Tragedia ferroviaria

La vuelta a la vida de los supervivientes del Alvia

La tragedia del tren que tenía como destino Santiago ha cambiado a las 147 personas heridas en la curva de Angrois

06.10.2013 | 01:28
Imagen del tren siniestrado en la curva de Angrois poco después de que se produjera el fatal accidente.
Imagen del tren siniestrado en la curva de Angrois poco después de que se produjera el fatal accidente.
El dolor de una madre tras una tragedia evitable

El dolor que supone intentar hacerte a la idea de que nunca más podrás abrazar a tu hija es inimaginable. Sólo pueden comprenderlo de verdad aquellas personas que están pasando por lo mismo. No me considero una persona negativa ni con tendencia depresiva. Suelo estar serena y tranquila. Sin embargo a los pocos días del accidente, de repente, tuve un ataque de ansiedad. Nunca me había ocurrido y puedo decir que, aunque era consciente de lo que me estaba pasando, la sensación de no poder respirar es terrible. Estoy recurriendo a todo aquello que creo que me puede ayudar. Intento reforzar mi interior para poder hacer frente a lo que me espera: echarla de menos el resto de mi vida. La mayor fuerza me la dan mis hijos y doy gracias por tenerlos a mi lado. Ellos nos hacen sonreír a su padre y a mí y nos dan a cada momento una lección impagable de cómo vivir la adversidad. Son unos maestros.
No obstante debo decir que mi hija no estaba enferma, ni tuvo un desgraciado accidente inevitable. Mi hija y otros 78 seres humanos murieron porque quien podía haberlo evitado no lo hizo. No se trata de la necesidad de buscar culpables, sino de un hecho. En este caso existían medios para evitar que el factor humano pudiese provocar tantas muertes. Que no estuvieran operativos es imperdonable. Demuestra una vez más que hace demasiados años (yo diría siglos) que el último bien que busca quien gobierna nuestras vidas es el común. Supongo que para ellos supone un alivio que el conductor cometiese ese terrible error, pero ¿y si hubiese sufrido un desvanecimiento? ¿Realmente valoran tan poco nuestras vidas? Creo que la vorágine materialista que estamos viviendo no forma parte de nuestra naturaleza, sólo causa sufrimiento e infelicidad crónica. Cada uno de nosotros debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo.

*Carta de Susana Garrido, la madre de Carolina Besada Garrido, joven fallecida en el accidente

Las heridas de una tragedia como la del tren Alvia que el pasado 24 de julio descarriló en Angrois no son fáciles de restañar. Ángel acude todos los días a rehabilitación y está deseando dejar cuanto antes la silla de ruedas y poder atender la administración de lotería que regenta en A Coruña. Adrián empieza a salir de casa a dar algunos paseos con su padre en Cee y su ilusión es volver pronto a sus estudios de la ESO. Lidia superó dos neumotórax pero sigue con una pierna escayolada en su casa de Barallobre (Fene); pasará mucho tiempo hasta que se reincorpore a su trabajo en el Banco Pastor o pueda cantar en su grupo de cantareiras. Son tres de los 147 heridos en el accidente ferroviario de Santiago que se recuperan en Galicia, donde también lo hace Teresa, una psicóloga que necesita ahora la atención de sus colegas.

Si se sumara el número de sus costillas rotas la cifra sería abrumadora. «Rompí la cadera en dos partes; tengo ocho costillas rotas, seis de un lado y dos de otro; tengo cuatro lumbares rotas… pero eso se arregla solo. El problema no son los huesos; lo más duro es la parte psicológica». Así se expresa Ángel Torres, un lotero coruñés que sigue necesitando la silla de ruedas para desplazarse.

Ángel está recibiendo atención psicológica. «Hay muchas cosas que son todavía muy difíciles para mí: desde entrar en un ascensor a ir en un coche; todo lo que supere los 10 kilómetros por hora me da pánico», comenta este lotero coruñés. De todas formas, no pierde el sentido positivo de la vida. Y es que Ángel Torres tiene muchos motivos para seguir peleando, entre ellos su mujer Eva y sus tres hijos: Ángel (15 años), Covadonga (13) y Manuel (11), «que no han podido disfrutar de vacaciones». Su mujer y su hijo mayor son los que le ayudan en los desplazamientos para acudir casi a diario a las sesiones de rehabilitación. «Lo mejor es el optimismo, el tener tres hijos que te empujan y una mujer maravillosa que te va centrando», comenta.

Desde hace un año regenta una administración de lotería, actividad que comparte con una consultoría que tiene en Madrid. Dice que tras el accidente le están pidiendo décimos de Navidad desde diversos lugares de España: Sevilla, Canarias, Cataluña, Bilbao. «Estamos vendiendo muchísimo más de lo que podría imaginar; a Canarias, por ejemplo, hemos mandado 6.000 euros de lotería».

Mientras no pueda hacer una vida normal intenta aprovechar el tiempo, «pero el dolor no te deja leer, ni ver la tele… te harta todo». «Lo que intentas es pasear en la silla, que tu familia se mueva un poco contigo. Pero a las 19.30 de la tarde ya estoy en la horizontal, porque no doy más», dice.

En la localidad coruñesa de Cee se recupera de las lesiones el joven Adrián Mejuto, de 13 años. Aunque reside en Collado Villalba (Madrid), se encuentra en la casa paterna porque reúne mejores condiciones de movilidad. En opinión de su padre, Vinicio Mejuto, Adrián lo está llevando bien. «No creo que necesite atención psicológica; está pasándolo un poco mal porque hasta ahora apenas se podía mover, pero de cabeza está muy bien», añade.

Adrián sufrió diversas fracturas –costillas, clavícula, cúbito y radio, tibia–, por lo que hasta ahora ha permanecido inmovilizado. En los últimos días ya puede pisar y ha salido a dar algún paseo fuera de la casa y su padre espera que la próxima semana le quiten ya las escayolas para poder empezar la rehabilitación. Vinicio añade que su hijo espera incorporarse pronto al curso escolar en Collado Villalba –hará segundo de la ESO–, donde sus compañeros le están preparando una fiesta de bienvenida. Mientras tanto, se entretiene con el ordenador, viendo la tele o dando un pequeño paseo con su padre.

Lidia Sanmartín, de 31 años, se recupera en Barallobre (Fene) de las múltiples lesiones que sufrió en el accidente. «Ahora mismo tengo una pierna rota. En el accidente tuve un politraumatismo, con dos neumotórax, uno en cada pulmón, que era lo más delicado; rompí seis costillas que están soldando. Una de las costillas me perforó el pulmón derecho, que fue lo peor de las primeras 48 horas por el peligro que suponía. Además me fracturé la tibia y el peroné por tres sitios distintos, una fractura abierta con el hueso al aire y pérdida de parte de la tibia y del músculo; me fracturé la meseta tibial y el tobillo».

Gestora de empresas en el Banco Popular en Madrid, a Lidia le han dicho que en tres meses no podrá apoyar la pierna en el suelo. «La baja laboral va a ser larga; me dicen que como mínimo serán entre diez meses y un año. Ahora mismo necesito ayuda para todo. No me puedo levantar sola, no puedo hacer nada… necesito a una persona conmigo las 24 horas del día; no me puedo levantar, no me puedo vestir…», explica.

Lidia residía en Madrid desde hace algo más de cinco años por motivos laborales. Cuando entró a trabajar en Banco Pastor la destinaron a la capital. «Por eso venía mucho en tren los fines de semana, por ver a la familia», asegura. Ahora se recupera en casa de sus padres, y es su madre la que está siempre con ella.

Lidia echa de menos no poder practicar sus aficiones. «Mi mayor afición es la música: tocar la gaita, las ‘cantareiras’ y el baile gallego… y ahora no puedo hacer ninguna de esas tres cosas», lamenta.

Asociación de víctimas

«El cambio no es total, pero esta tragedia no ha dejado indiferente a ninguno de los que viajábamos en el tren. Fue una situación en la que se pasaba de la vida a la muerte en cuestión de segundos». El sevillano Cristóbal González Rabadán, militar en la reserva, fue el impulsor de la primera asociación de víctimas del accidente. «Surgió en el propio hospital La Rosaleda, donde estuve ingresado. Al cabo de cuatro o cinco días, cuando ya nos pudimos mover, nos fuimos conociendo algunos de los heridos y afectados, y así surgió la idea de organizarnos, por la experiencia que teníamos de otras tragedias ocurridas en España. Ante la magnitud de esta tragedia una persona sola no puede hacer nada». En unos días Cristóbal estará en Galicia en una serie de eventos para recaudar fondos para la asociación, pues carecen de financiación interna.

El accidente del Alvia ha cambiado muchas cosas en Cristóbal. «Los golpes eran tan brutales que llegué a desear que me llegase el último y me matase para no sufrir más. El estar tan cerca de la muerte te cambia muchos valores, hay un antes y un después. Personalmente me encuentro como en el medio, en un período de transición, de desorientación, de confusión…» En cuanto a su vida diaria, reconoce que antes tenía una vida muy fácil y muy feliz. «Intentaré reanudarla; puede que no sea igual, pero incluso podría ser mejor porque ves las cosas de otra manera», dice.

Casado y con dos hijos, de 23 y 26 años, el apoyo de la familia y de los amigos es fundamental en su recuperación. «Te das cuenta de que hay que vivir la vida con más armonía, con más respeto, con más cariño».

Cristóbal se dedica a la docencia personalizada en cuestiones relacionadas con la economía y es un gran deportista, hasta el punto de competir en triatlón.

Óscar Mateos es un guardia civil en excedencia que viajaba en el tren junto con Cristóbal González y que tuvo también un protagonismo especial en la evacuación de los heridos tras el accidente. Óscar había conocido a Cristóbal poco antes, cuando ambos se encontraron cerca de Plasencia mientras hacían en bicicleta el Camino de Santiago.

En el accidente del Alvia Mateos sufrió cortes de cristales, pero nada grave, por lo que colaboró en las tareas de rescate. En su caso, las secuelas no son tanto las heridas físicas como las psicológicas. «Los cortes curan antes o después, pero el recuerdo del accidente y cómo quedaron muchos compañeros del vagón es algo que te marca para siempre psicológicamente», apunta. «No estoy de baja. Creo que la rutina y el trabajo es lo que me ayuda a pasar página… Lo que quiero es trabajar y seguir con la rutina de antes. Soy profesor de FP en el Instituto de Coria (Cáceres) y ya me he incorporado para el curso», comenta Óscar, que tiene dos niñas que son su ilusión, Andrea (10 años) y Alba (6).

«Cada uno es distinto, pero a mí, desde el punto de vista psicológico, me ayuda volver a la normalidad de lo que hacía antes, aunque también me ayuda el contarlo a los amigos, exteriorizar mis sentimientos», reconoce.

La trabajadora social Rosana Martín, de 34 años, va superando en Toledo poco a poco las lesiones sufridas en el accidente. Tiene siete costillas rotas que no le están soldando bien, la operaron de una luxación acromioclavicular y ya le han retirado los fijadores. De momento no se plantea su vuelta al trabajo en dos centros de salud de Toledo. «Ahora mismo mi prioridad es recuperarme. La incorporación laboral la veo lejos porque además mi trabajo es de mucha psicología, de estar con los problemas de la gente y ahora no me veo en condiciones de poder llevarlo a cabo. En estos momento mi prioridad soy yo», apunta.

Una vez que se recupere de las secuelas físicas tendrá que empezar el tratamiento psicológico. «De momento no he empezado ningún proceso, aunque creo que será necesario». Mientras se recupera aprovecha el tiempo «para leer mucho y estar sola». «Estoy en un período de reflexión porque el accidente supuso un antes y un después en mi vida».

Añade Rosana que tampoco lo quiere olvidar «porque ha formado parte» de su vida y «lo va a seguir formando». «No me quiero engañar; lo he vivido y tengo que aprender a vivir con ello. Tengo 34 años y por suerte una vida por delante que otras personas que viajaban en el tren ya no tienen», concluye.

Ángel Torres. Lotero (A Coruña)
"El problema no son los huesos, sino el aspecto psicológico. Entrar en un ascensor o ir en coche es difícil para mí. Todo lo que supere los 10 kilómetros por hora me da pánico"

Vinicio Mejuto. Padre de Adrián (Cee)
"Empieza a dar algún paseo fuera de casa y está deseando empezar el nuevo curso de segundo de la ESO que este año hará en Madrid"

Lidia Sanmartín. Empleada de banca (Fene)
"Ahora mismo necesito ayuda para todo. No me puedo levantar sola, no puedo hacer nada… necesito a una persona conmigo las 24 horas del día"

Cristóbal González. Presidente de la Asociación de Perjudicados (Sevilla)
"Los golpes eran tan brutales que llegué a desear que me llegase el último y me matase para no sufrir más. El estar tan cerca de la muerte te cambia muchos valores"

Óscar Mateos. Profesor de FP (Cáceres)
"Los cortes curan antes o después, pero el recuerdo del accidente y cómo quedaron muchos compañeros del vagón es algo que te marca para siempre psicológicamente"

Rosana Martín. Trabajadora Social (Toledo)
"Aprovecho para leer mucho y estar sola; estoy en un periodo de reflexión porque el accidente supuso un antes y un después en mi vida, pero es algo que no quiero olvidar"

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