la medianoche. Es que tuvo demasiados fantasmas por delante. A ratos por la presión que ejercían y en otros, por su representación teatral casi perfecta.

El Málaga no fue ni la sombra de sí mismo ante un Osasuna mucho más enchufado desde el primer minuto. La presión de la escuadra navarra llegaba a ser asfixiante. Y sólo algún disparo lejano permitía romper la hegemonía visitante. Oriol Riera, De las Cuevas y Lolo fueron los primeros en dictar el camino del gol ante un Willy Caballero que no dejaba de pedir mayor concentración a la zaga.

Resumen y goles del partido:





Justo al alcanzarse la mediación de la primera mitad se produjo una de las mejores acciones ofensivas del cuadro local. Pero la gran acción de Antunes hasta la línea de fondo no encontró rematador. Y a renglón seguido vendría la jugada que no entraba en el guión blanquiazul: un error de marcaje que dejó solo ante Caballero a Oriol Riera. El guardameta argentino le adivinó el primer remate, pero en el rechace nada pudo hacer con el mismo protagonista enfrente.

El gol cayó como un mazazo, no sólo entre los futbolistas. La grada no perdonó que a continuación se sucedieran hasta tres acciones seguidas que podrían haber puesto un tanteo insuperable para la segunda mitad. Empezaron los pitos. Por momentos, generalizados.

A la fiesta rojilla se sumaban incluso los laterales. Los encargados de ensanchar la banda derecha visitante fueron protagonistas de la oportunidad más clara para ampliar la cuenta. Un centro perfecto de Armenteros puso otra vez en aprietos a Caballero, ante un Marc Beltrán que había encontrado en su subida una verdadera autovía.

La noche no invitaba al optimismo. El derroche de un conjunto muy necesitado de puntos, pero conocedor de sus armas y de los tiempos, se convertía en muro casi indestructible. Ni siquiera la entrada de El Hamdaoui y Pawlowski tras la reanudación varió el posicionamiento planteado desde el primer instante por Gracia.

La segunda mitad se convirtió en un monólogo del «quiero y no puedo». El Málaga sólo se gustaba por momentos. Buscaba la velocidad por las alas, pero en los últimos metros, donde por fin pudieron verse juntos a Roque Santa Cruz y El Hamdaoui, hasta siete pilares visitantes cortaban todo intento de acosar el arco defendido por Fernández. Pasaban los minutos y no se generaban remates. El ariete paraguayo gozó, cumplido ya el minuto 66, de un remate raso que casi se convirtió en lo más provechoso de la recta final.

Porque luego no acertó a encontrar la portería rival un balón que El Hamdaoui tuvo en el área pequeña. Y entró entonces el choque en lo que Osasuna soñó. Un carrusel de acciones que terminaban, en el cuerpo a cuerpo, con sus jugadores por los suelos. Faltaron en esta fase las cartulinas amarillas que antes, por faltas peligrosas, habían visto Arribas, Silva o Damiá. Sí que la mostró el colegiado extremeño Gil Manzano a Willy Caballero, que cruzó todo el terreno de juego para protestar la evidente pérdida de tiempo que estaba protagonizando Arribas, tras otra acción fortuita y que en ningún momento pareció grave.

Ni siquiera cambió el decorado con la incorporación de Eliseu, por Darder, a falta de cinco minutos de que se alcanzara el tiempo de descuento. Pero sí que hubo una jugada polémica en las postrimerías, justo cuando iban a señalarse cinco minutos de prolongación por parte del equipo arbitral. El Hamdaoui controló un esférico entre el punto de penalti y la corona del área chica, y Oier, en su intento por despejar, cortó el balón con la mano extendida. Volvieron a arreciar las protestas, pero ni el colegiado ni el asistente de Preferencia dudaron a la hora de dejar seguir la jugada. Había sido penalti. Y ése Fue el último arreón de un choque prácticamente sentenciado. Porque hasta en el descuento volvió a tener jugadores visitantes por los suelos y todo tipo de artimañanas para que los puntos terminasen por volar hacia Pamplona.

Una lástima, porque el Málaga había logrado encadenar un mes sin derrotas y vio rota esta racha en casa, ante su afición, donde hasta ahora había basado su notable ascenso en la clasificación. Y lo peor es que el escozor durará hasta después del próximo parón liguero. Y que el escenario para enmendar este traspié debe ser el Bernabéu...

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