Crisis de Gobierno.
l.o. Madrid
Las cacerías que llevó a cabo el ya ex ministro de Justicia Mariano Fernández Bermejo con el juez de la Audiencia Baltasar Garzón, para la que no tenía licencia, y la realizada en la finca de titularidad pública Quintos de Mora (Toledo) han precipitado su dimisión, después de haber tenido que afrontar también la primera huelga de jueces de la historia de la democracia.
Su coincidencia en una cacería en Jaén con Baltasar Garzón, justo cuando el magistrado había iniciado la ´operación Gürtel´ -la presunta trama de corrupción que contrataba con administraciones gobernadas con el PP-, se supo a los tres días de producirse.
Este hecho fue calificado por el líder del PP, Mariano Rajoy, como una muestra de la degeneración democrática del Gobierno y un "acto obsceno" y sirvió a los populares para iniciar un ataque coordinado contra Bermejo.
Posteriormente, se conoció además que el titular de Justicia no tenía licencia para cazar en Andalucía, lo que ha sido determinante para que el jefe del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, aceptase su dimisión.
En el Ejecutivo, según fuentes consultadas por Efe, "no gustó nada" que Bermejo coincidiera en una montería con Garzón, pero en principio no había predisposición a que abandonase su responsabilidad al frente de este departamento por este motivo.
Detonante. Lo que decantó la balanza hacia esa posibilidad fue que no tuviese la licencia de caza para desarrollar su actividad cinegética en Andalucía, algo que en el Gobierno se considera "muy grave" y, máxime, tratándose del máximo responsable de la Justicia.
En el PSOE también hubo muchas voces que alertaron del coste que podría ocasionar mantener al ministro, y entre los dirigentes del partido, José Bono y Patxi López habían expresado en las últimas horas que a ningún socialista le gustaba que Bermejo hubiese participase en esa cacería.
Aunque en el Gabinete de Zapatero se elogia que Bermejo comentase públicamente que cometió un error, que le costó la apertura de un expediente por parte de la Junta de Andalucía, se reconoce que este fue el detonante para aceptar la dimisión.
Fue ostensible el malestar con lo sucedido de la vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega, durante la conferencia de prensa que ofreció el pasado viernes al término de la reunión del Consejo de Ministros. Cuando se le preguntó si el ministro había presentado su dimisión, se limitó a señalar que Bermejo ya había dicho públicamente lo que tenía que decir y ella igual.
Sobre la dimisión han hablado en varias ocasiones en los últimos días Zapatero y Bermejo, pero no fue hasta la reunión de ayer en el Palacio de la Moncloa cuando el presidente del Gobierno la aceptó formalmente. Sin embargo, Zapatero ya tenía decidido el fin de semana el relevo y el nombre del nuevo ministro de Justicia, Francisco Caamaño.
Lo que sí se asegura desde Moncloa es que la huelga de jueces de la pasada semana no ha tenido nada que ver en la decisión final de aceptar la dimisión de un ministro que no sólo ha tenido como enemigos durante sus años de mandato a los partidos de la oposición, sino a casi todo el sector judicial.