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Caballero en la derrota

El Málaga CF cierra la temporada tras caer contra el Real Madrid, que consigue el título de Liga en La Rosaleda - Un gol tempranero de Cristiano allana el triunfo blanco, pero Benzema sentencia en fuera de juego

22.05.2017 | 02:15

La Liga echó anoche el cierre con honores para el campeón, el Real Madrid, pero también para el Málaga CF, que vendió muy cara su piel y que demostró, por si le hacía falta a algún malpensado, que es un señor equipo en las victorias y en las derrotas. Porque incluso antes de ver anoche el derroche malaguista, no podía existir duda posible con este Málaga, que compite, brega y pelea hasta que no puede más. El conjunto de Míchel se despidió con derrota, pero de manera honrosa y deportiva. Escapó de cualquier suspicacia con ocasiones y buen juego y derrumbó de un portazo cualquier teoría conspiratoria con Sandro, Camacho o Recio mostrando su mejor versión. Ayer ganó el Madrid porque fue mejor, porque es un equipo construido para ganar y porque la diferencia entre unos y otros sigue siendo abismal, pese a que sobre el verde se tutearon sin billeteras ni vitrinas de por medio.

Ésa era la media sonrisa que anoche se le escapaba al malaguismo, la de haberle perdido el respeto al Madrid, al campeón. Y es que aunque ha sido el final de la Liga en blanco, por momentos ha estado teñido de azul. Este Málaga ha acabado como un tiro y ha competido sin mirar al rival. El despliegue malaguista confirma lo que todos sospechábamos, que la Liga se queda corta. E incluso puede que sin tanto folclore rodeando el partido, el Málaga también habría sido otro. No menos intenso pero sí menos distraído. Porque ayer se jugaron dos encuentros. Uno sobre el césped, donde el Málaga fue competitivo y pagó caro dos errores puntuales: Primero uno de Luis Hernández nada más comenzar y luego otro del colegiado, que dio por válido un gol de Benzema en fuera de juego.

Y luego el otro partido, que se jugaba en la grada, en el ambiente o en el mundo exterior. Porque todo lo que rodeaba al choque hacía mucho ruido. Demasiado para afrontar un encuentro con serenidad y tranquilidad.

La cuestión es que el Málaga saltó sin presión por el resultado -ya sabía que iba a acabar undécimo antes de comenzar el partido- pero sumamente observado. Y eso, quieras que no, te pone en el objetivo. Lo acusó en los primeros minutos el conjunto de Míchel, que arrancó casi perdiendo en un error infantil, de esos que hacía tiempo que no cometía. Un mal despeje/control de Luis Hernández y la calvada blanca. Isco, listo como pocos, aprovechó para dejar solo a Cristiano, que no falló. Dos minutos y el partido ya estaba cuesta arriba para el Málaga. Todo hacía pensar lo peor.

Pero el Málaga se levantó. Y lo hizo con autoridad, con los mimbres de un equipo seguro de sí mismo, sin miedos y confiado. Seguramente era el plan inicial de Míchel, el de estar juntitos, ser solidarios y morder arriba todo lo que se pueda. Todo eso antes de que Cristiano hiciera saltar todo por los aires.

Tras el gol comenzó a carburar la maquinaria blanquiazul. El Málaga empezó a competir y acumular ocasiones en su bloc de notas. La más clara, el paradón de Keylor a una falta de Sandro. El canario estaba motivado, pero como el resto de jugadores. Porque el escaparate y el escenario era idílico para cualquier jugador.

Mientras, el ruido seguía llegando de lejos. El Eibar marcaba en el Camp Nou y las opciones de que la Liga para el Madrid se escapara parecían remotas. El Málaga, a lo suyo con otro cabezazo de Camacho que se iba a córner. Sandro volvió a poner a prueba al meta madridista, que se convertía en héroe de la noche con otra intervención de mérito. Keko tuvo el empate en su cabeza antes del descanso, donde el 0-1 parecía un resultado corto para lo visto sobre el verde.

En la reanudación, el ritmo seguía alto, nada que ver con posible conformismo de unos u otros. Recio probó fortuna, pero fue Benzema, en fuera de juego, el que sentenció el partido (55´). La historia parecía llegar a su fin y remontarle dos goles a Madrid era tarea casi imposible.
Pero el Málaga no desistió. Siguió compitiendo y peleando con el único afán de agradar a su afición, esa que tan maltratada ha estado al principio y mitad de curso y que tanto ha podido disfrutar en el tramo final.

Lo intentó Keko en un pase de la muerte, luego con un cabezazo de Camacho e incluso con otro testarazo del maño, pero no había manera. Y el partido mutó para volverse sentimental. Duda entró para jugar sus últimos minutos como malaguista y a Isco se le despidió como si aún vistiese la casaca blanquiazul.

Charles también jugó sus últimos minutos. E incluso pudo marcar para cerrar el círculo, pero al igual que el Chory, el balón se negó a entrar, aunque el uruguayo besó la madera en la última del curso.

La Rosaleda cerró la temporada con el Madrid campeón, celebrándolo sobre el césped pero con el Málaga dando la vuelta de honor, con Al-Thani junto a media plantilla. Fue un final discreto en clave malaguista en ese sentido ya que los reconocimientos y las despedidas blanquiazules se mezclaron con los vítores madridistas. No importa, porque el mejor tributo a este equipo será volver a llenar Martiricos el próximo año.

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