rosana chicón. Antequera
"Estoy viviendo un segundo noviazgo con mi marido". Éstas podrían ser las palabras de una mujer recién casada, pero en realidad esconden la dura historia de recuperación y lucha de una ex alcohólica. Francisca Molina, bebedora compulsiva durante más de 20 años, hace ya cuatro que no prueba ni una gota. "Pero ni una, si no, no consigues recuperarte de verdad", explica la mujer, vecina de la ciudad de Antequera.
A este caso se unen cientos de historias de lucha personal y superación en la comarca de Antequera, donde ha aumentado casi un 50% el número de mujeres adictas al alcohol que requieren tratamiento entre 2007 y 2008, según datos del Centro Comarcal de Drogodependencias.
La soledad, la falta de diálogo, los problemas matrimoniales, y la depresión, en general, son algunos de los motivos que llevan a muchas féminas a engancharse a la bebida. La mayoría lo hace en casa, delante de sus parejas e hijos. "O dejas de beber o te quitamos a tus hijos", llegaron a amenazarles responsables de Asuntos Sociales al conocer el grave problema que se cocía en casa.
"Mandé a mi hijo a Marbella para que no me lo quitaran. Actualmente vivo en una cochera y espero que en poco tiempo los asistentes sociales me ayuden para que mi hijo vuelva conmigo", explica Joaquina Montenegro, ex alcohólica, desde hace dos años.
Asumir que se tiene un problema se presenta como el primero y el más difícil reto en este camino de superación. "He bebido durante 12 años y sabía que tenía un problema, pero me veía fuerte ante mi familia", explica Susana Escalera, otra de las mujeres que cada día acude a terapia para superar esta dura adicción en el Centro de Ayuda y Liberación de Alcohólicos de Antequera (CALA).
Junto a ella, Inmaculada Porras es otra de las mujeres que decidió decir "basta". Durante 20 años ha bebido de forma intermitente, aunque en grandes cantidades. "Le daba a la botella para eludir los problemas, hasta que una amiga me animó a ir a CALA. Ahora hasta tengo carné de conducir", afirma orgullosa.
El Centro de Ayuda y Liberación de Alcohólicos acoge actualmente a 150 personas, de las que 30 superan, no exentas de altibajos, sus problemas con el alcohol. "No obstante, la cifra es variable, ya que todo el mundo no soporta la presión que supone dejar de lado una adicción", explica el presidente de CALA, Francisco Arana.
En este centro, sobre todo, se enseña a decir "no". La contundente palabra resuena en la boca del grupo de mujeres que asisten cada semana a terapia. "Cada día entraba como un rayo para que nadie me viera, y ahora soy vicepresidenta de la asociación", confiesa con una leve sonrisa María Jesús Notario, miembro de CALA desde hace siete años.
El protocolo que se sigue siempre es el mismo. "Cuando llega una nueva enferma es ´acogida´ por alguna compañera del grupo. El primer nivel es el más duro: abstención y paliar el síndrome de abstinencia son los objetivos prioritarios. Se trata de una terapia de choque que no tiene una duración específica", dice Arana. El segundo nivel es el de mantenimiento. "Seguir sin beber y confiar en una misma", concluye.
El sentimiento de haber recuperado "su esencia como personas" impera en cada una de estas mujeres que decidieron dar un giro de 180 grados a sus vidas antes de comprobar que "se perdían sin remedio". Cinco mujeres, cinco vidas, con una historia diferente, aunque con el logro de volver a mirar hacia adelante "con ganas de vivir".