JOAQUÍN MARÍN D. MÁLAGA
El presidente del Gobierno y candidato del PSOE a la reelección, José Luis Rodríguez Zapatero, recibió la fatídica noticia del atentado mortal de ETA segundos después de finalizar su intervención en un mitin celebrado en Málaga. Todavía con la sonrisa producida por el ambiente favorable, Zapatero se dirigió a los jóvenes militantes sentados detrás de la tribuna para repartir besos y abrazos. Lo lógico en la campaña. Todavía no sabía que ETA había reventado la normalidad democrática. En seguida se acercó el presidente de la Junta, Manuel Chaves. "José Luis, vámonos rápido que han tiroteado a un concejal del PSOE". Su semblante cambió radicalmente de la risa al abatimiento. Se cumplió la amenaza.
Un miembro de la comisión ejecutiva federal del PSOE sostenía un papel en el que estaba escrito lo siguiente: "Concejal PSOE tiroteado en Mondragón". Este papel fue a manos de Chaves mientras escuchaba las últimas palabras de Zapatero en el atril. Prefirió esperar a que acabara para no dramatizar aún más la situación. Le dejó terminar su discurso y, en cuanto pudo, le comunicó la fatal noticia. La dirección del PSOE y el Gobierno temían un atentado de ETA en los últimos días de la campaña e incluso se había abortado algunos intentos, según reveló ayer en la radio el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Al final, la banda asesina logró su objetivo.
Desde que Chaves le comunicó a Zapatero el tiroteo hasta que el presidente salió del pabellón donde se celebró el mitin apenas pasó un minuto. Otra vez una vida arruinada, una campaña electoral violada y la democracia herida.