EFE
El presidente del PP, Mariano Rajoy, reclamó ayer un partido "unido y limpio" para liderar y ser "un instrumento útil" a la sociedad, así como para devolver a los ciudadanos "la confianza" en los políticos, y, por ello, presentará en una semana su esperada propuesta de pacto contra la corrupción.
Durante el discurso de clausura de la Convención que los populares celebraron estos días en Barcelona, Rajoy apenas se refirió a la situación de su partido tras los recientes conflictos internos, salvo esa mención a la necesidad y a la "exigencia" de que el PP sea un partido "unido y limpio".
Ante todos los barones territoriales de la formación, excepto Esperanza Aguirre y Francisco Camps, precisamente los protagonistas de las últimas polémicas en el seno del partido, Rajoy puso énfasis en situar al PP como referencia de lo que para él es "inexcusable" y "ejemplar" en política: "la exigencia moral" de "limpieza en la vida pública". "Traicionar eso supone traicionar la confianza que han depositado los ciudadanos en nosotros y la confianza de los propios compañeros, a los que se les hace mucho daño", añadió.
Mensaje de esperanza. El presidente del PP quiso que la Convención de su partido se cerrara con un mensaje de esperanza en tiempos de crisis. Si el Gobierno ofrece "parálisis, improvisaciones o frivolidades permanentes", el Partido Popular, en opinión de Rajoy, enseña ilusión por "despejar la niebla de desesperanza" que cunde en la población.
Añadió, en este contexto, que tanto él como su equipo están en condiciones de gobernar "ahora mismo" y de situar al país en "la senda del crecimiento y la prosperidad". "El nuestro no es un proyecto para unos entusiastas, sino que aspira a representar al más amplio conjunto de las clases medias y trabajadoras", apostilló.
Igualmente enumeró los valores sobre los que apoyará su modelo si llega al poder: supremacía de la persona, derecho a la vida, la familia, España como nación de ciudadanos libres e iguales, elección libre de la educación de los hijos, respeto a las reglas del juego, austeridad y responsabilidad.
El presidente del PP aprovechó su estancia en Barcelona para realizar una apelación al campo político en Cataluña, convertida en "un cementerio de promesas incumplidas" por culpa, según él, de José Luis Rodríguez Zapatero.