Tribunales

Veinte años de cárcel para el profesor de Ronda que abusó de seis alumnas

El docente, que cometió los abusos en el curso 2011/2012, siguió dando clases pese a haber sido sancionado por la Junta por dos faltas graves debido a hechos similares

14.01.2016 | 05:00
Los padres hicieron públicos los hechos y protestaron a las puertas del colegio en marzo de 2013.

Un maestro de Ronda ha sido condenado a 20 años de prisión y 52 de inhabilitación para ejercer como docente por haber abusado sexualmente de seis niñas de entre ocho y once años de edad a las que daba clases en el colegio Virgen de la Cabeza de la localidad serrana en el curso 2011/2012.

Asimismo, el 13 de septiembre de 2006, la Dirección General de Recursos Humanos de Sevilla, a propuesta de la Delegación de Educación de la Junta en Málaga, le abrió expediente disciplinario por hechos similares acaecidos en el curso 2004/2005 en el colegio Joaquín Peinado de Montecorto y en 2005/2006 en el centro Nuestra Señora de la Paz de Ronda. Este expediente fue resuelto el 17 de julio de 2008, acordándose declararle responsable de dos faltas de carácter grave, lo que conllevó su suspensión durante seis meses de la función docente, lo que él recurrió, hecho que propició que apenas cinco años después de estos sucesos, pese a ser interino, continuara dando clases, trabajando con niños menores de edad, y se dieran los abusos en otro colegio de Ronda.

Un juez de Ronda investigó aquellos hechos pero los archivó al no quedar acreditadas las denuncias, pero ahora la Sala malagueña tiene en cuenta esos sucesos como indicio para condenarlo. «Ello no le resta ni un ápice de trascendencia a la resolución sancionadora en vía administrativa y, conforme a la cual, el mismo fue suspendido de sus funciones durante seis meses porque la autoridad administrativa sí le consideró responsable de los hechos que se investigaron entonces, consistentes en tocar los glúteos a algunas alumnas, besarlas y bajarles los pantalones», siempre según la sentencia de la Audiencia a la que tuvo acceso este periódico.

En cuanto a este caso, ha sido considerado autor de cuatro delitos de abusos continuados y de dos ilícitos de abusos. Tendrá que indemnizar a las cuatro primeras menores en 6.000 euros (a cada una de ellas) y en 3.000 a las otras dos.

El acusado, J. L. T. L., daba clases de Educación Física, refuerzo educativo, Conocimiento del Medio y acompañamiento escolar y un curso de educación artística y lectura. Así, «guiado por un ánimo de satisfacer sus deseos sexuales, se aprovechó de la autoridad que ostentaba sobre el alumnado», sometiendo a seis niñas de escasa edad a tocamientos lascivos, besos y manoseos de diversa consideración que no se describen con más detalle por la dureza de los hechos. Las menores tenían entre ocho y once años.

A algunas de ellas, incluso, les dijo que no dijeran nada a nadie, ni al director. En cuatro de los casos, los abusos se prolongaron desde septiembre de 2011 y febrero de 2012. En dos de los casos, los abusos fueron puntuales, generalmente en las clases de refuerzo escolar o de Educación Física. «La vergüenza y el miedo llevaron a las menores a ocultar estos hechos al ser ejecutados por su profesor», precisa la Sección Novena, cuyos magistrados, de otra forma, no creen que las niñas sufrieran secuelas psíquicas de entidad.

Todas las pequeñas corroboraron en el juicio las acusaciones. El docente, por su parte, señaló que «fue todo una invención de algunas madres instigadas por su exesposa que quería desprestigiarle y de algunos padres que conocían que, años atrás, le habían abierto un expediente disciplinario por hechos similares, noticia que, según sostiene, tuvo amplia repercusión mediática, versión que en modo alguno ha quedado acreditada en el plenario».

La Sala atribuye «valor probatorio de cargo suficiente y credibilidad preeminente a los testimonios ofrecidos por las víctimas, en los que no se atisba la existencia de móvil espurio alguno». Sus palabras fueron espontáneas, libres, naturales y sencillas y avalaron lo dicho en instrucción.

El acusado, una vez salga de la cárcel, es sentenciado a seguir en libertad vigilada y será obligado a someterse a programas de reeducación sexual.

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