PRINCESA SÁNCHEZ. MARBELLA
Su cerebro es la gran calculadora municipal de Marbella. Carlos Rubio gestiona, desde hace casi cuatro años, una de las herencias más complicadas de la democracia española. Un Ayuntamiento faraónico y una deuda incalculable. Sus pesadillas duermen en la Plaza de Los Naranjos y sus sueños se desvelan a golpe de negociación colectiva. Y lo que le queda.
–El PP promociona su plan de ahorro en el Ayuntamiento. Si es tan perfecto, ¿por qué Marbella no puede afrontar su deuda?
–Porque es gigantesca. Son más de 500 millones de euros. Es tres veces superior a nuestro presupuesto anual. No tenemos capacidad para pagarlo como no haya alguna modificación legislativa que permita darle un tratamiento especial a un caso tan singular como el de Marbella.
–¿Cuál?
–Hay muchas posibilidades. Desde la condonación, que sabemos que es muy difícil, hasta hacer algún tipo de operación puente para que alguna institución financiera oficial, como el ICO, haga préstamos a Marbella que sirvan para pagar lo que se debe. Luego, Marbella lo devolvería en un plazo suficientemente largo y con el interés bonificado.
–¿Para qué han servido los planes de pago que han acordado hasta en tres ocasiones con la Seguridad Social y Hacienda?
–Para ir tirando, de momento, estos años. Ya tenemos que negociar de nuevo, porque con la previsión del próximo año ya no podemos hacer frente a la deuda. Nos asfixiaría mucho.
–Además, la deuda aumenta...
–Los intereses que nos cobra la Seguridad Social siguen aumentando. Entre lo que amortizamos con otros proveedores más lo que nos cobra la Seguridad Social al año, es verdad que no conseguimos reducirla. Seguimos al mismo nivel. Ni aumentamos ni reducimos.
–¿El Ayuntamiento no puede recortar más?
–Le aseguro que se recorta mucho. Ahora mismo, no hay ningún ayuntamiento en España que haya reducido el capítulo de gasto corriente tanto como nosotros.
–El capítulo de personal sube...
–Sube porque tenemos una plantilla gigantesca. Simplemente con los incrementos mínimos que marcan los Presupuestos Generales del Estado ya sube.
–¿Y no habría que despedir? El Ayuntamiento de Jerez de la Frontera plantea un expediente de regulación de empleo (ERE)...
–Nosotros trabajamos en algo muy parecido antes que ellos. Estamos haciendo un plan de prejubilaciones. Este tipo de medida se articula como un ERE. Jerez dice que va a hacer un ERE pero con personas que están próximas a jubilarse, es lo mismo.
–¿A cuántos les afectará?
–Queremos incluir a aquellos mayores de 57 años. Tenemos escasamente a 190 empleados en este tramo y el Ayuntamiento tiene a 3.400 trabajadores. Además, será voluntario. Entonces, claro, no sé si se acogerá mucha gente. Quizá determinados limpiadores u operarios que estén mal.
–Insisto. ¿Qué problema hay en recortar o ajustar la plantilla?
–No es que considere que no haya que hacerlo, es que la legislación es complicadísima. Estamos prácticamente imposibilitados. En algún momento, hicimos algún despido por razones objetivas que los jueces admitieron, pero ya hemos utilizado ese cartucho.
–¿Por qué?, ¿hay mucho contrato blindado?
–Cualquier trabajador público tiene un estatuto que es el mayor blindaje. El despido en una administración pública es prácticamente imposible, salvo que pillemos a un trabajador robando. Debe ser por una causa justificadísima. No podemos despedir por razones de producción como una empresa privada. Un ayuntamiento no se puede declarar en bancarrota aunque hay muchos que suspenden pagos.
–Como la sociedad municipal Gerencia de Compras, ¿en qué situación está ahora?
–Ha habido negociaciones con los acreedores, pero estamos pendientes de la junta. Llegaremos a un acuerdo y pagaremos un porcentaje a lo largo de los años que sean. Este tema no está cerrado.
–Vuelvo a la plantilla. Despedir es difícil. Pero si no hay dinero, ¿por qué hay más contratos?
–Aquí se contrata solo por tres razones. Cuando un trabajador se prejubila a los 64 años, estamos obligados por ley a realizar un contrato de relevo de un año. Cuando hay bajas. O por estacionalidad. En verano, la población aumenta y, por ejemplo, necesitamos a más personal de limpieza.
–Y los que están contratados, ¿van al trabajo?
–Hemos reducido mucho el absentismo. Cuando llegamos, el Ayuntamiento estaba en torno al 8,5%. Ahora estamos, al 3,5%. Es una cifra razonable.
–¿A qué se debe?
–Se han puesto medidas. Tenemos un control horario para el que se implantaron máquinas. Se hacen seguimientos de salud laborales a quienes están de baja y se controla la asistencia al trabajo.
–¿Qué vestigios quedan del mandato del GIL en Marbella?
–Fundamentalmente, la gigantesca deuda y la sobredimensionada plantilla.
–¿Habrá más despidos sonados, tras el de Juan Antonio Roca?
–Es muy difícil.
–Pero hay mucho imputado...
–Imputado, pero no condenado. Tenemos a gente señalada con muchas imputaciones, pero ninguno de ellos está condenado.
–¿Por qué mantienen al mismo interventor de la era GIL?
–Te hago el mismo razonamiento de antes. Además, es un puesto de habilitación estatal. Tiene su plaza en propiedad y es independiente en sus funciones.
–Pues el informe de fiscalización del Tribunal de Cuentas no lo deja en buen lugar, ¿no desconfían?
–[Carlos Rubio calla].
–¿Y el vice interventor?
–Vamos a volver a tenerlo. Le hemos mandado a la Junta los papeles para que convoque la plaza.
–¿Qué espera de ´Malaya´?
–Que se depuren responsabilidades. En cuanto al resarcimiento del Consistorio, espero que lo que recuperemos vía juicio sirva para compensar la deuda.
–Se habla mucho de su elevado sueldo, ¿le parece ´estético´?
–Yo vine a Marbella como directivo y se me puso a un nivel equivalente al que tengo como funcionario del Estado. Es el 30, el más alto. Renuncié a mi productividad. Los niveles 30 que hay en el Ayuntamiento, que son cinco, sí la tienen. Estoy dispuesto a ajustar los sueldos. Pero para todo el Ayuntamiento. Entre jefes de servicio y directivos, hay quince, pero tenemos otros 3.400 que tienen sueldos relativamente altos para su categoría laboral.
–¿Se ve como el próximo alcalde de Marbella?
–Jamás. Espero que Ángeles Muñoz sea alcaldesa muchos años. Tiene capacidad y energía.