Mnisitro de Exteriores y Cooperación

"Es urgente y capital acabar con el Daesh, cuya amenaza es planetaria"

Conmocionado por la masacre, García Margallo cree "urgente" acabar con el Estado Islámico y su "amenaza planetaria"

15.11.2015 | 12:05
El ministro de Exteriores, en una imagen antes de la entrevista.

Reclutado por Rajoy para el Congreso, admite que la corrupción ha hecho al PP y afirma que los separatistas llevarían a Cataluña a la "quiebra total" - La matanza de París sorprende al titular de Exteriores entre Alicante y Barcelona y le obliga a pasar la noche en vela.

La matanza terrorista de París va mucho más allá de un terrible ataque contra Francia. ¿Cómo la interpreta usted?
Estamos ante un salto cualitativo del terror; un antes y un después. Cuando apareció el Daesh [o Estado Islámico] ya vimos que estábamos ante un grupo diferente por tres razones: en primer lugar; no se limitan a ser una organización terrorista convencional, sino que usan el terror como arma esencial; en segundo lugar, cuentan con una preparación militar muy sofisticada, dirigida por los jefes militares del ejército de Sadam Husein y, finalmente, se sirven de las redes sociales como ninguna otra organización. Está muy claro que la masacre de París ha sido organizada desde el exterior. También llama la atención que hasta hace poco este grupo actuaba por medio de «lobos solitarios», pero ahora recurren a elementos suicidas y otros armados con elevada preparación militar. Y es igualmente destacable que su ámbito de actuación es universal. Hasta ahora, sus objetivos se centraban sobre todo en países musulmanes –Siria, Irak y Libia–, pero ahora han puesto en su punto de mira a los países occidentales y de un modo indiscriminado.

¿Y qué tipo de respuestas puede preparar Occidente frente a estos ataques indiscriminados?
Esta nueva amenaza nos obliga a una estrategia defensiva que abordaremos este lunes en el Consejo de Ministros de Bruselas y tratará el presidente Rajoy en el G-20 que se reúne en Turquía. Todos coincidimos en el diagnóstico y en que la estrategia defensiva debe ser coherente para acabar con los conflictos de origen en Libia, Siria e Irak. Es urgente, prioritario y capital acabar con el Daesh, cuya amenaza ya es planetaria.

¿Hasta qué punto la masacre de París supone una amenaza directa o inminente para España y otros países del entorno?
Nunca hemos dejado de estar preocupados y haciendo lo que teníamos que hacer a través de nuestros servicios de inteligencia, el CNI, y las Fuerzas de Seguridad, que han colaborado con nuestros aliados y hemos cosechado éxitos en esta lucha. Es obvio que nos enfrentamos a una amenaza global, en la que estamos incluidos. Como también es un hecho que el Gobierno está atento y vigilante para evitar que esta amenaza se materialice.

Ya en clave de política nacional, ¿qué salida ve al laberinto de Cataluña tras el desafío secesionista?
Éste es el desafío más grave que España ha sufrido desde que se aprobó la Constitución de la concordia. Los separatistas han planteado un desafío que consiste en la desobediencia de las leyes, la ruptura de la unidad de España y la expropiación de la mayoría de los catalanes que quieren ser, a la vez, catalanes y españoles, de su derecho a ser españoles. Y ante un desafío de este tipo, la única respuesta que puede dar un gobierno es decir que la ley se aplica, puesto que estamos en un Estado de Derecho; que la unidad de España no se va a romper y que no vamos a abandonar a su suerte a los catalanes que en este momento están sufriendo una enorme angustia.

¿Qué consecuencias inmediatas puede tener para Cataluña la actual deriva separatista?
Para Cataluña esto es una catástrofe. No se va a producir el supuesto de la secesión porque no lo permite la Constitución española, lo cual quiere decir que tampoco lo permite el ordenamiento internacional. Están prometiendo una Cataluña idílica que no existe. Esa Cataluña no estaría reconocida por Naciones Unidas –me remito a la declaración de Ban Ki-moon– y estaría fuera de la Unión Europea. Eso quiere decir, en términos prácticos, que no tendría acceso ni al Fondo Monetario Internacional, ni a las inyecciones de liquidez del Banco Central Europeo. Hoy mismo [por el pasado viernes] se ha declarado que el bono emitido por las autoridades catalanas es «bono-basura»; no hay mercado y no hay mecanismos de rescate: ni en el ámbito del sistema de Naciones Unidas –fondo–, ni en el de la Unión Europea. Todo lo cual quiere decir lisa y llanamente que es la quiebra absoluta, es decir, que la situación sería peor que en Grecia. Y la quiebra no es un concepto macroeconómico; quiere decir que no se pueden pagar los sueldos de los funcionarios, las pensiones, mantener los servicios sociales y el Estado del bienestar del que han disfrutado los catalanes hasta ahora. El Gobierno va a tener absoluta firmeza en su respuesta.

¿Cómo valora el papel político e institucional desempeñado en este contencioso por Artur Mas?
Artur Mas está en una huida hacia adelante que cada vez tiene más el aspecto de una salvación personal que de una operación política colectiva. Lo que está ofreciendo es ser un presidente «pro tempore» con fecha de caducidad y con poderes muy limitados, es decir, que Mas es una especie de Kérenski en Cataluña y así pasará a la historia. Es decir, que lo único que va a hacer es facilitar el acceso de la extrema izquierda a las instituciones. En el Ayuntamiento de Barcelona ya está Ada Colau y en estos momentos está ofreciendo dos vicepresidencias: una a Oriol Junqueras, de Esquerra Republicana de Catalunya, y otra a [Raül] Romeva, que es un ecosocialista tradicional. Y todo eso condicionado, vigilado y tutelado por la CUP [Candidatura d´Unitat Popular], que es un partido antisistema. Podemos decir que el Gobierno de Tsipras en Grecia es un modelo de estabilidad comparado con lo que quiere hacer Mas en Cataluña.

El PSOE teme que la crisis catalana puede beneficiar electoralmente a Rajoy y su partido. ¿Lo comparte?
Lo que no es admisible es que en una situación tan grave como ésta entremos en cálculos electoralistas. Nosotros haremos lo que tengamos que hacer; y no se nos ocurriría plantear si hacer eso nos supone un rédito o un perjuicio electoral. Cuando están en juego la unidad del país, los derechos y libertades de los ciudadanos –especialmente de los catalanes– y la solidaridad interna, el cálculo electoral no vale. En este momento, lo decía el exalcalde socialista de La Coruña Francisco Vázquez, cualquier disensión entre nosotros es de una extraordinaria gravedad y espero que eso no se les ocurra.

¿Es innegociable un referéndum legal para decidir el futuro de Cataluña?
Absolutamente innegociable. Si lo que pretenden es un referéndum legal en el que se incluya el derecho a la autodeterminación, que es de lo que estamos hablando, eso exigiría la modificación de la Constitución por los procedimientos establecidos en la propia Carta Magna: artículo 168 y siguientes. Eso es exactamente lo que hizo Ibarretxe cuando presentó su plan, en el que se incluía el derecho a la autodeterminación, para que el Congreso pusiese en marcha una modificación de la Constitución. No hay negociación posible; hay que modificar el marco.

Se trata de una propuesta sin precedentes en el constitucionalismo español reciente...
La única vez que se planteó, teóricamente, el derecho a la autodeterminación fue en las Cortes Constituyentes –yo fui constituyente– y lo propuso para el País Vasco el diputado Francisco Letamendia. Planteaba una enmienda a la Constitución en la que para que el País Vasco accediera a la independencia tenía que tener mayoría del censo en todos y cada uno de los territorios históricos. Eso quiere decir que en Cataluña tendría que tener la mayoría del censo, no de los votos emitidos, en cada una de las provincias, lo cual permitiría a cada provincia decidir si quiere incorporarse a esa hipotética república catalana o quedarse como está. El problema del derecho de autodeterminación es dónde termina y nosotros lo tenemos muy claro: la Constitución dice que pertenece a todo el pueblo español. Como dicen todas las constituciones del mundo, salvo Etiopía. Si no pertenece al pueblo español, ¿por qué al pueblo catalán y no al pueblo de Tarragona, de Lérida, Gerona o Barcelona? De modo que no es negociable un referéndum de secesión. Si lo que se pretende es introducir esa figura en nuestro ordenamiento jurídico, hay que modificar la Constitución por las normas y principios establecidos en la propia Carta Magna. Lo que en democracia plena aprobamos todos, en democracia plena se tendría que decidir y la soberanía pertenece al pueblo español en su conjunto y no a una parte del pueblo español.

El presidente del Constitucional ha dicho que no le corresponde a ellos identificar soluciones políticas. ¿El PP hará algún día política en Cataluña, al margen de presentar impugnaciones al alto Tribunal?
Nunca hemos dejado de hacer política en Cataluña. Ésta es la comunidad autónoma con la deuda pública más abultada en España y no ha podido pagar a sus proveedores, ni a sus farmacias. Además de cumplir con sus funciones, el Gobierno ha invertido en el fondo de liquidez automática para atender los vencimientos de la deuda; ha dado dinero para ir pagando a los proveedores porque no se puede castigar a los farmacéuticos y ha dado muchísimas ayudas para salvar a las entidades financieras catalanas. Eso es hacer política en Cataluña y no creo que a nadie se le ocurra decir que está ahora en una situación de abandono por parte del Gobierno.

"Es obvio que la corrupción ha castigado al PP. Son casos que escandalizan e irritan con razón"

¿Cómo explica la amplia renovación en las candidaturas populares para las elecciones del 20-D a la que usted se suma como veterano ilustre?
Parece una contradicción por el tiempo que yo llevo, pero creo que la política no es una profesión. Se está en ella cuando se puede aportar algo y hay que estar con la tranquilidad de que uno puede abandonarla sin que ello le altere su vida ni sus condiciones materiales. El presidente y los comités han decidido que hay que renovar el partido y que vamos a una nueva etapa.

¿Cree que esta «nueva etapa» en el PP tiene que ver con el mal resultado en las elecciones municipales y autonómicas de mayo?
No he estado nunca en la vida del partido: ni en el nacional, ni en el regional, ni en el provincial. Lo que sí he visto en las candidaturas es mucha ilusión.

¿Y cómo interpreta ese descalabro en los últimos comicios?
Esto no le ha ocurrido sólo al Partido Popular y en España. Cuando se pasa por una crisis económica como la de 2007 y uno se encuentra un país con una deuda privada de familias y empresas, no financiera, gigantesca, con un sector inmobiliario en caída libre, con una notable pérdida de competitividad. Y todo ello se traduce en caída de riqueza y empleo, un desequilibrio grande con el exterior y una pérdida de recaudación más que importante y un sector financiero que amenaza quiebra, hay que hacer unos enormes sacrificios. Y lo que es más importante: exigir sacrificios a la ciudadanía. Yo, como ministro de Exteriores, he tenido un presupuesto para Cooperación –que es la política que más me importa– que ha sido la quinta parte del que tenía mi antecesora socialista. Cuando a la gente le pides sacrificios, es obvio que la gente castiga al partido que se los pide. Hay una vieja regla, que es la maldición de Junker, por el presidente de la Comisión Europea, que dice: «Sabemos lo que tenemos que hacer; lo que no sabemos es lo que tenemos que hacer para que nos voten después de haber hecho lo que tenemos que hacer».

¿Cree que los ciudadanos castigaron en las urnas al PP por la corrupción en las últimas elecciones municipales y autonómicas?
Por supuesto. Absolutamente.

¿Y no piensa que el PP actuó tarde y mal contra las «manzanas podridas» en su seno?
No. El problema de la corrupción es que lo que no puedes es condenar sin que haya una decisión judicial. La presunción de inocencia es uno de los fundamentos del Estado de Derecho. Ha habido corrupción y hemos pedido perdón por ello. Sí destaco que no ha habido un solo Gobierno que haya sido tan firme en la lucha contra la corrupción como el del Partido Popular. Muchos de los que han sido imputados o investigados por casos de corrupción son militantes, dirigentes o altos dirigentes del PP y al Gobierno no le ha temblado el pulso cuando ha habido que exigir responsabilidades y luchar contra la corrupción. Y esos casos vienen de atrás; no conozco un caso de corrupción en el actual Ejecutivo ni en las actuales administraciones. Corrupción va a existir siempre porque está en la naturaleza humana. El problema es si se ponen los medios para reducirla a la mínima expresión, para que se detecte cuando se produzca y se castigue al que lo haya hecho. Y eso ya lo estamos haciendo. Pero es evidente que la corrupción nos ha perjudicado. Cuando a un ciudadano tú le estás pidiendo sacrificios en medio de una grave crisis, los comportamientos de este tipo escandalizan e irritan a todo el mundo. Y con muchísima razón.

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