Hasta que se rompió

Aquellos días de julio Euskadi convulsionó y miró de tú a tú a ETA

07.07.2017 | 21:17
Hasta que se rompió

Era un silencio transido de dolor, un silencio espantado, un silencio de angustia. Hasta que se rompió. Era 12 de julio de 1997, la Gran Vía de Bilbao, abarrotada. Nos contemplábamos con el horror de saberse bajo una ejecución sumaria. Y caminábamos, paso a paso. Mirábamos el suelo por no mirar un cielo azul rotundo que prometía esperanza, por no mirar a los que caminaban con nosotros en un gesto de vergüenza mutua, en un gesto de cobardía acumulada, de reproche colectivo. En silencio. En silencio. Hasta que el silencio se rompió. Desde la parte trasera de la manifestación, a la altura de Sagrado Corazón, comenzó a escucharse un murmullo que se acercaba y crecía como una ola de indignación y de rabia y de tristeza. Solo una palabra coreada por miles de voces, gritada a voz en cuello, un clamor que pretendía romper la crueldad, llegar a la sinrazón, doblegar a la muerte, una sola palabra: LIBERTAD.

Libertad para Miguel Ángel Blanco y libertad para Euskadi presa de su historia y de su relato.

Luego vinieron las horas de espera. La radio. El hallazgo de su cuerpo a las cuatro de la tarde. El diagnóstico en el hospital al que llegó con vida. La resolución fatal. El llanto colectivo. Y la rabia descorazonada.

Aquellos días de julio Euskadi convulsionó. Se enfrentó por primera vez a sus miedos, la sociedad civil miró de tú a tú a ETA, enarboló la paz frente a la socialización del dolor y algo se nos rompió dentro a todos definitivamente. A todos.

20 años después y a mil kilómetros de distancia de la Gran Vía de Bilbao no puedo evitar recordarme en aquel 12 de julio de 1997. El llanto silencioso y desgarrado, los puños cerrados, los dientes apretados y, pese a todo, pese a la muerte, al asesinato, a la ejecución sumaria, al dolor, sentir cómo se afianzaba en mí la confianza ciega e inquebrantable, la esperanza firme y rotunda, la voluntad insoslayable, la convicción profunda, el empeño irrenunciable de vivir algún día en una Euskadi en paz.

Israel Olivera es periodista y fue testigo directo de la indignación de aquellos días de julio

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