la opinión. Bilbao
"Para nosotros mi hermano es un héroe y no una víctima, y como tal ha muerto; es un gudari nagusia (gran soldado)". Con estas palabras resumía ayer Josu Puelles, hermano Eduardo Puelles, el inspector del Cuerpo Nacional de Policía asesinado el viernes por ETA, el sentimiento de la familia en las horas previas al sepelio del que se ha convertido en la primera víctima de la banda terrorista en el año 2009.
Josu Puelles participó en la concentración de repulsa celebrada en Arrigorriaga, lugar del atentado y donde vivía el policía asesinado. Al término de la misma, el hermano de la víctima declaró que en la familia "estamos muy orgullosos de mi hermano; gracias a su labor, que antepuso muchas veces a su propia familia, detuvo a terroristas que nos intentan imponer con las armas sus ideas". El hermano extendió este orgullo "al trabajo de sus compañeros; reiteramos que ha sido un gran profesional y estamos orgullosos de su trabajo y su esfuerzo". Para su familia, Eduardo Puelles no debe ser considerado como una víctima de la barbarie terrorista. "No es una víctima del terrorismo, no es una víctima más, es un héroe de la lucha por las libertades de este país", concluyó Josu Puelles antes de participar en el funeral por su hermano, que fue oficiado en una abarrotada iglesia de San José por el obispo de Bilbao, Ricardo Blázquez, quien pidió a los presentes "un no rotundo e inequívoco al terrorismo, con la cabeza y el corazón, en la conciencia y en la calle".
Fin de ETA. Durante la homilía, el obispo pidió a la sociedad "que continúe con paso firme en el camino que conduzca a la desaparición de ETA, que tanto daño nos ha causado. Apoyamos a las autoridades en el recorrido, siempre difícil y a veces muy doloroso, hasta alcanzar una convivencia libre y segura para todos".
La ceremonia contó, entre otras muchas autoridades, con la presencia de los Príncipes de Asturias y de la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega, que acompañaron a la viuda y los dos hijos de Puelles, a quienes el prelado manifestó su condolencia "y la solidaridad de todos, porque no estáis solos".
La emoción contenida presidió el funeral, en el que los abrazos de condolencia unieron a la familia y los cientos de presentes en la iglesia. Antes de que partieran, los Príncipes despidieron, con abrazos emocionados, a la viuda del agente, sus dos hijos, su madre y demás familiares de la víctima, aplaudidos por centenares de personas que esperaban en el exterior de la iglesia.
"No lograrán nada". Francisca Hernández, viuda del inspector, advirtió a sus asesinos de que "no van a conseguir nada" y de que con su marido "no van a poder, porque hay muchos como él", de los que espera que algún día "acaben con ellos, pero de raíz".
"A mí me han hecho daño, pero les va a costar mucho poder conmigo, con mi familia, con los hermanos, con su madre y con toda la gente que le quiere. A mí, ni a mis hijos, no me van a ver llorar, lloraré en casa, pero aquí no, no les voy a dar ese gusto", subrayó.
"¿Por qué no hablan? ¿Por qué se esconden?", inquirió Hernández a la banda terrorista en sus primeras declaraciones. "Yo voy de cara, ¿por qué se permiten el lujo de matar así a escondidas?", prosiguió Francisca, después de insistir en que lo único que saben hacer los terroristas "es matar, matar y matar, un negocio del que además sacan dinero, extorsionando a la gente". "ETA no defiende la libertad de nadie, todo lo contrario, la corta y no quiere más que dinero y lucrarse de sus asesinatos", continuó Hernández, que se mostró "muy orgullosa" del trabajo que realizó su marido.
Desde el Gobierno, el ministro de Fomento, José Blanco, reiteró que el único destino de ETA "es que entregue las armas definitivamente". El ministro condenó la barbarie terrorista de ETA en nombre del Gobierno de España y ratificó el compromiso de unidad de las fuerzas democráticas y de trabajo de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, "que acabarán derrotando a la banda".