I. GUERRERO. VÉLEZ MÁLAGA
La familia Silva Moreno de Vélez Málaga ha perdido en dos días más de 20 de las 265 cabras de la cabaña que explota en una superficie de 400 metros cuadrados en la entrada norte a la ciudad.
La enfermedad del tétanos ha afectado a la mayoría de los animales, única fuente de ingreso de estos pastores. La impotencia de ver cómo agonizan las cabras sin que se les facilite ayuda después de haberla requerido en distintas ocasiones ha impulsado al matrimonio de María del Carmen Moreno y José Silva Olmo a exhibir las cabras muertas en la entrada de su corral en señal de protesta.
María del Carmen relata que esta "lamentable" historia comenzó el 23 de mayo cuando un veterinario "de pago" se acercó a las instalaciones familiares para efectuar el sangramiento y colocar las chapas de identificación que exige la Consejería de Agricultura. El sábado siguiente, su marido, José Silva Olmo, observó que los animales habían enfermado. "Soltaban muchas babas, las cabras estaban acartonadas y no podían abrir la boca. Se estaban muriendo en el suelo", explica el ganadero.
Al día siguiente, el veterinario se presentó en el corral a petición de la familia y les aconsejó suministrarle suero antitetánico ovejero cada 12 horas y lavarles las orejas con agua oxigenada. "Pero seguía sin decirnos las causas de la muerte", lamentaba Moreno.
Desbordada por las circunstancias, la dueña del ganado se dirigió el lunes a la Oficina Comarcal Agraria de la Axarquía en la que informó de la situación y solicitó ayuda. "Hasta el día de hoy, nadie se ha acercado al corral. Nos llamaron para comunicarnos que desde Sevilla habían indicado que redactáramos un escrito", cuenta María del Carmen Moreno.
El martes, hartos de perder los animales, minuto a minuto, recurrieron a un segundo veterinario, José María Fernández, quien diagnosticó la enfermedad del tétanos en las cabras y un posible error en la colocación de las chapas de identificación. Moreno indica que la falta de aire entre las placas "ha despertado la enfermedad en los animales. Exigimos responsabilidades al veterinario que falló".
Retirada. Pese a que la familia tiene un seguro de muerte para el ganado, la compañía no hará efectiva la retirada de los cadáveres hasta dentro de 10 días. "Con el calor, quién aguanta el olor de los bichos, ni dentro, ni fuera del corral", preguntaba José Silva Olmo.
Ante la dejadez de las autoridades, el ganadero tampoco puede retirar los cadáveres que yacen en sus instalaciones pues le cobran 25 euros por animal.
A Olmo le preocupa que la enfermedad de las cabras sea contagiosa incluso para las personas aunque afirma que no despejará el carril de cabras muertas hasta que las administraciones tomen cartas en el asunto.