FRAN EXTREMERA. Algarrobo
Siempre ha luchado por su municipio, asegura. Enrique Rojas fue candidato a la acaldía de Algarrobo y venció en las elecciones de 1983 –desde entonces permanecería en el principal sillón municipal hasta las pasadas elecciones de 2007–, pero ya antes, casi desde su adolescencia, había participado en publicaciones locales, como protagonista de ciertos cambios sociales. Este ex regidor socialista acaba de renunciar a su acta de concejal y por lo tanto a la portavocía en el pleno. Deja paso a otros, sin abandonar el cargo de confianza que ocupa en el Área de Desarrollo y Promoción Territorial de la Diputación.
–¿Era consciente, recién acabados sus estudios universitarios en tierras catalanas y nombrado ya alcalde, de cómo iba a poder cambiar su municipio en pleno inicio aún de la transición?
–En esos momentos uno tenía una ilusión muy grande por realizar todo aquello que iba a suponer la mejora del pueblo donde había nacido y tenía a sus amigos y familiares. Me sentía totalmente identificado con Algarrobo. Había mucho por hacer y me decía, vamos a resolver los problemas que tienen quienes están a mi alrededor. Había deficiencias muy diversas, no había instalaciones ni educativas ni sanitarias. Las calles estaban en muy mal estado. La administración local por entonces era herencia del periodo anterior, pero sí que teníamos mucha ilusión. Teníamos retos importantes como el hecho de que sólo había una calle que atravesaba el pueblo.
–Quizás las generaciones jóvenes no son conscientes en absoluto de lo que tuvo que ser en aquellos tiempos la política municipal.
–En esa calle única que cruzaba el pueblo había dos semáforos, uno de entrada y otro de salida. Los coches para acceder al interior pasaban muchos minutos a la espera de su turno. Eso tuvimos que solucionarlo con una entrada y una salida para evitar esa situación. Y en la costa no teníamos menos problemas. El mar en muchas ocasiones llegaba a las fachadas de las casas donde ahora hay un paseo marítimo. Y no había saneamiento, aquí no se vertían las aguas sucias a emisarios. El déficit de servicios era impresionante. Afortunadamente se ha transformado tanto Algarrobo como su litoral.
–El hecho de tener un término municipal pequeño, con poco más de 5.000 habitantes pese a ser una localidad costera, ¿les ha valido para crecer de forma más ordenada?
–Creo que sí podemos ser un ejemplo. Desde el primer momento hemos podido atender a la ciudadanía de una forma muy óptima. Si el municipio es muy grande el alcalde no puede atender igual a sus vecinos. Sólo tenemos diez kilómetros cuadrados y eso ha facilitado mucho nuestra labor. En núcleos limítrofes de Vélez, tanto Caleta como en la parte veleña de Mezquitilla, siempre ha habido comparaciones. Nosotros arreglábamos los problemas en el mismo día, cuando en esos casos a veces tenían que esperar varios días.
–¿Qué recuerda del incipiente crecimiento turístico en los ochenta?
–En Algarrobo nos encontrábamos, como le ocurría a Torrox, con una urbanización como Pueblo Nuevo, plagada de nuevos residentes alemanes. Desde el primer momento empezamos a trabajar para que Algarrobo Costa tuviera playa. Los temporales hasta llegaban a la piscina de la urbanización. Tuvimos que luchar para instalar escolleras y después sí nos planteamos en la década de los noventa construir el actual paseo marítimo que era una instalación fundamental para el municipio.
–¿Se había planteado antes esta retirada de la política local en primera fila por motivos personales o puro agotamiento?
–Lo cierto es que sí, que me lo había llegado a plantear. Cuesta acarrear con todos los problemas durante tantos y tantos años. Lo problemas en muchos casos te dejan heridas, cicatrices. Muchas veces hay disputas y se van a acumulando. Eso pesa. Desde ese punto de vista y también por la familia, que te plantea lo de que es hora de irte retirando. Eso con antelación a que acabara el quinto mandato me lo planteé en algunas ocasiones. Pero lo que ocurre es que tienes un compromiso con muchos proyectos y es triste que precisamente a veces se interrumpan porque ya no estás ahí.
–¿Lo dice porque ha tenido algún ejemplo en estos dos últimos años que ha estado en la oposición?
–Hay dos casos, sí. Dos proyectos importantes que se han quedado parados y es una pena. Uno de ellos la construcción de viviendas de VPO en la Mezquitilla y también en Algarrobo teníamos pendiente un edificio sociocomunitario, al igual que un convenio pendiente con la Junta para crear un teatro.