Una pesadilla para sus dueños

Un estrella Michelin de Marbella clama contra el ruido de una hermandad rociera

El conflicto entre los intereses de uno y otro establecimiento se intenta resolver, de momento, a través de la vía administrativa

29.10.2015 | 10:38
Francisco García, del restaurante El Lago, con Marcos Granda, del establecimiento afectado.

­El sosiego que suele demandar la clientela de un restaurante con estrella Michelin choca de frente con la algarabía propia de una peña rociera que hasta hace poco incluso tenía un bar con terraza exterior, junto al establecimiento gastronómico.

El pasado mes de agosto, La Opinión de Málaga se hizo eco de la situación que padece el restaurante Skina de Marbella, establecimiento de referencia a nivel internacional, sin que se haya resuelto la situación, según denunció ayer el propietario del establecimiento, Marcos Granda.

En su denuncia, Granda estuvo acompañado de Francisco García, pionero de las estrellas Michelin en Marbella y uno de los nombres propios de la hostelería en Andalucía a través del restaurante El Lago. Incluso el malagueño Dani García ha expresado su apoyo explícito a la pesadilla que está viviendo el propio Granda, que en la documentación aportada al Consistorio, ha incluido un acta notarial o los informes de un detective privado en contra de los ruidos de la hermandad rociera.

El Ayuntamiento ha obligado al colectivo rociero a retirar de la vía pública las mesas y sillas que tenían instaladas «sin poseer licencia de establecimiento de hostelería». Pero la congregación de personas en la vía pública, «incluso con música, produce unas inmisiones sonoras en las casas cercanas muy superiores a los niveles de ruidos permitidos», denuncia Granda.

La Hermandad Nuestra Señora del Rocío de Marbella, por su parte, afirma que la naturaleza de su colectivo acarrea en determinados momentos de la semana una concentración de hermanos propia de su actividad. El conflicto, está lejos de resolverse pronto para desesperación del chef. El Consistorio responde que ante las denuncias cruzadas se exige audiencia a cada parte, para mediar en el conflicto.
De lo que nadie duda es de que la vía judicial debiera en este caso ser el último recurso. El propio Consistorio reconoce que se hará todo lo posible por evitarla.

Granda insiste en que los ruidos, que no se han dejado de producir tras el verano, «afectan no sólo al confort de los clientes en el local, sino al ambiente en que los trabajadores desarrollan su actividad». Y agrega que en el entorno del restaurante «viven varias familias que se ven afectadas de manera directa en su salud y en su vida personal», y existe jurisprudencia que daría la razón al restaurante Skina.

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