beatriz gallardo. Antequera
Hace unos meses, un joven antequerano, mecánico de profesión, conoció accidentalmente a los trabajadores de una empresa de prótesis dentales y la curiosidad por ese mundillo le llevó a visitarlos por las tardes por el mero placer de aprender un nuevo empleo. Juan Jesús Cano salía corriendo del trabajo cada tarde y observaba paso a paso cómo se fabrican las prótesis dentales, un proceso lento y en el que hay que tener mucho cuidado. "Un día entré por casualidad y me encantó, me hice amigo de los trabajadores de allí y tenía muchas ganas de aprender de ellos", afirmó.
Observando y pensando, a Juan Jesús se le ocurrió que quizás, parte de la lentitud del proceso se debía al material que utilizaban. Los articuladores dentales, que es donde se colocan los moldes de escayola con la dentadura del cliente, apenas tienen movilidad y requieren mucha atención para que la escayola no se mueva ni un milímetro. Además, una vez colocados los modelos, hay que llevar a cabo un proceso de fraguado, mediante el cual las piezas quedan acopladas al articulador. Entonces se le ocurrió, "¿Por qué no buscar un nuevo articulador que permita a los protésicos colocar los modelos de escayola de forma precisa sin tener que pasar por el lento proceso de fraguado?". Para Juan Jesús la solución era muy sencilla, solo había que idear un sistema mediante rótulas móviles, capaz de ajustar los moldes de forma perfecta sin tener que encerar previamente, ofreciendo más exactitud y comodidad y reduciendo el tiempo de espera por cada prótesis en una hora y media. Además de reducir los costes de material, al necesitar mucha menos escayola y descartar la cera.
Se puso manos a la obra y con sus propios materiales creó su obra maestra. En el laboratorio no se lo podían creer, un joven sin apenas nociones de prótesis dentales había desarrollado algo que reduciría su tiempo de trabajo en cerca de una hora y media. Los protésicos comenzaron a emplearlo en su trabajo y, notando la diferencia, comenzaron a insistirle para que lo patentara. "Es un buen invento, aquí lo estamos usando cada día y da muy buenos resultados", comentó uno de los protésicos que lo utilizan, Andrés Rodríguez.
Tanto bromearon que finalmente le picó el gusanillo y se puso en contacto con una empresa que tramita patentes. Efectivamente, tras las comprobaciones, nadie en todo el mundo había creado este aparato, era el primero en fabricarlo y tenía los derechos plenos para patentarlo, así que, a pesar de la fuerte inversión que requería, no se lo pensó dos veces y lo patentó.
Ahora este nuevo invento, que ha nacido dispuesto a revolucionar el mundo de la fabricación de prótesis dentales, está abierto al mercado y a la espera de un fabricante que decida hacerse cargo de su fabricación, para lo que Juan Jesús ya lo está mejorando estéticamente.