MARÍA ALBARRAL. FUENGIROLA
Es probable que si le preguntamos a un niño que es un talabartero o un zahorí no sepa contestarnos. Es probable que ni siquiera los jóvenes de secundaria sepan hacerlo. Es probable que estos oficios acaben por desaparecer. Triste pero cierto. Muchas profesiones que marcaron una época ven ahora peligrar su existencia. Si bien en el pasado las enseñanzas pasaban de padres a hijos, cada vez son menos los que deciden seguir la tradición de sus antecesores. Sobre todo si son trabajos que resultan muy poco rentables.
El factor económico adquiere mucho peso en la situación que viven estos profesionales pues no les compensa el trabajo que realizan con el dinero que perciben. También influye el enorme desarrollo de la industria y de las telecomunicaciones que han abaratado muchos productos, lo que hace que en ocasiones muchas personas por ejemplo, prefieran comprarse unas tijeras nuevas en vez de llevarlas al afilador. También el desarrollo de la tecnología y las nuevas maquinarias emergentes desplazan este tipo de oficios. Pero sin duda, un producto industrial nunca tendrá el valor que adquiere un objeto realizado a mano.
Muchos ayuntamientos optan por promocionar estas profesiones, si bien es cierto que se hace desde un prisma más cultural que productivo. Realizan exposiciones para dar a conocer los trabajos y se organizan muestras de cómo se llevan a cabo. Algunos de estos profesionales ya se dedican a la docencia pues poseen unos conocimientos que pocos dominan.